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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ No sin mis pantalones iene gracia que lo que más haya sorprendido de la relación entre Ernest Hemingway y Marlene Dietrich haya sido que no tuvieron sexo. Amor sí, sexo no. Eso tan sobrevalorado. Si ya lo decía Bukowski, el sexo sólo es una gran cosa cuando no lo tienes (y lo quieres, supongo) Más raro sería si el lío hubiera sido entre Hemingway y Catherine Millet y, aun así, no hubiera habido tomate. En una furgoneta o algo. Claro, que ése sí habría sido un amor fuera de sincronía, como escribió el escritor machote del suyo con Marlene en una de las cartas (fechadas entre 1949 y 1959) que exhibe el museo John F. Kennedy de Boston. Son treinta y una cartas que donó Maria Riva, la hija de la actriz. Cartas intercambiadas por dos figuras del siglo XX que, además, resultan reveladoras son el tipo de cosas que un museo agradece. Interrumpimos la programación para ir a otra donación. En el extremo opuesto está el sucedido con la silla de ruedas que la familia de Christopher Reeve ha intentado regalar al Smithsonian de Washington. La hermana de la viuda asegura que no la han querido. Lo que ha pasado es que el Smithsonian no quiere sólo la silla, quiere más piezas para reconstruir la historia completa. Esta querencia por los museos está muy bien, pero ya podían los familiares de Superman, en lugar de llevarse las manos a la cabeza (ellos que pueden) regalársela alguien que la necesite, que están haciendo el ridículo. Las cartas de amor ajeno no resuelven la inmovilidad de nadie con la médula seccionada, sólo la curiosidad del personal, así que un museo es el lugar adecuado. Con las misivas podemos constatar lo cursi que era Hemingway. No hay nadie como tú en el mun- T Chabeli Iglesias hizo patria en la Copa del Mundo de Vela, en Valencia co lo tiene el subtítulo de este trabajo Una historia que dejará de piedra a muchos tal y como figura en la portada. Hay imágenes que dicen mucho y más aún con el paso del tiempo. Otra imagen que esta semana me ha sorprendido es la de una Valeria Rivera dispuesta a aprovechar todo lo bueno que pase por su puerta. Sentada en una butaca de mimbre en la tienda que acaba de abrir en Miami con sus diseños, Valeria habló en una conexión en directo con el programa de Ana Rosa Quintana en Telecinco. Aparte de contar su bla bla bla con su aventura empresarial lo que Valeria aclaró es cómo es su relación con el cantante Alejandro Sanz. Porque claro, a estas alturas del texto, muchos se habrán preguntado quién es esta tal Valeria que abre negocio en Miami y es noticia en España. Para los más desmemoriados sólo recordar que es la madre del hijo secreto que Sanz tiene en Miami y que hizo pública su existencia cuando se enteró que su ayudante pensaba contar su historia en exclusivas bien pagadas. Pues lo que es la vida. El infiel ayudante se quedó con las ganas de hacer su particular agosto a costa de lo que vio y vivió en casa del cantante gaditano y ahora a quien realmente ha beneficiado que todo esto saliera a la luz es a la citada Valeria, una perfecta desconocida hasta ese día, y hoy portada de revistas y personaje d ella crónica del corazón y no precisamente por sus diseños que, para ser sincera, espero no sean como la ropa que luce que es directamente espantosa. Entre las cosas que contó Valeria aseguró que Sanz no le ha recriminado su presencia en los medios, que Sanz no le ha pagado la hipoteca de su casa, y que Sanz no le ha hecho firmar un contrato que le obligue a guardar silencio. Tuvimos una historia de amor y fruto de eso nació nuestro hijo Alexander. Hoy somos grandes amigos Despierta, lista, rápida y muy agradable en el trato, Valeria está feliz por cómo han ido las cosas. Ella habla de una historia de amor mientras Sanz sigue fiel a sus silencios. Invitados de honor estuvieron ayer en Valencia Chabeli Iglesias y su marido, Christian, para acudir a una de las fiestas que se han organizado con motivo de la Copa del Mundo de Vela (esta noche habrá cena de gala organizada por Prada con Demi Moore y su marido Ashton Kutcher como estrellas internacionales) Chábeli acudió adornada con joyas de Tous, mientras fuentes de la organización aseguraban que ninguno de sus asistentes ha cobrado caché por estar en esa ceremonia desmintiendo así que la hija de Isabel Preysler y Julio Iglesias viajara con talón al portador. Hombre, por lo menos los gastos de desplazamiento se supone que estarán incluidos. do y jamás lo habrá. Y si estás enfadada conmigo estaré muy solo en este mundo escribía Hemingway a Marlene, después de que ella se pusiera celosa por la amistad del escritor con Ingrid Bergman (la ausencia de sexo no es incompatible con los celos) Espero que haya un poco de lost in traslation porque vaya una porquería de párrafo para un escritor ¿No hay nadie como tú en el mundo y nunca lo habrá? Falta a la bin a la ban, a la bin bon ban. Pero estaba con la falta de sexo, que al parecer, a quién le extraña, fue una sugerencia de ella Marlene, tú sabes muy bien que yo te amo. Fuiste tú la que tomaste la decisión en ese barco escribe el autor de El viejo y el mar en una carta. Lo del barco. Es que se conocieron el el Ile de France en 1934. Un poco como Cary Grant y Deborah Kerr en Tú y yo pero sin quedar en el lugar más cercano al cielo (entonces el Empire State Building) Quedaron en no irse a la cama. Falta que venga alguien y añada que es que a la alemana le gustaban las mujeres (bueno, ni siquiera una heterosexual podría reprocharle que le gustara Greta Garbo) Hace poco nos enteramos de que entre Katherine Hepburn y Spencer Tracy tampoco había habido sexo. En Kate, la mujer que fue Hepburn William J. Mann asegura que la Hepburn nunca tuvo una relación amorosa y mucho menos sexual con Tracy porque era gay. Que era una cortina de humo para ocultar lo otro. Y que Spencer Tracy, además de borracho, también era homosexual. Y a lo mejor robaba la leche a los niños del orfanato, no te digo. Cuando iba a Londres, Spencer Tracy se hospedaba en el Claridge s (famosa es su frase de que cuando se muriera, cosa que aclaraba no tener en mente, no quería ir al cielo, quería ir al Claridge s) Hepburn lo acompañaba (las cortinas de humo es que llevan mucha faena) pero no se quedaba en el Claridge s sino en el Connaught, aunque visitaba a su media cortina en el otro hotel. Pero, claro, nada de guarreridas hollywoodianas si hacemos caso al último biógrafo de la Hepburn. La actriz tuvo problemas para entrar al Claridge s, pero no porque fuera a ver su entonces novio en el tiempo en que no era cortina sino por llevar pantalones. Las mujeres con pantalones iban contra las normas del hotel (sobre las amantes no había ninguna norma) La solución para no ver a Hepburn en pantalones por el vestíbulo fue que entrara por una puerta lateral y no por la giratoria. Ni ella ni Marlene estaban dispuetas a quitarse los pantalones, ni en el lobby ni en las habitaciones. Las muy lobas...