Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
13 5 07 EN PORTADA Tarancón La Iglesia de la concordia POR ÁNGEL COLLADO ubo un tiempo, el de la Transición, en que la Iglesia se puso por delante en el camino hacia la democracia y la reconciliación entre los españoles, sirvió de discreto mediador entre las fuerzas políticas, fomentó la moderación de los extremos y encabezó el proceso de la separación del Estado. La izquierda olvidó su tradición anticlerical y la derecha enterró los resabios del nacionalcatolicismo El personaje central de esa ruptura con la historia fue el cardenal Enrique Vicente y Tarancón (Burriana, 1907- Valencia, 1994) su intervención política y pública más sonada, la homilía de la Misa de Espíritu Santo, en la que Don Juan Carlos fue coronado Rey el 27 de noviembre de 1975, que marca el arranque de la Transición, y su legado más importante, el de apóstol de la reconciliación los diez años (1973- 1983) en que presidió la Conferencia Episcopal española consagrados a la misión de la concordia. En el centenario de su nacimiento, que se cumple mañana, mucho ha cambiado España y en el caso de las relaciones entre el poder político y la Iglesia, a peor. Vuelve el anticlericalismo de la izquierda de la mano del Gobierno de Zapatero, vuelve el obispado al enfrentamiento con los poderes públicos, quizá obligados ante la agresión, pero con un estilo ajeno al que caracterizó a Tarancón. Así lo ven algunos de los pocos testigos directos de la Transición que compartieron afanes, entrevistas, consejos, indicaciones y confidencias con el cardenal. Personalidades tan diversas como su secretario personal, José H María Martín Patino, el ex ministro Rodolfo Martín Villa, el ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra o el ex director general de Asuntos Religiosos de UCD, Eugenio Nasarre, coinciden en la primordial importancia que tuvo el cardenal en la Transición. La Iglesia Católica, que fue perseguida durante la II República, con cerca de 7.000 sacerdotes y religiosos asesinados en la Guerra Civil por milicianos del Frente Popular, que otorgó el título de cruzada al levantamiento militar, que luego se constituyó en pilar fundamental del régimen franquista, se había ido despegando de la dictadura durante los años sesenta. En 1973, cuando el cardenal oficia el funeral por el almirante Carrero Blanco, la extrema derecha le despide al grito de Tarancón al paredón La víctima de las iras de lo que era ya, a su vez, un sector minoritario del franquismo llevaba años predicando la reconciliación entre los españoles. Enterrado Franco, en la citada misa de Espíritu Santo celebrada en Los Jerónimos, Tarancón pide a Don Juan Carlos que sea el Rey de todos los españoles, de todos los que se sienten hijos de la madre patria, de todos cuantos desean convivir, sin privilegios ni distinciones, en el mutuo respeto y amor. Amor que, como nos enseñó el Concilio, debe extenderse a quienes piensan de manera distinta a la nuestra El cardenal rogaba además porque las estructuras jurídico- políticas ofrezcan a todos los ciudadanos la posibilidad de participar libre y activamente en la vida del país y por el sometimiento de todos al imperio de la ley. Coronación del Rey Un grupo de ultras se manifestaron el 7 de mayo de 1973 al ominoso grito de ¡Tarancón al paredón! Sobre las relaciones Iglesia- Estado, citaba expresamente el Concilio Vaticano II para recordar que el Episcopado no patrocina ni impone un determinado modelo de sociedad y sí debe proyectar la palabra de Dios sobre la sociedad, especialmente cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades o ayudar a promover las causas de la paz y de la justicia Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que trabajar como españoles y orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho coincidentes Tarancón había definido en su discurso el encaje de la jerarquía católica en la nueva España que estaba a punto de levantarse y que luego se concretaría en la Constitución del consenso. Ese día supimos que la Transición era una realidad, escuchamos la voz la Iglesia, que ya llevaba algunos años defendiendo la reconciliación, pero que implicaba en ello a la Corona y dibujaba un nuevo modelo de relación con