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29 4 07 EN PORTADA Algunas de las obras de la exposición de Thomas Struth que pueden admirarse en las jornadas de puertas abiertas del Museo del Prado MIRONES Y OBRAS MAESTRAS Durante estas jornadas de puertas abiertas, el Prado adornará sus nuevas salas de exposiciones con imágenes del fotógrafo Thomas Struth. Un guiño a los visitantes, ya que todas ellas son fotografías del público ante obras maestras de la pintura. El crítico del New York Times Michael Kimmelman, nos explica motivos y claves de esta original exposición POR MICHAEL KIMMELMAN FOTOS: IGNACIO GIL a exposición de Thomas Struth- -fotos cautivadoras y magistrales de visitantes de museos delante de Velázquez en Madrid y contemplando un Leonardo en el Hermitage de San Petersburgo- -culmina uno de los memorables proyectos artísticos de los últimos 20 años. Durante todo este tiempo, Struth ha estado haciendo fotos de gente en los museos. Están viendo arte, aunque se podría decir que la verdadera pregunta es qué están, y estamos, viendo. Ahora mismo, la belleza de estas fotografías prácticamente se da por hecha. Esta muestra es una coda de la que se exhibió en el Prado, en la que Struth introdujo una docena de fotografías o más, algunas casi a tamaño natural, entre los cuadros y las escul- L turas. Hizo falta descaro y astucia. Estas fotografías, con las que uno se topaba irregular e inesperadamente, salpicaban salas de una grandeza casi implacable. Algunas veces se entrometían. En ocasiones parecían irrelevantes. La mayoría de las veces desentonaban. Más tarde, me sorprendí recordando una fotografía que en el momento me pareció olvidable, del mismo modo que se recuerda más vívidamente a alguien que has visto de pasada en el museo que al mismo arte. La obra de Struth implica en parte ocultar estas distinciones (y, por tanto, hacer que nos concentremos más en ellas) entre los Hay una fotografía de toda la instalación, una caja china virtual de alusiones, la experiencia en un museo abarrotado y entretenido, que es lo que nos perdemos cuando miramos espacios que hay en los cuadros que fotografía, los que ocupan las personas que están mirando esas pinturas, y los que ocupamos nosotros, que estamos mirando las fotografías. En una sala de retratos pintados por Velázquez, Struth colocó una fotografía de dos jóvenes japonesas mirando fijamente una obra que está fuera del campo de la cámara, que daba la casualidad que estaba en el mismo sitio de la pared en el que ahora estaba colgada su foto. La mezcla de deseo y de reserva, medida a través de un claro abismo cultural, tenía una apariencia ligeramente cómica y conmovedora. Los cuadros de la pared les devolvían la mirada. Enfrente del Tres de Mayo, de Goya, con el héroe ante el pelotón de fusilamiento, Struth interpuso una foto de público en Tokio, visto como una silueta oscura, ad-