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13 5 07 VIAJES Algarve POR CARMEN FUENTES El paraíso del golf Treinta campos de golf, con recorridos espectaculares, entre playas de arena fina y acantilados de vértigo, hacen del Algarve un paraíso para este deporte con clima privilegiado y a un paso de España iento setenta kilómetros de costa de arena blanca, a veces con magníficos acantilados y un clima donde hace sol 300 días al año, son los atributos que la naturaleza concedió al Algarve para hacer de este enclave el edén europeo del golf. Este suroeste portugués, tan cercano a España, es el lugar elegido por miles de turistas para poner en práctica y durante todo el año su mejor swing, con unos recorridos espectaculares, tanto, que la prestigiosa revista Golf World ha incluido 10 de sus campos de golf en el top de 100 de Europa Continental, y la Asociación Internacional de Touroperadores de Golf, la IAGTO, lo ha elegido durante dos años consecutivos como el mejor destino de golf de Europa. No en vano entre Faro y las Costa Vicentina se extiende un pedazo de tierra que es el paraíso de los golfistas y, en general, de los apasionados por la naturaleza, el deporte y la gastronomía que, en Portugal, es una delicia C (todavía a buen precio) y, poco a poco, está ocupando el lugar que se merece. Lo mismo sucede con sus vinos. Fue en 1966 cuando Sir Henry Cotton, un hostelero escocés con mucho ojo para los negocios, vio en Portimao el lugar idóneo para diseñar un campo de golf. Desde entonces, no han parado de hacer inversiones deportivas y hoy son treinta los campos de golf que hay en tan poco espacio, lo que da idea del interés de la zona por el desarrollo de este deporte que cada día tiene más seguidores, por aquello de que sin saber por qué la bola engancha como una droga. Campos de golf espléndidos, muchos de ellos con salida al hoyo 1 desde el propio hotel, lo cual tiene su ventaja si no se viaja en coche y se elige el avión. Faro, la capital del Algarve está a una hora aérea de Madrid y su aeropuerto internacional tiene comunicación con la capital de España todos los días, lo que permite jugar El boom de los sesenta al golf y disfrutar de él sin las aglomeraciones de los fines de semana de Madrid. Además, jugar a la orilla del mar, junto a esas playas bravas o esos acantilados de vértigo, con la incertidumbre de que la bola no vaya a parar a las ¿templadas? aguas del Atlántico es todo un desafío. Ese es el caso del campo Ocean Course donde los espectaculares acantilados que hay entre el tee y el green no sólo son un reto sino el objetivo de fotógrafos para reclamos publicitarios. A la hora de elegir dónde jugar 9 ó 18 hoyos la decisión es difícil, pero como están tan cerca unos campos de otros lo mejor es visitar uno cada día y después darse un chapuzón en la playa (a partir de mediados de mayo ya no están tan frías las aguas) comer un buen pescado en cualquier chiringuito a la orilla del mar, dormir la siesta o contemplar el bello panorama desde la terraza del hotel, porque el Algarve en cuestión hotelera es un lujo. Al estar rodeado de paisajes naturales y playas salvajes y semidesconocidas, donde no faltan los lagos y los saltos de agua, además de unas exóticas aves y una flora espectacular que, a veces, nos recuerda, por su verdor y espesura, al Caribe. Cinco siglos de influencia árabe La artesanía popular, en este caso de los cestos, sigue la tradición ancestral en los pueblos del interior del Algarve Las tierras del Algarve fueron las últimas de Portugal en ser conquistadas a la ocupación musulmana y esos cinco siglos árabes marcaron para siempre su destino