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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE diagnosticado por muchos, el mapa político español no tiene nada que ver con el italiano. Los españoles se habían inclinado por un gran partido de centro derecha como era UCD y otro de izquierda renovado y de nuevo cuño, el PSOE de Felipe González, frente a los comunistas y la derecha pura y dura que encabezaba Fraga. El cardenal estrecha relaciones con todos los sectores de UCD y amplía contactos con el PSOE. Se establecen reuniones periódicas de reflexión entre Tarancón y sus hombres de confianza con los dirigentes centristas de todos los colores, sobre todo azules y democristianos. Gabriel Cisneros, Íñigo Cavero, Miguel Herrero o Álvarez de Miranda despachaban con los representantes del Episcopado, siempre en lugares discretos que Martín Patino prefiere aún no revelar pero que Nasarre sitúa en El Paular, El Escorial o en pisos particulares de Madrid. Cuando quiso conocer a Felipe González, el secretario general del PSOE se presentó acompañado de Gregorio Peces- Barba, por entonces conocido como representante de la corriente vaticanista del partido. El profesor se puso a discutir con Tarancón y no le dejaba hablar. González cortó por lo sano: Gregorio, yo he venido a escuchar al cardenal, a tí ya te oigo todos los días Los roces siguieron a la hora de elaborar la Constitución. Fue Peces- Barba, considerado hoy en el PSOE inspirador de la pasión laicista de Zapatero, quien abandonó la ponencia constitucional para exigir que no se recogiera el concepto de libertad de enseñanza en la ley de leyes. Y tuvieron que ser Fernando Abril y Alfonso Guerra quienes alcanzaran el pacto correspondiente para que el representante del PSOE volviera al redil del consenso. El entonces número dos del González silencia a Peces- Barba Tarancón con el Rey, en 1977. El cardenal fue una de las primeras figuras públicas que abogó por una transición de consenso el Estado Así lo recuerda Eugenio Nasarre, hoy diputado del PP, entonces en la oposición democristiana que encabezaba Joaquín Ruiz Jiménez- -amigo de Tarancón- -y después, ya en UCD, encargado de las relaciones con la Conferencia Episcopal y del primer modelo de financiación de la Iglesia Católica como director general dedicado al asunto. Martín Patino destaca que en la homilía estaba ya la Constitución de 1978 el Estado laico, pero cooperativo e incluyente que luego se plasmaría en los artículos correspondientes de la Carta Magna con intervenciones de políticos de la derecha, el centro y la izquierda, como Miguel Herrero, Landelino Lavilla, Javier Solana o Luis Gómez Llorente. Por entonces, según el secretario de Tarancón, el cardenal se había entrevistado con casi todo lo que sería años después el arco parlamentario, de Manuel Fraga a Santiago Carrillo. Niega que la homilía fuera pactada con Don Juan Carlos, aunque admite que el Rey pudo conocer sus líneas generales con anticipación. Rodolfo Martín Villa descarta que pudiera haber oportunismo en el mensaje de la Iglesia nada más morir Franco: Habían hecho su propia transición con el Concilio Vaticano II, estaban instruidos para el cambio y habían chocado ya con el régimen El ex ministro, por aquellos días gobernador civil en Barcelona, apunta que el siguiente verano, en la ofrenda al Apóstol Santiago de julio de 1976 se dio un nuevo impulso a la sincronización institucional para el cambio político. Un sector de la Conferencia Episcopal se oponía a los cambios pero Tarancón, una figura excepcional en todos los sentidos, supo imponerse añade. Entre noviembre de 1975 y las elecciones de junio de 1977, el cardenal multiplica sus contactos con todos los representantes de las múltiples fuerzas políticas que aspiraban a hacerse un hueco en la democracia en ciernes. Eran los tiempos de la sopa de letras Los sociólogos se vuelven a equivocar en sus pronósticos. El PCE, único partido con cierto peso y militancia en la oposición, resulta ser muy minoritario en las urnas. Los grupos democristianos que Tarancón eludió avalar ni se estrenan. En contra de lo ABC Alfonso Guerra destaca que no puede entenderse la culminación de la Transición sin tener en cuenta cómo Tarancón apostó por el tránsito democrático y pacífico Martín Villa señala cómo en 1976 un sector de la Conferencia Episcopal se oponía al cambio político, pero Tarancón- -una figura excepcional- -supo imponerse Martín Patino recuerda: Era un hombre convencido de que por medios pacíficos y con diálogo se llega más lejos que con el choque frontal PSOE, tenido por izquierdista radical, se entendió con Tarancón y llevó después desde la vicepresidencia del Gobierno las relaciones de los primeros gabinetes socialistas con el Episcopado sin mayores conflictos, sobre todo si se compara con la situación actual. Hoy se suma a los reconocimientos de la figura de Tarancón. Aunque recuerda que en la Transición la sociedad española tuvo el papel protagonista, con su deseo de cambio y su responsabilidad, al presionar a los dirigentes políticos y sociales para la apertura hacia la libertad agrega que no puede entenderse la culminación de ese proceso sin tener en cuenta al cardenal, uno de los personajes de la época que apostaron por el tránsito democrático y pacífico Guerra, ahora presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, destaca que Tarancón entendió la conveniencia de que la Iglesia acompañara con discreción y sensatez la evolución hacia una nueva realidad de libertad y democracia El dirigente socialista y los antiguos gobernantes de UCD coinciden en que fue fundamental para la Constitución que Tarancón impusiera su criterio a los obispos anclados en el pasado, extremistas para Guerra, que rechazaban el Estado aconfesional diseñado en la Constitución. Dios no está en la Constitución, pero sí hay un reconocimiento expreso de la Iglesia Católica y unas garantías para la presencia de sus enseñanzas en la Educación como planteó Tarancón, con tanta discreción como contundencia, destacan los antiguos democristianos. Del cardenal de la concordia cuenta su antiguo secretario que Adolfo Suárez le hizo llegar un mensaje para conocer el parecer de la Iglesia sobre la posible legalización del PCE. El cardenal se lo pide a Dios todos los días fue la respuesta. Aquellos acuerdos y entendimientos parecen hoy olvidados. Los testigos y protagonistas son pocos y cuentan menos. Martín Patino considera tan desproporcionada la actuación del Gobierno de Zapatero en las materias sensibles para la Iglesia como la respuesta del Episcopado. Tarancón no hubiera permitido ninguna de las dos cosas: Era un hombre convencido de que por medios pacíficos y con diálogo se llega más lejos que con el enfrentamiento frontal. Hubiera hecho lo contrario, hubiera sido mucho más sutil en la defensa pública de la Iglesia y extremadamente duro en las gestiones privadas Tarancón y aquellos políticos tenían memoria histórica de verdad, la necesaria para enterrar el enfrentamiento religioso de las dos Españas y sellar la reconciliación.