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13 5 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Un presidente para unir a Francia Es ambicioso, le gusta el poder. También es leal y valiente. Hombre de convicciones y abierto, tras unir a la derecha querrá unir a la nación POR JEAN D ORMESSON DE LA ACADEMIA FRANCESA Sarkozy Cuatro pinceladas En sus inicios: Era un chico de 21 años, flaco y con el pelo largo, encargado de caldear la sala con el lema: ¡Los jóvenes con Chirac! Hombre de multitudes: Arrastra a las masas porque les dice lo que ellos piensan. Y lo que piensa él. Llama a las cosas por su nombre Y de ideas claras: Se adscribe a la derecha alegremente, desafiante. Por supuesto, se granjea la hostilidad de la izquierda y, en especial, de los intelectuales de izquierda Ajeno a la élite tradicional: Su abuelo materno es judío; su padre, un aristócrata húngaro. Y no es ex alumno de la ENA, cantera de la conservadora Administración francesa. sto empieza como una novela. Viene de lejos. A los que hablan del Mozart de la política, a los que hablan sin saber de mi carrera excepcional, fulgurante, fácil, en la que todo me ha sonreído, les recuerdo que soy como el ebanista que ha tenido que cepillar durante muchos años antes de conseguir su lugar entre los mejores artesanos de Francia escribió Sarkozy. Su abuelo materno, el doctor Benedict Mallah, es un judío sefardí de Salónica. Su padre, Pal Sarkozy, es un aristócrata húngaro, a menudo ausente, lo cual es un trauma. Y él no es ex alumno de la Escuela Nacional de Administración francesa (ENA) Todo aquel que cuenta para algo en la cima del Estado ha pasado por la ENA. No es de las altas esferas. Pero desde la más tierna edad la política se apoderó de él. O él se apoderó de la política. En diciembre de 1976, Chirac creó su partido, Reagrupamiento por la República (RPR) para sustituir a la Unión de Demócratas por la República (UDR) Por primera vez, una multitud gritaba: ¡Chirac, Presidente! Un chico de 21 años, flaco y con el pelo largo, era el encargado de caldear la sala con el lema ¡Los jóvenes por Chirac! era Nicolas Sarkozy. El joven Nicolas, que vendía helados para pagarse los estudios de Derecho, preparaba un máster en Ciencias Políticas sobre el referéndum de 1969, la marcha del general y el ascenso de Pompidou: ahí aprendió a admirar al padre, a serle fiel, y a matarlo inmediatamente después, porque la historia no se detiene. Las elecciones presidenciales se han disputado en parte basándose en la personalidad de los candidatos. ¿Qué nos enseña la trayectoria de Sarkozy? En primer lugar, que es ambicioso. Tiene complejo de César. Desea el poder E y le gusta. En abril de 1983, cuando tenía 27 años, murió un compañero de la Liberación: era Achille Peretti, alcalde de Neully. Al final de una campaña llevada a buen paso, le robó la alcaldía a Charles Pasqua. Era como Bonaparte en el puente de Neully. Diez años más tarde quiso ser portavoz del Gobierno y titular de un gran ministerio. Balladur le propuso el de Infraestructuras: lo rechazó; el de Relaciones con el Parlamento: lo rechazó; el de Cultura: lo rechazó. Consiguió el de Hacienda y fue portavoz. En 2003, le preguntaron ante 6,6 millones de telespectadores: ¿Piensa usted en la presidencia cuando se afeita por las mañanas? Contestó que sí, y no sólo cuando se afeitaba. A partir de ese día, Chirac tuvo un sucesor. Este ambicioso es fiel y leal. En 1995 se encontró cogido en la trampa de la batalla entre dos amigos desde hace 30 años Balladur y Chirac. Sufrió por haber escogido al primero frente al segundo y siguió vinculado a uno y a otro, igual que siguió ligado a Pasqua tras conquistar la alcaldía de Neully. Philippe Séguin, que tomó partido por Chirac, dice de Sarkozy, a quien se opuso enérgicamente: Si tuviera que resumir en una palabra lo que pienso de él, esa palabra sería leal. Sarko es un adversario leal Leal, y valiente: el caso de la bomba humana en un colegio de Neully está en el recuerdo de todos. Pero lo que más admira a los franceses y, en primer lugar, a los telespectadores que contribuyeron a su ascenso, son sus dotes de orador. Es claro, brillante, convincente, y, desde sus primeras intervenciones en televisión hasta las grandes manifestaciones multitudinarias, arrastra a las masas. Las arrastra sobre todo- -y es una novedad- -porque dice Sí, pienso en la presidencia lo que ellas piensan. Y lo que piensa él. Es enemigo del lenguaje estereotipado, llama a las cosas por su nombre y su activismo le valió el apodo de Speedy Sarko. A Kouchner los franceses lo quieren por lo que es; a Sarkozy lo quieren por lo que hace. ¿Qué hace? Devuelve a la derecha su dignidad. Desde Vichy, la derecha es la imagen de la mala conciencia. Intenta pasar des-