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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE rencia entre los privilegios de los que gozan quienes pagan más y la sufrida clase turista apenas se vislumbran salvo en el precio y en el- -dudoso- -zumo de naranja. Lo explica Alberto Seoane, un avezado piloto de Iberia: El negocio de transportar pasajeros en compañías baratas low cost consiste en llevar gente de un centro comercial a otro, que es en lo que se han convertido los aeropuertos. Las plazas de avión las subvencionan los que gestionan los espacios de las tiendas en las terminales. A ese mercado de los mochileros se han acabado entregando el resto de las compañías, porque la gente lo que quiere es volar barato. Como consecuencia, el servicio se ha degradado por completo. Volar ha perdido todo el glamour que tenía No es de extrañar que el chándal y las za- patillas sean el uniforme de muchos aeronautas de ahora. Ya he perdido el miedo al avión. Ahora me horroriza el aeropuerto así remataba el humorista Antonio Mingote una irónica tercera en agosto de 1997, recién estrenado el nuevo Barajas, un aeropuerto de diseño, sujeto a las normas inflexibles de la originalidad y la belleza. Y el diseño exige sin duda estas inútiles inmensidades, alarde de los arquitectos, lucimiento de los soldadadores, fantasía de los vidrieros, fantochada de los decoradores, provecho de los laminadores y desesperación del viajero que nunca con la claridad de ahora ha entendido la utilidad de unos patines No sospechaba Mingote que en menos de diez años el nuevo Barajas se quedaría obsoleto y una apabullante T- 4 dejaría cha- Dice Mingote: El diseño exige estas inútiles inmensidades... desesperación del viajero que nunca con la claridad de ahora ha entendido la utilidad de unos patines El negocio de transportar pasajeros en compañías baratas consiste en llevar gente de un centro comercial a otro, que es en lo que se han convertido los aeropuertos tos aquellos pasillos, escaleras, techos y mármoles. Dejémosle al escritor e incansable viajero Eduardo Jordá que le ponga las banderillas al nuevo cénit de los ingenios: Viendo en un telediario los altos lucernarios con cubierta rematada en bambú y los miles de paneles de cristal que adornan la nueva terminal del aeropuerto de Barajas, me pongo la boina de cateto y la colilla (clandestina) en los labios, y pregunto como hizo Josep Pla cuando vio por primera vez los rascacielos iluminados de Manhattan: Pero ¿quién paga todo esto? El edificio es inhumano, frío, monstruoso y laberíntico, y nos hace sentir insignificantes, así que debemos suponer que ese edificio es hermoso (según los cánones del arte contemporáneo, sólo es hermoso aquello que nos convence de que somos feos e insignificantes) De auténticas horcas caudinas califica una porfiada viajera las medidas implantadas en casi todos los aeropuertos del orbe tras el 11- S y las maldades de un pasajero provisto con zapato- bomba y otro con un explosivo líquido. Hay que ver el espectáculo de cómo nos hemos convertido todos en sospechosos, y al mismo tiempo inocentes, que debemos ser muy protegidos. Las filas en el aeropuerto de gente quitándose el cinturón... Eso no lo hacen porque tú seas culpable, sino porque eres inocente, eres inocente y culpable al mismo tiempo comentaba recientemente el también escritor Justo Navarro. Como todo hijo de vecino, V nuestra viajera, tuvo que despojarse de todo: pendientes, chaqueta, cinturón... Pero el arco de metales seguía pitando. Y siguió pitando tras el cacheo. Pese a que un guardia jurado le dio paso franco a la crema de manos que portaba, un guardia civil impuso su nones. Puesta contra la pared junto a un negro, otro sospechoso el agente le echó un rapapolvo a cuenta de las nuevas directrices sobre líquidos a lo que ella replicó si podía confiar en su celo para que su coche no quedara hecho cisco por un bombazo de ETA en el aparcamiento. El número, rojo de ira, le instó a tirar la crema o no volar. Cuando trató de recuperar sus pertenencias, vio que faltaba la chaqueta. El agente desapareció para volver con la prenda en un guruño, que sólo dejó caer cuando los corderos que guardaban cola así se lo instaron. Entonces la dejó caer ante ella, inservible. Un abuso de poder que nada tiene que ver con la seguridad porfía V De una encuesta no científica a pie de obra, bajo el palio de la T- 4, se deduce que la gente acepta los cacheos y escrutinios estrictos como algo necesario y también las nuevas estrecheces de los vuelos a cambio de tarifas más bajas. El chaleco y el gorro islámicos, además de una barba con vetas de gena, hacen que el paquistaní Atiq, de 35 años, no pase inadvertido. Empresario con negocios en Málaga, se queja en un español suave y elocuente de que pudiendo comprar los billetes on- line luego sea todo tan lento en la ultramoderna T- 4. No le molestan los registros: Sería mucho más molesto que estallara una bomba a bordo Soporta con buen humor que le miren con desconfianza: Hasta que no hablan con nosotros no se dan cuenta de que no tienen razón para sus prejuicios. Los musulmanes somos gente de paz aunque admite que quienes matan en nombre de su Dios les han hecho la pascua. El peruano Richard Parra acaba de llegar de Nueva York. Con la fatiga de la noche atlántica y el extravío de su maleta, dice que sólo viaja en avión cuando se debe pero no le gusta porque el ruido le impide dormir. Es evidente que a los pasajeros se nos trata como a ganado y la comida es mala por definición. Es incómodo, pero es lo que hay Al matrimonio formado por el ingeniero estadounidense Robert Schemmel, de 58 años, y la peruana Guadalupe, de 51, les gusta la T- 4, pero en los mostradores, te riñen No soportan el mal genio de los españoles. Parece como si todos estuvieran enojados Residentes en California, lamentan que el trato en los aviones haya ido a peor. Como las azafatas. Antes estaban lindas y arregladas. Ahora están como amargadas, aviejadas. Claro que los viajeros están peor educados. Hay más gente con dinero y peor educación. La experiencia de viajar en avión ya no es tan excitante. La comida es mala, los asientos son estrechos y con tanta gente molesta es lógico que la atmósfera del vuelo también lo sea. Pero lo que pasa es que las compañías quieren ganar más y gastar menos. Hace 15 o 20 años se viajaba en turista como ahora en primera clase. Eso se acabó Más dinero, peor educación