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15 4 07 EN PORTADA Heloïse Coutaz, estudiante en Marsella Sarhan Mtimet, camarero tunecino- francés, en Lyon Roland Dumas, ex ministro de Exteriores, en Limoges J. Pollet- Villard, librero de Lyon, partidario del justo desorden vuelva en la bandera. Nacido en la Alta Saboya, se confiesa historiador autodidacta, ateo militante No le inquietan los inmigrantes, sino los integristas para los que propone la misma medicina que se utilizó contra los católicos intransigentes: guillotina Votará por Bayrou, porque el resto de los candidatos son autoritarios Anarquista, para probarlo extrae de un revoltijo una cartulina con su emblema: ¡Aquí el justo desorden! Tres hijas de la clase media, Julie Fraisseix (25 años, padre pintor de brocha gorda, madre astróloga) Leticia Raneldi (21, padre fontanero, madre secretaria de su padre) y Lydie Boiteux (26, padre jubilado, ex agente inmobiliario, madre ama de casa) se toman un tentempié entre clases del CIEFA, instituto de formación profesional del barrio lyonés de Valli donde cursan 5.000 jóvenes y ellas estudian administración empresarial. Las tres comparten sólidas ideas políticas, deploran la utilización de la bandera y el himno, critican a los jóvenes que queman coches y no se comprometen y están de acuerdo con vetar el velo en el trabajo y la escuela. Coinciden con Alain Morvan, que dimitió como rector de la Academia de Lyon por la creación de una escuela primaria musulma- Francia vota La espléndida crisis (Viene de la página anterior) dalo a cuenta de un africano que se salta un torniquete del metro sin pagar y en la Gare du Nord (estación del Norte) se arma una gresca entre policías y manifestantes, y la cuestión de la seguridad vigoriza como un rayo la campaña electoral, alguien denuncia al mendigo que vocifera desde la fachada de la hermosa catedral primada de Lyon, la de Saint Jean, sede de dos concilios, y la policía se lo lleva esposado sin que nadie se inmute. No lejos de la mole románica trabaja Sarhan Mtimet. Hijo de tunecinos, ha pasado sus 23 años a caballo entre Francia y Túnez, disfruta de la vida como camarero en el restaurante Julien, aunque su ambición es titularse en comercio en la misma ciudad donde su padre estudió la abogacía que ejerce en Cartago. La política le interesa, pero los programas son aburridos Se siente más cerca de Royal que de Sarkozy Frente a la Maison Battu- Julien, en el número 34 de la rue Saint- Jean se encuentra la caótica librería ABECEDAIRE antigua casa Herodote con su despeinado propietario J. Pollet- Villard, de 58 años, al frente. Le parece sencillamente estúpido hablar de identidad y que la candidata socialista se en- na bajo la venia del entonces ministro del Interior, Sarkozy. Vonnisieux es un barrio fabril. La insistencia de la lluvia acentúa la melancolía de las chimeneas. Pero en el restaurante Les Routiers se respira buen humor. ¿Alienta aquí el alma de Francia, en el menú a 11 euros: huevos cocidos con mayonesa y cuatro lonchas de charcutería con patatas gratinadas? Un ex obrero de 38 años opta por un bocadillo. Después de años en una cadena de alimentación se ha hecho autopatrón. Como a todos los franceses le apasiona la política. Sobre el voto, secreto, la decisión está tomada Para él la cuestión de la bandera es una maniobra, lo importante son las relaciones entre padres e hijos tiene dos, de 4 y 12 años el trabajo y las relaciones entre patrones y obreros En la calle, graniza. Salto al primer autobús: hiyabs islámicos en algunas mujeres y muchachas, chándales grises y negros con capucha en jóvenes suburbiales. Enfrente se sienta un niño, que descarga su pesada mochila en el asiento contiguo. Lleva el pelo al cepillo y viste sudadera gris con la incripción URBAN BOYS No tiene 13 años. Formas de la cultura global y sus afluentes que todo lo inundan, con la producción y el consumo como dos caballos que tiran sin cesar, un crecimiento sin límites, un desarrollo constante, que lleva a ninguna parte y que, precisamente en Francia, ha suscitado un movimiento a favor del decrecimiento Contra la uniformización, resultan casi conmovedoras en su mezcla de calculada ingenuidad y negocio los resturantes que tratan de salvar el espíritu en el mantel. La falsa autenticidad necesaria para la buena digestión y la marcha de las cosas (incluida la preciosa identidad) ademas del turismo, que busca esas certezas, esas características nacionales. La idiosincrasia. Por eso se paga. Restaurantes como barcos (el Bleu de toi) o como granjas (el Agrícola) en el corazón de Lyon, pero sin las zozobras ni la incomodidad del mar ni los olores, las humedades o la necesidad de dar de comer al ganado y madrugar. Falsos decorados cuidados hasta el mínimo detalle. Misterios y miserias de la antropología cultural. Cuasi secretos jardínes temáticos de la identidad. La verdadera Francia que se come, la que come bien y se mira comer. Mesas temáticas ABC. es Versión extensa en www. abc. es prensa domingos domingos. asp