Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
20 5 07 EN PORTADA España Las ciudades donde mejor se vive o se debe presumir de calidad de vida si no se puede ir andando al trabajo. O si no se tiene al menos una vaga idea de la historia personal de toda esa gente con la que nos cruzamos al ir y venir a nuestros asuntos. O si al final de la tarde no queda tiempo para la partida de cartas... o un chocolate con bollos y sin prisas. En estos tiempos de estruendo electoral, hemos ido a la esencia. Más allá de la política, la calidad de vida municipal está en esas pequeñas capitales de provincia donde se vive con una saludable lentitud, a salvo de las ambiciones de las grandes ciudades, donde aún hay tiempo para leer novelas decimonónicas y pasear sin motivo. La selección de las seis capitales de España con mayor calidad de vida es una tarea imposible. Ni el número de industrias ni la cantidad de automóviles han sido un criterio para su elección. Pero sí hemos tenido en cuenta su nivel N de renta y empleo. De ahí que se puedan echar en falta muchas hermosas y felices ciudades a las que, sin embargo, les falta ese punto de aburguesamiento que caracteriza nuestra elección. Han sido descartadas todas las grandes urbes. Y se han tenido muy en cuenta criterios como el medio ambiente, la limpieza, la educación, tradición y patrimonio cultural y unas aceptables comunicaciones. No todas las ciudades seleccionadas tienen una puntuación óptima en cada uno de los criterios mencionados, alguna incluso puede flaquear ligeramente en algún punto, pero, en su conjunto, en cada una de ellas hay una equilibrada proporción de todos ellos: son limpias, lentas, líricas y con un buen pasar. En cada una de ellas se dan las circunstancias apropiadas para releer Madame Bovary junto a una taza de chocolate o un copazo de chinchón... o ambas cosas a la vez. Tampoco están todas las que son. Si echa en falta alguna capital en particular, seguro que tiene razón. Sólo hemos querido reseñar las virtudes de algunas ciudades que pueden ser envidia del mundo, y que guardan esas esencias de calidad que también la política debe preservar. En algún caso se ha intentado también llamar la atención sobre capitales que pasaban casi inadvertidas, pero que guardan en su interior la sorpresa de una ciudad a la medida del hombre. Las ciudades con calidad de vida son como las buenas novelas decimonónicas, como La Regenta o Rojo y negro personajes inimaginables en una gran urbe. Y al igual que esas novelas, nuestras ciudades corren también el peligro de desaparecer arrastradas por el vértigo de un desarrollo incontrolado. Sería una trágica pérdida. No se trata de entonar cánticos decimonónicos. Pero, ¿de qué nos serviría una ciudad que no invite a leer una novela entre calles lentas y vetustas? Un pisito en esta agradable ciudad puede valer dos, tres o cuatro veces menos que otro similar en la cercana Barcelona Esa atractiva vecina de ocultas cualidades RAQUEL G. REDONDO LÉRIDA n Lérida, la ciudad que vio nacer a Enrique Granados, las cigüeñas que el compositor veía anidar en la catedral de la Seu Vella, o el húmedo olor de la neblina que tantos días abraza melancólicamente la ciudad como una segunda piel, pueden se- E guir viviéndose 140 años después. Hoy Lérida- -o Lleida- -ofrece a sus ciudadanos una calidad de vida sin parangón, con el justo equilibrio entre su dimensión de pequeña capital- -poco más de 150.000 habitantes- y el ambiente de patio de vencindad que se vive en sus históricas calles; saber quién vive en la puerta de enfren- te, llegar al trabajo sin atascos o a pie, pasear por el campo en un abrir y cerrar de ojos... son lujos que las grandes urbes han perdido. Quienes en estos días compren un pisito en Lérida- -pongamos uno con vistas al río Segre, por ejemplo- -pagarán unos 1.360 euros por metro cuadrado. Compárese con la vecina Barcelona donde se pagan 2.654 euros de media y hasta 6.000 en muchos casos. 150 kilómetros y un trayecto de hora y tres cuartos en coche separan estos precios. Es la diferencia tam-