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13 5 07 VIAJES Entre flores Tras los pasos de Carlos Linneo TEXTO Y FOTOS: FRANCISCO LÓPEZ- SEIVANE La localidad sueca de Uppsala y la holandesa de Leiden mantienen viva la memoria (y la pasión por las plantas) de Linneo, el sabio y botánico que les inculcó su amor al orden de la naturaleza Linneo fue el primero en estudiar la sexualidad de las plantas EDVARD KOINBERG as agudas torres góticas de la catedral de Uppsala se proyectan orgullosas hacia un cielo esplendorosamente azul en estos días de primavera, como queriendo reafirmar su supremacía sobre cualquier otra iglesia cristiana de Escandinavia. Es la catedral más grande y majestuosa del norte de Europa, un templo magnífico que se eleva ciento ochenta metros sobre el verde triunfal de sus alrededores, dominando toda la ciudad. No parece un mal lugar para albergar los restos mortales del más afamado científico y viajero sueco de todos los tiempos: Karl von Linné o, más sencillamente, Carlos Linneo. En Uppsala se encuentra la Universidad más antigua de Escandinavia. Y en Uppsala se vive el orgullo de haber albergado a Carlos Linneo, el ilustre sabio. Botánico, médico, naturalista, profesor de universidad, geólogo, explorador y viajero, Linneo, hombre de curiosidad inagotable, es sin duda la mayor figura de la historia sueca. Aunque de corta estatura- -medía un centímetro menos que Napoleón, muy poco para ser sueco- su extraordinaria perspicacia y dotes de observación le llevaron a indagar la sexualidad de las plantas, algo inconcebible en el siglo XVIII, sentando sus estudios las bases de la moderna botánica con su famosa clasificación de las especies de acuerdo con el número de estambres que, como es bien sabido, constituyen el órgano masculino de la flor. Aunque nacido en la pequeña localidad de Räshult, en mayo de 1707, Linneo se trasladó muy joven a Uppsala para estudiar medicina y ya nunca abandonaría la ciudad cultural sueca, excepto para llevar a cabo tres largos viajes al inexplorado norte del país, cuyos resultados científicos y antro- L pológicos quedaron debidamente recogidos al detalle en otros tantos libros. Y para trasladarse a Holanda, patria adoptiva de los tulipanes, donde también es recordado como uno de los más ilustres sabios que contribuyeron al prestigio de la ciudad. Lo más destacado de estos periplos fue el descubrimiento de la cultura sami, un pueblo nómada que poblaba las tierras más septentrionales de Escandinavia desde hacía miles de años. Tan impresionado quedó Linneo por sus descubrimientos que no tuvo reparo en presentarse a pedir la mano de su prometida, Sara Lisa, ataviado de arriba abajo con los pintorescos vestidos tradicionales de los sami. He aprendido y disfrutado muchísimo recorriendo estos días en Uppsala (Suecia) y Leiden (Holanda) los lugares donde vivió, estudió, enseñó y amó este genio adelantado a su tiempo que llamaba apóstoles a sus discípulos y no tenía empacho en atribuirse un papel de cooperador necesario en los planes divinos: Dios crea y Linneo clasifica solía repetir a sus estudiantes. La casa de campo que se construyó en Hammarby, a sólo diez kilómetros de Uppsala, tras ser distinguido por el Rey con un importante título nobiliario, está situada sobre una elevación del terreno que dominaba el ancho cauce del río Fyrisan. Pero un buen día el agua cambió de curso, y hoy Lin- Cuando el río cambió de curso Llama la atención la diminuta cama en que dormía el sabio, apenas un cajón de madera. La de su mujer, más amplia y luminosa, se encuentra al otro extremo de la casa