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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE 60 por ciento de los libros que se venden en el país tienen bocadillos en su interior, que cada año se editan unos 6.000 títulos del género, algo más de la mitad en francés y el resto en flamenco, y que el 80 por ciento se destina a la exportación. Es una industria muy importante, con un peso en nuestra economía afirma Christos Kritikos, un griego que ejerce de guía en el Centro belga del arte de la tira cómica uno de los museos más visitados de la ciudad. Los héroes de papel zascandilean por las vitrinas de sus salas, la primera vez que Peyo dibujó la silueta azul de un pitufo, la única escena en la que Lucky Luke disparó a matar, antes de que sus historias fueran para todos los públicos, el dos caballos ilustrado que le regalaron sus colegas a Jean Roba Boule et Bill Los personajes de Frank Pé sobrevuelan una Bruselas feliz denadas por temas o autores, en muestras que cambiamos cada dos o tres meses Después de ese aperitivo en la primera planta llega el recorrido por los autores y su trabajo. Peyo, nacido en Bruselas, el creador de los pitufos (schtroumpf, en versión original) Roba, uno de los dibujantes de la edad de oro de la revista Spirou Morris y su Lucky Luke Franquin, de cuya imaginación nacieron Spirou o Tomás el Gafe Sleen, autor de Néron o Willy Vandersteen, un representante de la colaboración entre los universos a menudo separados de flamencos y valones. Vandersteen Bob y Bobette y Hergé trabajaron juntos, y de alguna manera representan el talento de ambas comunidades. Tintín- -en flamenco, Kuifje el periodista trotamundos, tiene por supuesto un rincón permanente en este hogar del cómic, quizá menos aparatoso de lo que podríamos pensar. Vemos la línea clara del dibujo, el terremoto de emociones que puede expresar el rostro del capitán Haddock, o las eternas discusiones por cualquier cosa de Dupond y Dupont (Hernández y Fernández, Thomson y Thompson, Jansen y Janssen... El primer álbum apareció en 1930. El último, en 1976. La familia dejó al personaje ahí, sin aceptar nuevas aventuras, en un intento por respetar al máximo la herencia del genio. El año del centenario de Hergé no ha tenido una celebración apoteósica en Bruselas, quizá por la cotidianidad con que sus habitantes se meten a diario dentro de una viñeta. La gran exposición se realizó a principios del año en París. Y la muestra Tintín, Haddock y los barcos se anuncia para el 9 de junio en Ostende, en la costa. Aquí no hace falta un acontecimiento para descubrir esta cultura dice un aficionado. Sí, el corazón del cómic late a todas horas en la capital. En los más de treinta murales que adornan otras tantas fachadas, en el bar dessiné del hotel Radisson, adornado con trazos originales de autores de prestigio, o en las estaciones de Metro de Stockel o la Gare du Midi. En la entrada de esta última se inauguró a principios de año una inmensa reproducción de un Tintín con cara de velocidad, en la cabina de una locomotora. Bruselas descubrió las posibilidades del cómic para adornar las paredes de sus calles hacia 1990. Poco a poco, las fachadas de las esquinas tristes y los rincones que podrían haber sido basureros empezaron a iluminarse con personajes y escenas de tebeos. (Pasa a la página siguiente) Cómics en el menú del día Art nouveau y el noveno arte El museo se instaló en 1989 en uno de esos bellísimos edificios del art nouveau creados por Víctor Horta (1861- 1947) el arquitecto total. La reacción contra los neoclásicos y los neogóticos dio lugar a un diseño modernista, con abundante hierro y vidro, reflejo de una era fabril y febril. Este lugar que también tiene un siglo de vida fue una empresa textil, un espacio abandonado, un proyecto de aparcamiento de varias plantas, y, al cabo, un refugio para Tintín y sus amigos, aparentemente satisfechos de pasar sus días entre estas paredes. En nuestro fondo hay más de siete mil páginas originales- -afirman sus gestores- que exponemos en tandas de doscientas, or- Tintín, tras regresar de la Luna, en el Centro Belga del Cómic La Boutique de Tintín tienta a los coleccionistas de souvenirs