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6 5 07 EN PORTADA Millonarios rusos Nuevos ricos a lo grande (Viene de la página anterior) Aguilera y a Shakira a su fiesta de cumpleaños. Cada una recibió 740.000 euros por 45 minutos de actuación. Kerímov, famoso por sus excesos y escándalos en la Costa Azul francesa, acumula una riqueza de 10.600 millones de euros. Entre los asiduos de la tusovka (movida) moscovita, previo pago de no menos de un millón de dólares, se encuentran Kylie Minogue, la ex Spice Girl Geri Hallywell, la soprano Sarah Brightman, Jennifer López, Robin Williams, Beyoncé, Britney Spears, Natalia Imbruglia, Pierce Brosman, Christopher Lambert y Bruce Willis. Y es que Rusia es el segundo país del mundo, tras EE. UU. con más millonarios cuya fortuna tiene más de nueve ceros. Se calcula que hay, además, cerca de un millón de personas, sobre una población de 134 millones, con más de un millón de euros en la cuenta bancaria y unas 20.000 con patrimonios por encima de los cien millones. Eso sí, entre tanto millonario, resulta que el 60 por ciento de los rusos sobrevive con ingresos inferiores a los 250 euros al mes. País de contrastes. Château d Yquem a morro CARMEN FUENTES ace unos años, durante unas vacaciones en Isla Mauricio, coincidí en el lujosísimo hotel Royal Palm, cerca del pueblo de Grande Baie, con una familia rusa un tanto peculiar. Desde el primer momento me llamaron la atención. Se trataba de un matrimonio de mediana edad (35- 40 años) con dos hijos que ocupaba la suite royal una estancia de tres niveles y más de 300 metros cuadrados, que dominaba el mar y la playa, con una inmensa terraza toda ella de madera, con comedor incorporado y una piscina de pizarra con masaje hidráulico. La suite tenía también hammam habitaciones para los niños, salón y un comedor que debieron usar muy poco pues casi siempre bajaban a cenar y a desayunar al del hotel. Todo un lujazo de estancia que ocupaba una esquina del hotel y por la que pagaban diariamente más de 5.000 euros. En ese hotel de Isla Mauricio H Teléfono móvil Goldvish recamado de diamantes. A la venta en Moscú AP también pasaron sus vacaciones los Reyes Gustavo y Silvia de Suecia, y mucha gente más, millonaria, pero sencilla y discreta, que ocupaba su ocio descansando, leyendo, buceando en los arrecifes de coral o pescando el merlín (una especie de pez espada que pesa unos 500 kilos) en las aguas del Índico. Nada ni nadie alteraba la paz y la calma de este rincón paradisíaco hasta que llegaron los rusos de la suite royal. Una pareja de gordos con blanquecinas pieles enrojecidas por el sol, horriblemente vestidos y calzados, que gritaban a unos pobres niños y que se pasaban el día practicando actividades millonarias. Nada más levantarse, todas las mañanas el señor acudía a cazar al coto Le Domaine du Chasseur (7.000 euros la entrada) que alberga más de 1.500 ciervos de Java y 500 jabalíes, sin ropa apropiada para una jornada de caza, pero, eso sí, estrenando escopetas buenísimas y carísimas. Cuando volvía, la familia se embarcaba en una lancha super rápida (la Fórmula 1 del mar) para dar un paseo por el Índico previo pago de un buen fajo de dólares, o se iba a la pesca del famoso merlín pese a que nunca habían tenido en sus manos una caña de pescar. Todo lo que hacían llamaba la atención porque gastaban el dinero a espuertas. Algo bastante extraño en una pareja nada cosmopolita pues parecía no haber salido de su pueblo ruso en la vida, a tenor de los bañadores que llevaba (estilo años cincuenta) difíciles de encontrar en cualquier boutique de baño. Cuando acudían a la playa lo hacían sin el calzado apropiado para la arena. Él, con unos puntiagudos zapatos ¿de piel? con cordones, y ella, en lugar del clásico pareo, bajaba con una batita acrílica de un estampado chillón, parecida a las que sacan las protagonistas de Volver (Almodóvar) para estar en casa. La sorpresa vino una noche en la cena y con la carta de vinos. En lugar de mirar los nombres de los caldos, señalaban con el dedo los precios más caros, hasta que se decidieron por un Château d Yquem de excelente añada (unos 4.000 euros) esa bodega que, junto con la de Romanée Conti, elabora los vinos más míticos del mundo. Les trajeron la botella, con alguna que otra telaraña. El sumiller les sirvió. Se bebieron la copa de un sorbo, sin un respiro y sin degustar. Y tanto les debió gustar, que sin dar un respiro al camarero para que les sirviese de nuevo, él amarró la botella y la terminó bebiendo a morro. Espectáculo de nuevos ricos.