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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Piratas de la Historia arecen lejanos los días en los que piratas de diverso origen e idéntica intención surcaban los mares al abordaje de los galeones españoles. La idea romántica, explotada con diversa fortuna en el cine y la literatura, con figuras señeras como Salgari, en las letras, y Errol Flynn o Johnny Depp en sus traslados al celuloide, está muy lejos de la realidad crematística de entonces, y mucho menos de la de ahora. La empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration nos ha devuelto en estos días a las elucubraciones decimonónicas, en las que, por darle aliciente contemporáneo, los intereses económicos y la desfachatez están encendiendo ánimos, además de la avaricia universal y de todos los tiempos del ser humano. Dicha empresa afirmó que el navío hundido, del que ha recuperado 17 toneladas de monedas de oro y plata valoradas en 370 millones de euros, no se encontraba en aguas territoriales españolas y que no es el HMS Sussex, buque de bandera inglesa del siglo XVII que la compañía cree que se encuentra en el fondo del Mar de Alborán. Irónico, cuando la empresa tiene su base en Gibraltar, y cuando todavía está pendiente de que la Junta de Andalucía nombre a unos buceadores encargados de vigilar al Odyssey y permita realizar prospecciones con el fin de identificar al Sussex. El Gobierno español ha abierto una investigación para averiguar dónde encontró la empresa el botín, a qué buque pertenecía, con qué permisos contaba y si lo halló en aguas españolas, aseguró la ministra de Cultura: Cuando lo sepamos con claridad activaremos todos los acuerdos internacionales a los que podamos acogernos Carmen Calvo declaró P que no se fía de la empresa Odyssey: Tenemos una sospecha absoluta sobre su modo de trabajar. A nosotros no nos han pedido ningún permiso, así que si han operado en aguas españolas o en un barco hundido de bandera española, esas actuaciones son ilegales La compañía involucrada se niegan a identificar el pecio. Associated Press detectó la manipulación digital en las fotos que suministraban como pruebas, en las que se han borrado los relieves de las monedas del polémico tesoro rescatado Presuntamente, las intenciones del Odyssey consistían en tratar de identificar el Sussex, un barco antiguo de la armada británica, pero de momento han descartado que se trate de ese buque, sin especificar de cuál han sacado su botín. De acuerdo con la empresa: Si somos capaces de confirmar que otra entidad tiene un legítimo reclamo legal sobre este pecio cuando- -y si es posible- -se identifique su identidad, tenemos la intención de facilitar un aviso a todas las potenciales partes reclamantes. Si otra entidad es capaz de demostrar que tiene un interés de propiedad en el pecio y o su carga, que no ha sido abandonado legalmente, Odissey solicitará una compensación por recuperación. En casos similares, los recuperadores de estos pecios han recibido hasta el 90 por ciento de lo extraído Es decir: que si quieres que te cuente el cuento de la mala pipa. De momento el oro está ya en Tampa, que fuera antaño refugio de corsarios diversos, durmiendo el sueño de los tasadores, que no son exactamente los justos, y, presuntamente, con un proyecto de asociación entre Odyssey y Disney, que sabe de esto, no en vano es la productora de la archiconocida saga Piratas del caribe ante los posibles litigios judiciales y las evidentes ganancias del robo moderno. Cada día tenemos algún dato nuevo y escandaloso. El último, que la monedas son españolas, de la época del reinado de Carlos III, y que contra la Junta, un técnico del Ministerio de Asuntos Exteriores autorizó la prospección. Toda la culpa no la tienen los piratas. La falta de legislación, o la desidia por parte de los ministerios es un agujero abismal por el que se cuelan los que nos roban nuestra historia, en yacimientos sin medios de prospección ni protección, y sin acuerdos con empresas privadas para que, con su mecenazgo, nuestro patrimonio esté donde debe: en los museos. Ahora toca una de chuflas a los tratados internacionales, que ya sabemos para lo que sirven. Entretanto, nuestro patrimonio es saqueado como una rapiña más y derrota del tiempo. JESÚS GARCÍA Economía Los últimos días de Pompeya a fiesta del consumo, la orgía de subidas de precios, el diluvio de créditos baratos toca a su fin. Medio centenar de analistas estima que el próximo día 7 de junio el Banco Central Europeo presionará el torniquete para elevar el precio del dinero en otro cuartillo de punto hasta el 4 Así se lee ya en los contratos de futuros a un día, que se pagan a tipos de interés del 3,99 El euribor a un año, ese indicador mágico que usamos para ver por dónde andan nuestras hipotecas, alcanza ya el 4,42 sus niveles más altos en seis meses. El precio del dinero se ha duplicado en un año y las cuotas hipotecarias también, así que empieza a apretar el cinturón de los préstamos a las familias. Los organismos internacionales toman nota y advierten. Lo hizo la semana pasada el Fondo Monetario Internacional y ésta lo ha apuntado la Organide compra de las familias, debido a la subida de tipos de interés y el altísimo endeudamiento- -casi 600.000 millones de euros- -tapone el crecimiento del consumo y frene el tirón de la economía. Ese es el panorama que se observa para 2008. Casi seis de cada diez euros de nuestro PIB corresponde al consumo de los hogares que creció en el primer trimestre a tasas del 3,5 las más bajas desde 2004. La economía, pese a su mastodóntico déficit por cuenta corriente y pobre sector exportador, crece a un ritmo del 4,1 %i nteranual, con la construcción aún como motor y los inmigrantes empuje del crecimiento de empleo, no siempre de calidad. Los expertos coinciden en que los efectos de la ralentización se notarán en el empleo. Por cada 200.000 casas menos que se visen L zación para la Cooperación y el Desarrollo. Teme que la capacidad se pueden perder hasta 100.000 empleos, según los Promotores. El banco de inversión Morgan Stanley vaticina una caída del precio de las viviendas del 5 en 2008 y un descenso de la demanda hasta las 350.000 viviendas anuales, desde las 760.000 actuales, con un recorte en la construcción residencial de hasta el 70 en dos años. La bola de nieve engorda por que con unas menores ventas, a plazos más largos, se acumula el número de viviendas visadas, así que puede llegar un momento en que las promotoras no resistan el coste del crédito. Algunas empresas en bolsa ya están en fase de rescate. Bancos y cajas de ahorro empiezan a anotar en sus memorias incrementos de hasta el 50 en su morosidad, aunque parten de tasas muy bajas. La exposición de bancos y cajas al crédito hipotecario- destaca la agencia de rating DRBS- ha pasado del 6 en el año 2000 hasta el 17 a finales de 2006. Las familias destinan a la casa ya el 43 de la renta, un porcentaje que contrasta con el 35 de 2004. Dice Standard and Poors que en España alrededor del 3 de los 950.000 millones que hay en créditos puede ser considerado subprime, basura. Otros tantos son créditos hipotecarios usados realmente para consumo: pago de viajes, vacaciones o electrodomésticos. En las grandes ciudades se tarda ya hasta seis y siete meses para vender un piso e incluso en la gama más alta de inversiones los plazos de las compraventas han pasado de dos a cuatro meses, según un consejero de una inmobiliaria cotizada. La inversión extranjera lleva cuatro años reduciendo su exposición en el mercado de la vivienda español y ha saltado por los aires la fiebre de valoraciones bursátiles, con el efecto Astroc que ha mostrado hasta qué punto el apalancamiento puede llevar por la calle de la amargura a una empresa. Un estudio de Citigroup dice que después de la corrección de Astroc y de los mercados, los multimillonarios españoles que habían invertido en el sector constructor y el inmobiliario acumulan unas pérdidas en el mercado de 6.500 millones de euros. Los excesos se pagan, aunque los expertos están echándole un capote al sector para que la burbuja no explote. Mientras tanto tres de cuatro promotores perciben el sector inmobiliario como uno de los más corruptos de la economía. Esto en plenas elecciones. Aquella ciudad confiada y alegre por el efecto riqueza, con su fiesta del consumo y su euforia bursátil, sus intrigas y sus odios puede estar a punto de ser sepultada por el Vesubio como en los últimos días de Pompeya.