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13 5 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Churchill Anécdotas de un estadista valiente Los diarios de John Colville, secretario privado de Churchill, trazan un vivo retrato del hombre de Estado más brillante del siglo XX a través de pequeñas historias cargadas de ironía. He aquí algunos ejemplos TEXTO: JULIO CRESPO MACLENNAN FOTO: AP inston Churchill ha sido descrito como el estadista más importante del siglo XX y el británico más grande de todos los tiempos. Pero hay muchas más razones por las que este personaje ha ejercido tanta fascinación, y por las que su leyenda es una de las más bellas de nuestro tiempo. Fue uno de los hombres más influyentes del siglo y una de las personalidades más atractivas del mismo. Pocas personas pueden alardear de haber tenido una vida tan rica en aventuras, y pocas carreras han tenido altibajos tan extraordinarios. Tuvo desde joven una gran personalidad. Inspiraba rechazo o simpatía. Pero no dejaba indiferente a nadie. Después de que alcanzase el estrellato mundial, sobre su vida y su obra se han escrito desde grandes biografías de varios volúmenes hasta libros que tratan en detalle etapas de su vida o de su política. Debido a la avidez que han mostrado lectores de todo el mundo por conocer detalles sobre su vida, muchos de los que trabajaron con él o que lo conocieron íntimamente han escrito su propia versión sobre el estadista británico. Algunos incluso se hicieron un lugar en la vida pública gracias a su relación con Winston Churchill, como John Colville, cuyos diarios A la sombra de Churchill Ed. Galaxia Gutenberg) son el mejor testimonio sobre el gran estadista en la intimidad. John Colville nació en ese tipo de burguesía que tanto se daba a comienzo del siglo pasado, más rica en conocimientos que en inmuebles, en contactos en la sociedad que en dinero. Tras graduarse en la universidad de Cambridge, ingresó en el cuerpo diplomático; en 1939 le fue ofrecido el puesto de secretario privado del pri- W mer ministro y no dudó en aceptarlo, ya que ese puesto supuso la gran oportunidad de su vida: llevar la agenda del primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial y poder seguir desde ese discreto pero privilegiado observatorio los acontecimientos mundiales. Colville era uno de los pocos británicos que admiraba a Churchill desde mediados de los años treinta. Por esa razón no es extraño que se sintiera tan cómodo sirviendo a sus órdenes y que la sintonía con el gran estadista le llevara a ser su secretario privado hasta 1955. Los diarios de Colville tienen un gran valor histórico ya que cuenta con todo lujo de detalles cómo vivió el primer ministro los años en los que el porvenir mundial dependió en buena medida de sus decisiones. Son especialmente interesantes los comentarios que hace el premier británico en privado sobre grandes cuestiones de estado, y que Colville reproduce con exactitud en sus diarios. Por ejemplo, en los momentos más difíciles de la guerra, en 1940, se contempló la idea de devolver Gibraltar a España a cambio de que Franco apoyara la causa británica. El primer ministro, nada convencido, escribió la siguiente nota: Los españoles saben que si perdemos lo van a obtener de todos modos, y estarían locos si creyeran que si ganamos les vamos a demostrar nuestra admiración por su conducta ofreciéndoselo Gibraltar, Franco y la causa británica Aceptó no ir al casino para no dar mala imagen. Pero dio dinero a su secretario para que jugase en su lugar. Si ganaba, irían a medias; y si perdía, no pasaba nada... Churchill era consciente desde 1940 de que la victoria sobre Alemania dependía de la intervención de Estados Unidos, por esta razón cuando tuvo lugar el ataque japonés a Pearl Harbour que provocó la entrada norteamericana en la guerra comentó con opti- Pearl Harbour, optimista anuncio de victoria