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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE dos libros de autoayuda creemos que hay que pensar en positivo, y sí, muy bien, pero, ¿y eso cómo se hace? Nadie puede renunciar a su cólera, hay que canalizarla. Una cosa muy curiosa: después de tantos años tratando a víctimas de terrorismo es raro que aparezca como elemento fundamental la crítica hacia el agresor, es como si se bloqueara esa posibilidad. En la mayoría de los casos se reprime y se hacen derivaciones hacia aspectos tangenciales criticando al Gobierno de turno, al hospital, al personal asistencial, a la Policía... Hacen una crítica, pero sin compromiso de enfrentamiento contra esa fuerza demoledora que los ha llevado hasta ahí. Es una defensa ante el miedo, igual que el estrés Lo mismo, subraya la psiquiatra Mar Álvarez, que en casos de abusos sexuales en la familia u otros casos de violencia en que la ira se dirige contra quien no me ha protegido lo suficiente en vez de contra quién me agredió. ¿Por qué? No lo sé Tampoco saben cómo es posible que en tantos años de terrorismo en España sólo se haya conocido un único posible caso de venganza. La venganza es una acción agresiva y tal vez la impida el miedo, la prevención a las posibles consecuencias, o simplemente la razón sea que una víctima tiene más capacidad de empatía y conoce perfectamente el daño que se puede causar. Justamente lo que le falta al terrorista. Hace años- -recuerda Duque Colino- tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, nos planteamos cómo una persona puede ponerle a otra una pistola en la cabeza y disparar a sangre fría, y luego regresar a casa y besar al hijo, a la esposa o al marido, al amante... Lo titulé El beso del asesino y me preguntaba a qué podría saber ese beso, el que se da cuando el criminal vuelve a casa después de haber hecho su justicia Porque esta gente funciona mentalmente igual que los nazis o los terroristas islamistas, cosificando al otro y reduciendo la entidad del daño afligido, además de estar convencidos de que hacen bien, eliminando enemigos y escoria ¡Cómo entonces no te van a hacer hijo predilecto de no sé qué! Por eso yo proponía una condena: generar en el criminal empatía con las víctimas para que entiendan, sientan y sean conscientes de la enormidad del daño causado Y hacérselo ver no sólo a los terroristas, sino a los promotores de las teorías conspirativas tras el Una experiencia peor que la del 11- M Una cosa son las lesiones y otra de dónde viene la agresión. En su propósito de generar terror, caso del 11- M, el terrorista elige no elegir, entonces es a quien le toque. Los pacientes del 11- M venían preguntando ¿y quién iba en los trenes? Imaginaban que iba un militar, un político... no podían creer que ellos fueran el objeto de las bombas, sólo daños colaterales porque no habían codificado la idea de vulnerabilidad y más aún con las imágenes hipertrofiadas con que nos manejamos en nuestra sociedad, en que esas cosas sólo les ocurren a otros, en sitios lejanos, que sólo conocemos a través de la distancia protectora de la televisión, con lo que acabamos distinguiendo muy mal lo que es una serie de televisión de lo que es la realidad. Cualquier telediario nos muestra personas masacradas todos los días y nos hemos vuelto muy tolerantes con la violencia porque no nos afecta; otra cosa muy diferente es cuando nos pilla de cerca. En el 11- M casi ningún paciente tenía sensación de ser víctima de un atentado, incluso decían que ni habían visto fallecidos, sino estatuas, maniquíes... La mente que se defiende como puede y halla respuestas en una situación tan dramática y demoledora. Pero esto es muy diferente a cuando la agresión va dirigida hacia ti. Porque en el 11- M hay un estallido y luego cada cual intenta usar sus recursos como puede; pero en el caso de la Universidad de Virginia- -explica el autor de Superando el trauma -están matando gente mientras tú vives la posibilidad de ser víctima o no en función de cómo te defiendas. Es una caza. Una experiencia verdaderamente traumática, incluso podría decir que peor que la del 11- M El beso del asesino próximo a la zona del ataque, y que, sin ningún tipo de adornos, ha adoptado la manera de manual de rescate y salvación bajo la premisa de dos objetivos fundamentales: que las víctimas dejen de serlo y que la ayuda acabe siendo innecesaria. No hay ni soluciones ni instrucciones universales para afrontar una situación como la vivida tras el atentado; cada uno- -explica Duque, que lleva tres décadas tratando el trauma de las existencias pulverizadas que se arrastran hasta su consulta del Gregorio Marañón -funciona desde sus recursos adaptativos. Ahora se escucha que las víctimas necesitan conocer la cara de los asesinos y no estoy de acuerdo porque yo tengo pacientes, que también se han negado a ser víctimas, y que no tienen ningún interés en conocerles. Pilar Manjón sí ha dicho en alguna ocasión que necesitaba ver los ojos de las personas que asesinaron a su hijo, y tiene su derecho y para ella será un factor estabilizador. Porque sólo hay tres cosas que sí precisan todas las víctimas: justicia, respeto y restitución Cuando vives una circunstancia de frustración tan traumatizante como ésta, se genera una quiebra en tu mundo personal que va a hacer que te muevas hacia los pensamientos negativos (ira, cólera, rencor, odio, agresividad... pero como hemos leído quizás demasia- El que hace circular por internet las fotos tremebundas de los cuerpos en los trenes está en el mismo equipo de los que ponen las bombas. También han perdido la empatía 11- M, a los que les usaron y manipularon para su propio interés- -como resorte de poder en la arena política y por dinero en el infierno poco piadoso de los medios de comunicación- que azuzaron el odio y el rencor que volvió a revictmizarlos, y a los malditos que usaron las fotos de sus muertos con fines inconfesables. Porque si volver a la vida después de la muerte- yo estoy muerta dijo una superviviente cuando pudo hablar- -fue una dolorosa reinvención, hacerlo en esas condiciones fue simplemente inhumano. Las víctimas- -añade el profesor- -necesitan una cobertura social porque han sido agredidas desde fuera de su mundo, de un modo imprevisto que ha echado por tierra su universo seguro, y necesitan ayuda desde fuera. Necesitan elementos de cohesión, de solidaridad, todo aquello que les permita no tener que ocuparse de nada y ser atendidos, para sin entrar en batallas externas, poder utilizar sus energías para su propio desarrollo y compensación. Y esto desgraciadamente no se ha dado ni en el 11- M ni en otros casos anteriores de terrorismo, donde las víctimas han sido las grandes olvidadas. Y es que a la gente no le gustan los que sufren, resultan incómodos. Y ellos necesitan que les restituyamos lo que sea posible y, sobre todo, un profundo respeto. Por eso cuando alguien es instrumentalizado por motivos diferentes a estos hay una revictimización. En el caso del 11- M muchas víctimas se han sentido dañadas, maltratadas y abandonadas. Porque el terrorista pone bombas, pero a partir de ahí tengo claro que estamos en una guerra y hay que saber en qué ejército se está y no se puede decir que estamos en éste y disparar con- tra sus miembros. Aunque estime que no se haga conscientemente. Porque no creo que el objetivo sea dañar a las víctimas, sino que se persigue un fin, y en eso se llevan por delante lo que haga falta. También ellos perdieron la empatía Otra cosa son las fotos tremebundas- -de los cadáveres desmembrados dentro de los trenes y en los andenes, bajo la leyenda hay que seguir investigando -que circulan ahora por internet en lo que sí hay intención de dañar. Sin duda, el que hace esto- -advierte el psicólogo- está trabajando en el equipo de los de las bombas, porque actúa como ellos Pero pese a los espinos del camino, la mayoría lo ha conseguido: Ya nadie- -dice la doctora Álvarez- -basa su identidad personal en haber pasado por esto, en ser víctima, y eso es de lo que nos sentimos más orgullosos ya que se ha cumplido el objetivo de la terapia. No hay que seguir reivindicando lo que se ha sufrido, sino que hay que pasar página y seguir cada uno con su vida Avanzar a pesar de no reconocer tu cara, sin piernas, sin vista, sin oído... Después de presenciar cómo el dolor traspasaba el umbral del coma y hacía brotar lágrimas de cuerpos inertes. o hacía escribir a los supervivientes los versos más tristes de su vida Antes del después siempre sonreía, después del antes quedó la inocencia se multiplicó por dos esta ausencia exiliado quedé de la alegría Por ellos, por todo ello, cuando al doctor Duque Colino, hacedor de tanta esperanza, le pides una imagen del 11- M no duda: la cuna de Miguel, hijo del vientre atacado de una víctima, la bandera del no han podido con nosotros, la derrota indubitable del terror.