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13 5 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Un rebaño de ovejas pasa ante la madrileña Puerta de Alcalá, por donde discurría una cañada real. Madrid sitiado La hazaña de salir a pie (Viene de la página anterior) puerta del departamento de humanidades de la UNED. Ahora el caminante dispone de un arcén, afortunadamente protegido por un quitamiedos. Cuando ya se barrunta La Moncloa, el caminejo se hace casi talud, estrechísimo. Poco más de un metro de ancho para toda una Senda Real. Vuelve a lloviznar. La finca que alberga el Palacio de la Moncloa, con varias líneas de defensa, se despliega sobre el cuadrante derecho. Apenas se atisba una ventana del complejo presidencial entre los árboles. Ni rastro de ZP. Entre la carretera y el coto vedado de la alta política, un vivero de árboles enanos. Casi haciendo de bisagra con la huerta modélica está la puerta al complejo de Presidencia. Escamados, los centinelas interpelan al intruso. Nada saben de la Senda Real. Sugieren que tal vez sea la que discurre entre la entrada a la Escuela de Agrónomos y el ramal que desemboca en la M- 30, línea Maginot de Madrid, principal hito arqueológico de nuestra época. Por donde va el jardinero acierta a decir el agente al ver que por el hondón está a punto de desvanecerse el mono reflectante de un empleado del negociado de parques y jardines. Le alcanzo y me insta a que no me confíe y, sobre todo, que no se me ocurra saltar el quitamiedos: Le pueden matar o multar Madrileño, fue mensajero antes que jardinero. El primer tramo es una delicia, casi una pequeña pradera, con tres hileras de álamos de los que nadie disfruta. Pero pronto se vuelve a estrechar, y los que sufren son los pies: el terraplén es tan angosto que no queda más remedio que caminar por el cauce de cemento por el que transitan las lluvias, con esporádicos colectores apenas velados por rejas tan holgadas que como te des- cuides acabas con las piernas rotas enterrado hasta las ingles. Entre la alambrada y la M- 30 el viajero se pone a ponderar que no puede ser esta la histórica Senda Real. A comienzos del siglo XV Enrique III de Castilla ordenó la construcción de un pabellón de caza en el frondoso bosque de encinas que puebla el monte conocido como El Pardo, cazadero real desde Alfonso X el Sabio, y situado a pocas leguas del Alcázar que se levantaba sobre el cerro de la Almudaina (hoy Palacio Real) Así reza en los márgenes del mapa GR- 124 Senda Real, al que me ciño. Entre los caminos que Pedro Texeira marca en el plano que editó en 1656 se aprecia con Entre la alambrada y la M- 30, línea Maginot de Madrid, con un tráfico endiablado, el viajero se pone a ponderar que no puede ser esta la histórica Senda Real