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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Vicente Enrique y Tarancón, durante su audiencia con el Papa Pablo VI una fe infantil, que después se había transformado en resentimiento contra los eclesiásticos. A los 38 años fue consagrado obispo de Solsona. El obispo más joven del episcopado español se atrevió a publicar en mayo de 1946, dos meses después de su entrada, una pastoral en la que lamenta la confusión reinante. Hoy se ven nuestras iglesias más concurridas que antes de la guerra, pero se dan muchos más casos que antes de matrimonios desavenidos, de familias rotas, de maridos infieles, de inmoralidades públicas y de muchachas corrompidas Parecía como si aquella guerra, que tenía caracteres de verdadera cruzada, hubiese de producir un cambio notable en las convicciones de los hombres Pero aquella reacción de tipo puramente sentimental pasó presto y las cosas, en el terreno particular y privado, siguieron el mismo rumbo que antes, acentuado, como es natural, por los gérmenes de desorden y desmoralización que lleva consigo toda guerra Mientras no consigamos que el odio desaparezca completamente, que el abismo se cubra, que los hermanos se entiendan y se amen, no es posible pensar ni en la grandeza material de nuestro pueblo, ni en su reconstrucción espiritual y religiosa Tras cinco años de arzobispo de Oviedo y tres de Primado en Toledo, Pablo VI le pidió personalmente que renunciara al honor de Iglesia Primada y viniera a Madrid, donde le esperaban las grandes tareas señaladas por el Concilio. Aquí tuvo que pasar sus horas más difíciles. Asumió la presidencia de la Conferencia Episcopal por la muerte de D. Casimiro Morcillo (30- 5- 1971) Fue elegido tres veces, la tercera con más de los dos tercios de los electores. Un récord que no se ha vuelto a repetir. Si en 1931 la Iglesia mendigaba la libertad que se concedía a todos los ciudadanos, ahora el gobierno franquista se aferraba al Estado confesional. La defensa de la libertad de religión frente a la terquedad de algunos ministros le obligaron a soportar entrevistas en las que el representante del Estado pretendía darle lecciones de catolicismo. El año 1973 fue especialmente duro para él: comenzó con la publicación, el 23 de enero, de la Declaración Colectiva sobre la Iglesia y la Comunidad Política, siguió con la manifestación del 7 de mayo- ¡Tarancón al Paredón! terminó con los tristes acontecimientos que siguieron al asesinato del Almirante Carrero Blanco y se prolongó hasta marzo de 1974 con los intentos de expulsar de España a Monseñor Añoveros. En septiembre de 1971 tuvo que presidir la famosa Asamblea Conjunta (obispos- sacerdotes) el más valiente esfuerzo de diálogo ABC Horas difíciles en Madrid Su homilia ante el Rey en la Iglesia de los Jerónimos marcó la visión nueva del Concilio en las relaciones de la Iglesia con el mundo y el poder político Le han llamado El Cardenal del Cambio por representar al Episcopado ante un Gobierno que mostraba una apreciable ceguera para entender la historia de la Iglesia de los obispos españoles con sus sacerdotes. Fue precedida de una encuesta con un cuestionario de 268 preguntas a la que respondieron 15.449 sacerdotes, un 85 por 100. Allí se hizo un diagnóstico que reflejaba la falta de formación del clero y su clara oposición al régimen franquista. No gustó nada al gobierno, que utilizó todos sus resortes clericales para lograr un informe que sólo fue desautorizado con una audiencia larga y sincera de Tarancón con Pablo VI y una carta clarificadora del Secretario de Estado. Durante la transición, el cardenal fue consultado por la inmensa mayoría de los líderes políticos de izquierdas y de derechas. Su homilía ante el Rey en la Iglesia de los Jerónimos marcó la visión nueva del Concilio en las relaciones de la Iglesia con el mundo y el poder político. En varios artículos de la Constitución, pero sobre todo en el 16, se expresa el gran pacto secular entre el Estado Español y la Religión. Creíamos entonces que se había logrado solucionar la secular cuestión religiosa Debimos de equivocarnos, porque no ha sido así.