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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE no faltó la propia intencionalidad de los franceses en generar una imagen caótica de anarquía capitalizable por Napoleón que tenía, en ese momento, a los reyes secuestrados en Bayona. El impacto nacional del levantamiento y la represión subsiguiente fue muy grande, y el movimiento social se extendió con increíble rapidez en buena parte del territorio español, a caballo del vacío de poder abismal en el que la monarquía española había dejado el país. ¿Cuál fue la naturaleza del levantamiento a escala española? Es difícil condensar la pluralidad de expresiones del levantamiento y sus secuelas juntistas en una homogénea explicación. Hubo, sí, entre tantas variantes diferenciales, algunas constantes. El miedo y la irracionalidad de muchos comportamientos, por ejemplo. O una estela de asesinatos nada dignificantes Mucho oportunista sin escrúpulos, muchas tensiones sociales de amplio calado que se vehiculan a través de cauces salvajes, triste avanzadilla de muchos dramas históricos vividos en nuestro país a lo largo de los siglos XIX y XX. Ni la ingenua tesis de la espontaneidad revolucionaria de cierta historiografía liberal ni la amargada tesis de la conjura sugerida por cierta historiografía conservadora sirven de explicación suficiente para un fenómeno social tan complejo. El análisis de la trayectoria de la guerra nos introduce en la mitología propiamente bélica. Los protagonistas y sus amigos. Los primeros son tres: soldados regulares, guerrilleros y resistentes a los sitios. La épica del patriotismo se asienta sobre este triple pivote. El primero nos conduce al mito del militarismo español, de las capacidades efectivas reales de los ejércitos españoles, tema últimamente replanteado por Kamen al referirse al Imperio español de los siglos XVI y XVII y sus recursos militares. Hay una tradición liberal de amplio eco muy dada a minimizar y devaluar, a veces de manera caricaturesca, las insuficiencias militares españolas. El divorcio del ejército y la sociedad liberal se fraguó precisamente durante la guerra de la Independencia. La priorización de la guerra o de la revolución generó múltiples desgarros ideológicos. La realidad, a la hora de valorar la situación objetiva del ejército regular, es que, aun con todas sus limitaciones, que fueron muchas (la guerra se hizo como se pudo, nunca como se debía, ha dicho Cassinello) demostró una permanente voluntad de resistencia que han reconocido hasta sus más beligerantes críticos y, desde luego, fue culpable sólo relativamente de las precariedades que le caracterizaron. La guerrilla, frente al mito de la torpeza o carencias del ejército regular español, ha sido sublimada tradicionalmente como la gran aportación española, el órdago hispánico que permitió ganar la guerra a los franceses. La guerrilla constituye un fenómeno muy plural y de incidencia muy variable. Diversidad sociológica, estímulos diferentes, número de componentes por partida muy distinto, efectividad hábilmente hiperdimensionada por los medios, destinos políticos dispares (del conservador Merino al liberal comprometido Empecinado pasando por las dudas del, a la postre, liberal Espoz y Mina) Demasiado ruido periodístico el de las guerrillas La devaluación del mito se impone. El tercer brazo del patriotismo militar lo constituye la defensa heroica ante los sitios urbanos. Una larga tradición de literatura Ni la ingenua tesis de la espontaneidad revolucionaria, ni la amargada tesis de la conjura explican un fenómeno social tan complejo como el del 2 de mayo La guerrilla, frente al mito de la torpeza o carencias del ejército regular, ha sido sublimada como la gran aportación española, que permitió ganar la guerra resistencial respalda esta épica. La conexión con Numancia y Sagunto era inevitable. Como casi siempre, dos ciudades también (Gerona y Zaragoza) serán las principales protagonistas, aunque no sólo los sitios tuvieron por sitiadores a los franceses. Ahí está, por ejemplo, el sitio de San Sebastián por los ingleses. Los héroes son siempre los ciudadanos resistentes, el colectivo de defensores, pero no pocos nombres propios afloran sobresaliendo de la colectividad. Un militar frustrado, gris como Álvarez de Castro, obsesionado por la ocasión que la resistencia de Gerona le ofrecía de redimir su mediocre currículum militar. Un soldado afortunado como Palafox con enorme olfato publicitario que, desde que inopinadamente los aragoneses lo elevaron a la cabeza de su junta, creyó que la historia estaba con él Y las mujeres. Nunca éstas habían tenido el protagonismo personal que tuvieron en los sitios. En especial, Agustina de Aragón. Una catalana emigrada a Aragón, de vida familiar desgarrada, que hizo del heroísmo coyuntural una carrera profesional como militar y una carrera mediática como heroína ante la historia, hasta convertirse en símbolo no sólo de la glorias nacionales, sino de cierto feminismo que anticipa la liberación de la mujer emergente.