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6 5 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Francisco Javier Pizarro, en una de las depedencias de Carlos V, que tras sus hallazgos se someterá a una relectura histórica Volver a Yuste Los últimos jerónimos (Viene de la página anterior) car. A eso dedicamos nuestra vida contemplativa. Somos pocos, sí, pero fuertes. Ese complejo quedó muy atrás Tan atrás, que hoy cuando los de la Sociedad para la Conservación de los Murciélagos se han presentado en Yuste para advertir de su vigilancia ante cualquier obra que pueda dañar a la colonia de quirópteros que se aferra a estos muros, el prior ha repetido: Para especie en extinción, nosotros Hemos llegado a Yuste una mañana de primavera soleada creyendo que era temprano y el abad, después de mil tareas que agota sólo el recordarlas, nos dice, cuando para cualquier humano sería momento de caer extenuado, que también limpia las habitaciones de Carlos V- -la comunidad jerónima ha sido el más eficaz garante de supervivencia de este lugar- lo que hace junto a uno de los kenianos, y que en medio del recogimiento- -los monjes siempre están en silencio salvo tres horas de recreo a la semana- -él siente la presencia del emperador. Percibo- -explica- -la tensión de esa última batalla, la que fue más trascendente para él, pertrechado no de legiones, sino de los hombres más santos y virtuosos y los mejores artistas, para vencer en su deseo de morir en paz de cara a Dios. Traía muchos pesares y había sido muy mujeriego, como Felipe II, pero yo lo disculpo porque la vida de un hombre así da para mucho, para aciertos y errores, caídas y levantadas Y también para muchos tópicos y falsedades históricas que Francisco Pizarro, delegado de Patrimonio Nacional- -a que pertenece Yuste desde 2004- -ha querido desenmascarar con la nueva relectura del edificio, a tenor de nuevos hallazgos, y con ella la realidad de los 19 meses (3 de febrero de 1557- 20 de septiembre de 1558) que pasó el último emperador de Europa en el enclave verato. Había que borrar esa leyenda negra con la que se quiere propagar que Carlos V vivió aquí una época atormentada y agonizante desde que llega. Porque el tiempo que pasa aquí el emperador es bastante placentero- -vida que ilustra, junto a María Teresa Rodríguez y José Vicente Serradilla, en su flamante libro El Monasterio de San Jerónimo de Yuste (Edit. Patrimonio Nacional) aunque no podamos obviar los achaques que padece (gota y asma) y las fiebres palúdicas que al final le llevan a la muerte. Aquí se dedica a la música, toca la flauta y crea una capilla musical, lee asiduamente, y pasea por el campo hacia la ermita de Belén aunque sea falso que cabalgue por estas tierras ya que sabemos que una vez que lo intentó, se mareó y ahí acabó su historia de jinete. Por tanto, la rampa de la entrada al palacio, si es que se puede llamar así a la modesta construcción anexa al monasterio, más propia de infanzones extremeños del XVI que de un emperador, no se usó para que en- Jamás montó a caballo Junto a Yuste, los restos de 180 soldados alemanes de las guerras mundiales La verdad histórica impone un nuevo plan museístico para el cenobio: ni Carlos V murió donde se dice ni fue enterrado en la cripta trara a caballo, sino para los carros cargados de ostras y otras viandas que se hacía traer para aplacar su gula insaciable Tampoco- -añade Pizarro- -la puerta principal es la que hoy se designa como tal en el actual plan museístico, y que vamos a cambiar en los próximos meses para ajustarnos a la verdad, sino la que se abre al lado contrario del edificio; asimismo, la hasta ahora considerada habitación del emperador y lugar de su muerte no era sino la sala de estar, y viceversa, y hay que recuperar el entorno natural como parte de un todo que de lo contrario es imposible entender. Otro de los tópicos a desterrar es el asunto de la cripta, porque ahí donde hoy hay un ataúd que simula el del emperador, él no estuvo realmente enterrado, ya que se le sepultó bajo el altar mayor antes de ser llevado a El Escorial Tampoco Carlos I pescó truchas en el azud grande que guardan unos cisnes capaces de destrozar las piernas de un hombre con el batir de sus alas, y hay dudas de que lo hiciera en el que taparon unas obras, bajo su terraza predilecta, que mandó techar. Porque la verdad del fantasma del emperador está entre las líneas del inventario de los elementos de palacio donde se atisba- -cuenta Pizarro- -la figura de un Carlos V culto que leía a los clásicos, como Julio César; que hablaba varios idiomas- -tiene dicho el emperador que hablaba el alemán con la milicia, el neerlandés con su caballo, el francés con los diplomáticos, el italiano con las señoras, el latín en los tratados y el español con Dios- y que, al mismo tiempo y paradójicamente, guardaba amuletos como un supuesto cuerno de unicornio o piedras para sanar; mapas que revelan esa preocupación de Estado que nunca le abandonó, y un patrimonio artístico muy importante. Como a muchos otros, lo que me resulta más incomprensible es que viniera sin ejército, al que despide en Jarandilla, teniendo terribles enemigos. Le movería a ello el abandono que da saber que vas a morir y que no necesitas protección. Y lo cierto es que, a pesar de contar con feroces adversarios que conocían su paradero, no le pasó nada, salvo morirse de paludismo Redescubrir Yuste es la nueva misión. Justamente hoy, cuando en el continente vuelve a resonar con fuerza su nombre como referente de las profundas raíces culturales que sustentan el proyecto europeísta- -al que apela Yago Pico de Coaña, presidente de Patrimonio Nacional y confidente del abad- y vemos, como hace cinco siglos, que Extremadura y Europa vuelven a reconocerse a través de su último emperador Por eso hemos vuelto a Yuste: a reencontrarnos con un milagro.