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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE EN LA MENTE DEL ASESINO Tres factores entraron en colisión en el campus de la Politécnica de Virginia: el fácil acceso a las armas, la fascinación por la violencia apocalíptica y el desarraigo social casi una semana de la matanza de Virginia, y ya superadas las primeras reacciones de estupor, dolor e impotencia, se hace posible considerar tales hechos para tratar de entenderlos. No es tarea fácil: hay que superar para ello el impacto emocional inmediato del torrente de imágenes que nos sirvieron- -casi a tiempo real- -todos los medios audiovisuales con los que hoy cuentan las sociedades técnicamente avanzadas. Las miles de imágenes que constituyen el archivo mediático Virginia Tech no cesan de evocar emociones encontradas que nos hacen difícil un análisis sereno y nos pueden empujar hacia conclusiones simplistas respecto a las causas de tan trágica y compleja situación. A mi modo de ver, en el escenario de la universidad se produjo una brutal colisión de tres de las muchas y poderosas fuerzas que conforman el panorama existencial de la sociedad nortemericana: el fácil acceso a armas de fuego de gran capacidad mortífera, la existencia de una mitología que exalta la violencia y de cierta fascinación por formas de violencia apocalíptica y la presencia de A Manuel Trujillo Director del departamento de Psiquiatría del hospital Bellevue de Nueva York un número significativo de personas profundamente desarraigadas de su entorno social; sea este desarraigo producto de la enorme movilidad geográfica que caracteriza a la sociedad estadounidense, de un desarrollo psicológico traumático o tormentoso o de una enfermedad grave como parece ser el caso del protagonista de la tragedia de Virginia. El debate sobre el derecho ciudadano a poseer armas de fuego es tan duradero como estéril. Los partidarios del acceso libre a las armas repiten estereotipada y cansinamente un simple argumento las armas no matan, son las personas las que matan Su fuerza no se basa por tanto en la contundencia de sus argumentos sino más bien en la mitología fundacional de la nación norteamericana: fue el pueblo, constituido en milicias armadas, el que arrebató el poder a la monarquía inglesa cuando fue percibido como injusto y arbitrario. Se sacraliza así el derecho, entronizado en la segunda enmienda a la Constitución, a poseer armas de fuego. Tal derecho, anclado en sentimientos profundos de identidad nacional, es mucho más evidente en la América profunda la geo- grafía más conservadora del país y cuyos votos dieron la victoria al presidente George W. Busha y su filosofía neoconservadora Respecto a la fascinación por la violencia, incluso en sus formas más apocalípticas, satura las culturas underground haciéndose presente en las letras de las canciones rap, las producciones de Hollywood (piénsese en películas como Apocalypse Now los recovecos de internet y el infinito número de videojuegos en los que diversos héroes hallan su afirmación personal y su redención a través de orgías de violencia destructiva. Los datos que emergen respecto a la personalidad y biografía de Cho Seung- Hui lo acercan al perfil de los participantes en matanzas similares: solitario, introvertido, aislado de cualquier forma de comunidad y, en este caso, progresivamente consumido por el delirante e inexorable avance de su probable y precoz esquizofrenia, parece buscar- -a través de la destrucción masiva y apocalíptica- -un momento de triunfo y redención sobre un mundo en el que no puede ver o desarrollar otras opciones de autoafirmación. Cho Seung- Hui buscó un momento de triunfo y redención sobre un mundo en el que no puede ver o desarrollar otras opciones de autoafirmación REUTERS