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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Derviches danzantes en Sarihan, Capadocia. Un concierto- ceremonia de estos monjes es toda una vivencia para los espectadores en la que se crea un vínculo espiritual entre ejecutantes y asistentes que conduce a una experiencia en trance incluso en lugares tan estériles como una sala de conciertos. a lo largo de los siglos como una de las principales vías pacificas de penetración del Islam. Comerciantes y sufíes llegaron a los confines del mundo conocido, desde las costas del Atlántico hasta las Filipinas. Pero, en vez de dirigir su influencia hacia los círculos del poder local o tratar de imponer algún tipo de teocracia (y téngase en cuenta que una cierta tendencia teocrática es casi consustancial al Islam) los sufíes han preferido ser considerados como hombres santos, sobre todo en los territorios marginales del mundo musulmán. En el subcontinente asiático el sufismo es conocido como el Islam popular Por eso no es de extrañar que el sufismo sea hoy perseguido- -de forma más o menos abierta- -por quienes sustentan religiosamente a los extremistas, por los wahabíes que tienen su hogar nacional en Arabia Saudí, por los deobandis del subcontinente asiático y los salafistas- yihadistas. Desde hace al menos diez años, grupos deobandis y salafistas atentan de forma sangrienta contra todas las demás corrientes islámicas en Pakistán, especialmente contra los chiíes y, con más furor si cabe, contra los sufíes que a su origen chií unen todo tipo de herejías para un fanático integrista. De forma algo menos salvaje esa persecución se extiende a Irán, aunque el propio Jomeini se sintiera cercano al misticismo y declarase: Algunos estudiosos niegan la validez del misticismo, lo que es algo lamentable Es cierto que siempre ha habido discusiones sobre lo apropiado del camino sufí, asunto que ha ocupado la atención de numerosos estudiosos a lo largo de la historia. Pero hasta que el fundamentalismo no irrumpió con una fuerza imparable en el actual mundo musulmán, siempre hubo un grado de aceptación dentro de una religión tan variada en sus manifestaciones como el Islam. No se trata de presentar a los sufíes como los buenos del Islam, por mucho que sus expresiones, símbolos y principios nos resulten más familiares o admirables que otros. El Islam, como el Cristianismo o el Budismo, como toda gran religión mundial, ha sido practicado por la inmensa mayoría de los creyentes como una religión básicamente tolerante. Aunque evoluciones históricas propias, también inducidas por el imperialismo occidental de los siglos XIX y XX, han conducido a que sean precisamente los más extremistas quienes marquen el tono de la actualidad y difundan la errada imagen que en otras culturas tenemos del Islam. Legados como el del sufismo no lo merecen. El Islam popular Pero el sufismo no se ha limitado a esa sola música que hace girar a los danzantes, sino que, como su poesía, se ha extendido a prácticamente todos los países musulmanes, desde Indonesia a Marruecos. Por ejemplo, el Qawwali hunde sus raíces en el siglo VIII, en Persia, aunque fue formalizado por Amir Khusrau en el siglo XIII, en la India. Una tradición de enorme influencia, transformada en éxito universal en nuestros días gracias al paquistaní Nusrah Fateh Ali Khan, fallecido hace pocos años en el cenit de su arte y de su éxito en el mundo islámico. Junto a las legendarias caravanas comerciales, esta visión mística sirvió y ha seguido sirviendo Su poesía floreció en idiomas tan diversos como el árabe, kurdo, persa, punjabí, turco... La influencia en la literatura española, desde Cervantes a San Juan de la Cruz, es evidente