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15 4 07 EN PORTADA Menú del día (salchicha con patatas gratinadas) un plato republicano aunque le atraen las propuestas inteligentes de Bayrou. El historiador Max Gallo evocó con el escritor Alain Finkielkraut a instancias de Le Figaro la figura clásica de Renan: la nación como alma, principio espiritual Ante la sugerencia de Finkielkraut de que la identidad francesa es una consigna exigente, no es el nombre de un ministerio Gallo apuntó que la novedad es que cada inmigrante quiere que la historia de Francia empiece con él. Esto no ocurría antes. Pertenezco a una familia de inmigrantes italianos. Es evidente que nosotros reconstruimos nuestro sitio dentro de esta herencia francesa. Actualmente, la diferencia estriba en que la historia ya no unifica Finkielkraut estima que si la responsabilidad de los asuntos comunes es competencia exclusiva del gobierno, y si la sociedad no tiene en cuenta nada más que sus derechos y exigencias, es el fin de la República y remacha: Una sociedad de acreedores no es una ciudadanía. Pero se plantea otra cuestión: ¿Sigue considerando Francia que es una civilización? ¿Sabe que la literatura ha desempeñado un papel central en la constitución de su identidad? No. Lo ha olvidado El taxista calca el estereotipo: indignado con el mundo. A sus 57 años, André Bouchet cree que el horizonte francés es la guerra civil Dividida su alma entre Le Pen y Sarkozy eleva la mirada geopolítica sobre los tejados de su Marsella natal para culpar a la tolerancia y la cobardía de los europeos, sobre todo de los italianos, los franceses y los españoles y vaticina: Pagaremos muy caro el haber abierto las puertas a quien no cree en la democracia, en el trabajo honrado y no respeta El restaurante Les Routiers, en el distrito fabril de Vonnisieux, a las afueras de Lyon Francia vota La espléndida crisis TEXTO Y FOTOS: ALFONSO ARMADA ené Potola, vagabundo, nació hace 58 años en la isla africana de Reunión, uno de los departamentos ultramarinos que siguen bajo pabellón francés que también votarán el 22 de abril su nuevo presidente. Junto al viejo puerto de Marsella, reconvertido en dársena para yates, Potola no se arrepiente de haber dejado África hace casi cuatro décadas. Se vino a Francia en busca de una vida e hizo un poco de todo Divorciado, no tiene hijos: Mis hijos son las palomas Aunque sus amigos del lumpen marsellés y el vino peleón, en su mayoría magrebíes, dicen que simpatiza con Le Pen como muchos proletarios que han pasado de la fe comunista al miedo al otro, de la deslocalización empresarial a la búsqueda de un patriotismo que les ampare, Potola dice que nunca vota, pero que esta vez lo hará por los socialistas de Marsella La Marsellesa y la bandera tricolor se convirtieron en ejes de la carrera para suceder a Jacques Chirac en el trono republicano del Elíseo desde que el candidato de la derecha, Nicolas Sarkozy, propusiera un Ministerio de la Inmigración y la R Identidad Nacional, y la socialista Ségolène Royal reaccionara cerrando sus mítines con el himno nacional y proclamando su devoción tricolor. El único que ha desdeñado enarbolar los símbolos ha sido el centrista François Bayrou, una fiebre que tachó de nacionalismo de baja estofa En la Corniche (cornisa) marsellesa, el mar bate contra los acantilados. No muy lejos del melancólico arco levantado en honor a los héroes del Ejército de Oriente y de las tierras lejanas Heloïse Coutaz espera el autobús. Estudiante de secretariado en el Lycée Perrinod, a sus 22 años le preocupan las elecciones porque le preocupa el porvenir Su padre trabaja en France Telecom (ahora Orange: otro signo de los tiempos que desdibuja la identidad) A Coutaz le parece bien que bandera e himno no se olviden, porque la identidad es importante pero mal porque se pueden resucitar fantasmas Le espanta Le Pen: Si ganara sería la guerra civil No ha decidido su voto, Finkielkraut: Si la sociedad no tiene en cuenta más que sus derechos y exigencias, es el fin de la República. Una sociedad de acreedores no es una ciudadanía