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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE tancias adversas no le permitieron hacer nada para parar los pies al dictador ruso. Con respecto al final de su principal enemigo, cuando le llegó la noticia de sobre la muerte de Hitler en su búnker de Berlín, Churchill comentó lacónico: Bien, debo decir que ha hecho bien en morir así Un lacónico comentario a la muerte de Hitler La faceta del Churchill alejado de sus obligaciones es sin duda la que aporta anécdotas más divertidas. Durante unas vacaciones en la costa azul Churchill quiso ir a jugar al casino del Montecarlo, y Colville, con su característica prudencia, le disuadió por el impacto mediático que podía tener la presencia del primer ministro británico en el famoso casino. Churchill accedió a no acudir al casino pero le dio dinero a Colville y le pidió que fuera él a jugar en su lugar, añadiendo que si ganaba irían a medias y que si perdía, como obviamente ocurrió, no se lo tendría en cuenta. Cuando jugó en el casino sin salir de casa Rechazar un ducado pensando en la carrera de su hijo resultó una gran ironía, ya que éste nunca fue más que diputado durante un breve periodo, y además tenía una relación tormentosa con su padre. Las broncas entre Winston y Randolph Churchill han sido objeto de muchos comentarios. Colville afirma que crecer a la sombra de un gigante inhibió el desarrollo de Randolph, y se aventura a pensar que quizás el propio Winston hubiera sido un meteoro menos brillante en el cielo si su padre, lord Randolph Churchill, no hubiera muerto joven. Las tormentosas relaciones con su hijo Una Monarquía constitucional en el cielo En política, su carácter no cuadraba ni con el partido conservador ni con el liberal ni con la izquierda. Fue una extraña mezcla de radical y tradicionalista En lo que sí era un estadista de convicciones inamovibles era en su fe en la Monarquía. Como comenta la señora Churchill con ironía, era el único creyente vivo del derecho divino de la Monarquía. Llegaba casi a la idolatría En lo que respecta a la religión empezó siendo agnóstico, pero durante la guerra- -y en especial durante la batalla de Inglaterra- empezó poco a poco a concebir que hay algún tipo de poder decisivo con influencia consciente en nuestros destinos Iba poco a la iglesia; sólo le gustaban los bautizos. Pero, en cierta ocasión, confesaría a Colville, como no podía evitar preguntarse si el gobierno de allá arriba no sería una Monarquía constitucional... en cuyo caso siempre había la posibilidad de que el Todopoderoso pudiera recomendarlo Churchill siempre sorprendía con originales comentarios en los momentos clave de su vida. En 1955, cuando decidió dimitir como primer ministro, se celebró una cena de gala en Downing Street con la presencia de la Reina Isabel II; tras la cena, Colville encontró al viejo estadista en su dormitorio apesadumbrado, y éste, mirándole con vehemencia, le dijo: No creo que Anthony pueda hacerlo Su profecía se corroboró, ya que su sucesor, Anthony Eden, dimitió como primer ministro dos años después tras la crisis de Suez, poniendo un triste final a una brillante carrera. No creo que Anthony pueda hacerlo Churchill posa orgulloso junto a ese bulldog que simboliza la fuerza y la pugnacidad británica mismo: Así que después de todo hemos ganado nera que Polonia, que al fin y al cabo había sido la razón por la que estalló la Segunda Guerra Mundial, acabara la bajo el yugo soviético. A comienzos de 1945 le comentó a Colville: No tengo la más mínima intención de ser estafado con lo de Polonia, incluso aunque lleguemos a estar a punto de entrar en guerra con Rusia Lamentablemente, las circuns- Cuando se acercaba el fin de la guerra su principal preocupación pasó de ser Alemania a centrarse en la Rusia de Stalin. A Churchill le angustiaba sobrema- A punto de entrar en guerra con Rusia Cuando el primer ministro presentó su dimisión en el palacio de Buckingham había mucha expectación en su círculo de colaboradores sobre lo que la Reina le ofrecería después de una carrera tan singular. A su vuelta de palacio, Churchill comentó a Colville que la Reina le había dicho que le haría feliz nombrarle duque y que, aunque se había sentido tentado, preferiría permanecer en la Cámara de los Comunes hasta su muerte. Además dijo, que bien hará un ducado a Randolph, eso podría arruinar su carrera política El día en que rechazó un ducado Se ha especulado mucho sobre cómo Churchill, de avanzada edad y salud quebradiza, pudo soportar unas jornadas de trabajo tan largas en medio de tanta tensión durante la Segunda Guerra Mundial. Colville recuerda cómo el primer ministro le comentó en 1944 que, paradójicamente, su época de mayor preocupación no fue durante la guerra, sino cuando era secretario de Interior en los años veinte, y que entonces, cuando se encontraba a punto de perder los nervios, descubrió que el mejor remedio era escribir en un papel todos los asuntos que a uno le preocupaban, con lo cual algunos aparecían como triviales, otros como irremediables y finalmente, sólo uno o dos iban a merecer la pena Cómo valorar las preocupaciones