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D 7 15 4 07 Es, en múltiples sentidos, un auténtico gigante, por su talla, su trayectoria actoral y su entusiasmo desbordante. A la nutrida galería de personajes que atesora a lo largo de casi cuarenta años de oficio de actor, suma su estreno como director y productor con La cabra o ¿Quién es Sylvia? un estremecedor y arriesgado texto de Edward Albee que también interpreta y con el que ha triunfado en Barcelona y, ahora, en Madrid. Las seis nominaciones a los Premios Max 2007 confirman el hecho de que José María Pou es el hombre del momento GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE José María Pou ACTOR No me contento con emocionar al público, yo quiero conmocionar ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Cuántos kilos pierde en cada función de La cabra -Pues le diré que, desde que estoy en Madrid, he engordado cuatro kilos. Adelgacé mucho cuando hice El rey Lear con Calixto Bieito. Aquello fue terriblemente extenuante. La cabra más bien me agota anímicamente. ¿Le sorprende que a muchos les deje pasmados una interpretación tan intensa como la suya? -Tal vez es que la gente últimamente está mal acostumbrada a ver un teatro hecho con cierta rutina, actores que piensan que esto es subir al escenario a decir un texto sin despeinarse. Yo no me contento con emocionar al público, yo quiero conmocionar: tiene que salir de la función sabiendo que ha vivido una experiencia que le ha transtornado. El teatro, cada día, es una ceremonia irrepetible y el actor debe dejarse la vida. ¿Cuál sería la peor reacción posible de su público? -Que, a la salida, inmediatamente dijera: Bueno, y ahora, ¿dónde vamos a cenar? -Vamos, los que para no sufrir prefieren no sentir... -Es que estamos en una etapa en la que nos construimos caparazones para ser indiferentes, para no dejarnos emocionar por lo que estamos viviendo con la política, los telediarios, las guerras... Y está muy bien emocionarse. -Usted se está colocando en los parámetros de un triunfador. Pero, ¿eso no podría descolocarle? -Espero mantener el equilibrio. Las satisfacciones profesionales se convierten en personales. Y la satisfacción me sirve para darle en los morros a todos aquellos que aseguraban que esto iba a ser un fracaso, que cómo iba a hacer una función de un tío que folla con una cabra. Me dan ganas de decir a los espectadores, a toda esa masa anónima: Señores, son ustedes más inteligentes de lo que muchos, en este país, creen ¿No se valora a quienes se La soledad del jefe He sido el gran responsable de poner en escena esta obra, y eso me ha quitado el sueño. Tiene sus problemas. Por ejemplo, la relación con los compañeros actores no es la misma: eres el jefe, y vives la soledad del jefe. Y eso me preocupa. Pero he entrado en una de espiral de la que es difícil salir. No sé si volvería a repetir la experiencia de actuar y dirigir al mismo tiempo, porque es un trastorno bipolar en grado máximo. Pero voy a seguir dirigiendo. De hecho, he aceptado la dirección del teatro Goya de Barcelona JULIÁN DE DOMINGO sientan en el patio de butacas? -Lo que me rebela y me cabrea es ese puñetero concepto de lo superficial que, en los últimos tiempos, se ha instalado en todo el mundo de la cultura. Yo creo que se está despreciando al público. ¿Que sólo quiere tonterías, sólo quiere reír, sólo quiere evasión? ¡Es mentira! El público necesita vivir experiencias emocionales, que le sacudan, que le perturben, que le hagan reflexionar. Eso también es divertido. ¿Y usted necesita comprender y aceptar a todos sus perso- najes para encarnarlos? -Ésa es mi piedra de toque. ¿Estoy de acuerdo con ese personaje? ¿Le quiero? ¿Me cae bien? Tienes que planteártelo antes de aceptar. Nunca interpretaría a un personaje con el que no tuviera algún punto en común o que no le entendiera, porque mi obligación, como actor, es defenderle hasta las últimas consecuencias. ¿No es como defenderse a sí mismo? -Es que hay que buscar dentro de ti aquellos rasgos de tu personalidad que le sean útiles al personaje, y eso te obliga a una introspección brutal. Los actores no necesitamos psiquiatras ni psicólogos, porque nos conocemos bien. -Eso ya es una gran ventaja... -Sí. Sobre el escenario hacemos terapia. Uno se vacía de muchas cosas. De cada función sales como si hubieras pasado por la sauna. -En el caso de La cabra ¿comprende a Martin? -No puedo decir que no puedo entender que se enamore de un animal. Sí puedo entenderlo. ¿Le puede pasar lo mismo? -Puede... Un hombre en la plenitud de su éxito familiar, social, económico, profesional... Y, de pronto, se abre dentro de sí un punto oscuro que le lleva a amar a una cabra. Y, sí, eso le podría pasar a cualquiera, llámelo practicar sexo con el animal o convertirse en atracador de bancos o en asesino en serie. Dentro de nosotros hay zonas oscuras que no dominamos ni conocemos, que pueden ponerse en marcha en un momento determinado y que, a partir de entonces, hay que bregar con ellas. -Aquí, lo imperdonable es que haya sexo... -Hay gente que practica sexo con animales, pero es un tema tabú. Cuánto se nos llena la boca al decir que somos los más tolerantes, los más progres, que ya hemos roto todas las barreras, que la sociedad actual lo acepta absolutamente todo. Cuando nos parece que ya no tenemos nada contra nada, hay cosas de las que aún nadie se atreve a hablar.