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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE AP Cámara y fusil al hombro. Cartel de Bowling for Columbine Gregorio nos explica que disparan a los animales y luego ni se los comen, sino que los dejan ahí muertos Aquí no hay muchos hispanos. En la tierra en la que el Ku Klux Klan impusiera su ley aún no han llegado ni los mexicanos, que están en todas las cocinas del resto del país. En cualquier bar de los alrededores, el hispano siente cómo las miradas se le clavan por el cogote. Yo, si voy a un pueblito de al lado y noto que a alguien no le gusta que esté ahí, me voy dice sumiso el puertorriqueño, que esconde su mirada orgullosa en cuanto huele racismo. No es alentador para una minoría intimidada otear las pistolas colgando del cinto de quienes pasean por el centro comercial. Nunca se sabe quién puede ser racista explica. Una cremallera de asfalto se abre camino hasta el sur de Virginia entre pastos poblados de ganado y pueblos de una calle, donde el Burger King, la gasolinera y una tienda desabrida comparten el único local abierto después de las 8 de la noche. Este es el lugar perfecto para estudiar exclama Gregorio. O estudias, o estudias, no hay alternativa. Ni cultura ni vida El Politécnico de Virginia ha hecho de Blacksburg un oasis que se seca cada verano, cuando los estudiantes vuelven a casa. Gracias a ellos el pueblo tiene un par de Starbucks, un cine y unos cuantos restaurantes, todos agrupados en cuatro manzanas de la calle principal. No hay mendigos, ni drogas. Las chicas caminan de noche sin miedo y la gente no se molesta en cerrar el coche. La vida es barata, los vecinos se han acostumbrado a convivir con adolescentes forasteros. Hasta han encajado bien la invasión de periodistas. Bueno, no todos. En la tienda JND Pawn Brokers el dependiente nos recibe con cara de pocos amigos. Tres hombres vestidos de camuflaje le apoyan en silencio mientras él se desgañita con la hilera de rifles a su espalda. ¡Esto es una tragedia y ustedes lo quieren convertir en política! nos acusa: ¡Fuera de mi tienda! Nuestra siguiente incursión en una tienda de armas será de incógnito. Perdida en una carretera rural de un pueblo vecino, entre campos arados y tractores, la White Taile Oufitter es estremecedora. El dependiente tiene los dientes negros de mascar tabaco y un acento tan cerrado que parece salido de los dibunos animados de South Park Cuatro individuos que evalúan una pistola lanzan una mirada de desconfianza a la intrusa, pero el vendedor no hace ascos a otra posible venta. Este modelo de Smith Weiss del calibre 38 es la favorita de las damas me asegura. Ligera, elegante, fácil de usar. Viene con guía láser: donde acaba la luz roja, pone la bala Cuesta 385 dólares, pero por 550 puede com (Pasa a la página siguiente) Michael Moore ALFONSO ARMADA Licencias poéticas militantes a sangre salpica y conmociona. A raíz de la escabechina que Eric Harris y Dylan Klebold desataron en 1999 en el Instituto de Littleton, Colorado, el cineasta Michael Moore se aplicó a dilucidar por qué en EE. UU. ocurren esas cosas. Fruto de sus pesquisas fue Bowling for Columbine Jugando a los bolos por Columbine Harris y Klebold fueron a la bolera antes de matar a 13 y suicidarse) Tras la matanza en Virginia, que ha duplicado con creces (y un solo pistolero) el número de víctimas, se ha vuelto a debatir sobre la muerte a granel y el ambiente capaz de criar cuervos tan ávidos de sangre y fama. Al margen de la acritud que Moore suscita en la derecha, sus hallazgos han empezado a ser cuestionados por afines. Debbie Melnyk y su marido, Rick Caine, quisieron celebrar el genio de Moore dedicándole un documental: Fabricando disentimiento Los problemas surgieron cuando descubrieron que algunos de los datos que presentaba como irrefutables eran falsos o sesgados, y el cineasta les dio con la puerta en las narices al intentar hacer lo L mismo que él con muchas de sus víctimas entrevistarle. Moore forjó su fama con una cinta sobre el presidenet de General Motors y su porfía para que hablara ante la cámara: Roger Me Pero Melnyk y Caine descubrieron que el cineasta se dejó en la sala de montaje dos entrevistas con Smith. La película tenía más gancho si el jefe de GM escurría el bulto. En cuanto a Bowling y la violencia en EE. UU. unos cuantos detalles salieron a relucir: sólo en el 40 por ciento de las casas de Toronto no echaban la llave, no el 100 por cien. No era cierto que la Lookheed Martin en Littleton siguiera fabricando armas de destrucción masiva, sino cohetes para poner satélites en órbita. Aunque los controles sobre armas son mucho más estrictos en Canadá (las armas automáticas de asalto están prohibidas) que en EE. UU. la tesis de Bowling era que con más armas en manos de canadienses que de estadounidenses aquéllos matan menos. Pero EE. UU. tiene 7,1 más revólveres y pistolas que Canadá- -país de cazadores- y en el 81 por ciento de los crímenes se enarbolan armas cortas. Pequeños detalles que enturbian la pureza del mensaje de este showman militante.