Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE a la exaltación, pero sabía volver atrás y examinar ese impulso con la mirada fría de la inteligencia para no dejarse engañar por su corazón. Esta lucidez viene acompañada por un esfuerzo de expresión: comprender y hacerse comprender. No es solo por prudencia respecto a censores e inquisidores por lo que Teresa intenta describir lo más exactamente posible lo que le pasa, aun tratándose de experiencias que son, hablando con propiedad, inefables; necesita ver con claridad en sí misma; el análisis no será completo si no consigue dar cuenta de él de la forma más precisa posible. Así se explica el recurso de las metáforas, las repeticiones, las fórmulas del tipo: Quisiera que me entendieran bien me gustaría expresarme con más claridad etc. En su esfuerzo para diferenciar la experiencia del amor de su comprensión y de su expresión, Teresa logró la proeza de iluminar las realidades más complejas de la vida psicológica. Es lo que tanto sorprendía a Huysmans: Que (Teresa) es una admirable psicóloga, no cabe dudarlo; pero qué singular mezcla ofrece también de mística ardiente y de mujer de negocios fría. Así, en conclusión, es de doble fondo; es una contem- plativa apartada del mundo y es igualmente un hombre de Estado; es el Colbert femenino de los claustros. En suma, nunca mujer alguna fue una obrera de precisión tan perfecta y una organizadora tan eficiente. Cuando se piensa que fundó treinta y dos SIC monasterios, que los sometió a la obediencia de una regla que es un modelo de sabiduría, de una regla que prevé, que rectifica los errores más velados del corazón, causa perplejidad ver que algunos descreídos la tratan de ¡histérica y de loca! Teresa se elevó hasta la cima de la vida espiritual, pero siempre conservó la cabeza fría y los pies en la tierra. En un mundo de hombres, reivindicó el derecho de las mujeres a tener su personalidad y, entre sus contemporáneos, supo convencer a los mejores- -Francisco de Borja, Juan de Ávila, Juan de la Cruz, el profesor Báñez... a los más temibles- -el inquisidor general Quiroga- a los más poderosos- -el Rey Felipe II- No solo los convenció; los sedujo. Teresa tenía encanto; ella lo sabía; y lo utilizaba. Casi siempre, sus superiores le ordenaron lo que ella ya había decidido hacer; creían tener la iniciativa; no se dieron cuenta de que trataban con una mujer tanto más voluntariosa cuanto que hacía profesión de humildad. Teresa no es solo una contemplativa; es también una mujer que marcó su época. Marcelle Auclair lo ha señalado con toda razón: Teresa estaba dotada con ese tipo de imaginación que se traduce inmediatamente en actos; era una mujer de impulsos; la chispa de un sentimiento inflamaba un proyecto y su realización se concretaba sin demora. Era un carácter dado a la acción, lo que se demuestra por la frecuencia que surge de su pluma la palabra: determinación. En español, la palabra tiene el mismo significado que en francés- -decisión que excluye cualquier vacilación- pero con un matiz añadido: el valor que se necesita para pasar a la acción. Tenía un elevado concepto de sí misma; se creía llamada a grandes empresas; rechazaba la mediocridad. Una ambición que no creía incompatible con la humildad No era rica, pero era guapa. Y lo sabía. Hubiera podido casarse, ocuparse de su hogar y de sus hijos y convertirse en la perfecta casada de fray Luis de León Una vez tomada la decisión, no hay vuelta atrás; es una cuestión de principios y de amor propio; Teresa irá hasta el final a pesar de los obstáculos y de las advertencias de los prudentes o de los pusilánimes: lo que me da miedo, decía, no es el demonio; son los que le temen al demonio. Teresa, por último, no es ninguna santurrona. Le horripilan las beaterías. Su primer impulso es desconfiar de los éxtasis; tiende a verlos como una consecuencia de la mala alimentación, de penitencias excesivas o, peor aún, de la flaqueza de espíritu. Se niega a confundir arrobamientos y abobamientos, ascesis y masoquismo, humildad y menosprecio de uno mismo. No le gusta ver en torno a ella caras largas; se ríe, canta y quiere que las religiosas también rían y canten. Lo más sorprendente es que este ánimo es el de una mujer que, desde los veinte años, siempre ha estado enferma; eso no le hizo perder la alegría y el sentido del humor. Elevación del pensamiento y profundidad psicológica, rigor en el análisis, precisión en la expresión, sentido de la medida, humor, estas son algunas de las lecciones que Teresa de Ávila es capaz de darle a los hombres de nuestro tiempo.