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8 4 07 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN La Guerra de la Independencia Pocos episodios de nuestra historia han sido tan polémicos como el levantamiento contra Napoleón. El historiador Ricardo García Cárcel- -de cuya obra ofrecemos un fragmento- -revisa los mitos elaborados y reelaborados desde 1808. A punto de cumplirse su segundo centenario, vale la pena asomarse a la Guerra de la Independencia y su estela de esperanzas y desastres Título: El Sueño de la Nación Indomable Autor: Ricardo García Cárcel Editorial: Temas de Hoy Páginas: 416 Precio: 25 euros Fecha de publicación: 10 de Abril res figuras capitalizan esta memoria mítica. En primer lugar, Manuel Godoy, el mito del traidor. Un escalador social y político, sin demasiados escrúpulos, sin miedos en un horizonte cargado de miedos hacia los cambios que se anunciaban en pleno crepúsculo del Antiguo Régimen. Admirado y halagado hasta el éxtasis por no pocos intelectuales que creyeron ver en él la ilusión del cambio necesario y posible, no traumático, aportó, de entrada, su condición de homo novus, no contaminado por la lucha de clanes políticos, en tanto que apoyó su poder en la capacidad de fascinación personal que ejerció sobre los reyes Carlos IV y María Luisa. Si detrás de esa fascinación había sexo o no, es, en el fondo, históricamente irrelevante Desde 1800 la admiración hacia el hábil escalador se troca en envidia y resentimiento, fundamento del mito de traidor, mito resplandeciente en 1808, y del que participaron conservadores y liberales. Su política concesiva hacia Francia, con o sin intereses particulares de por medio, devino en desastres como Trafalgar y sus conflictivas relaciones con el infante Fernando, que se plasmaron en la confusa Conjura de El Escorial, y acabaron por poner en evidencia ante la opinión pública el auténtico perfil moral del personaje. Y como en el 711 con el conde don Julián, ante un cambio decisivo en la historia siempre viene bien inculpar a alguien del sufrido papel de traidor. Permite la exculpación colectiva por el marasmo sufrido. Godoy es que vivió mucho y tuvo tiempo y medios para contar su propia versión de la historia, para redimirse, en definitiva, de la tal etiqueta. El segundo mito personal es el de Napoleón la imagen del corso tuvo su momento dulce, sobre todo de 1796 a 1808. Era entonces para la opinión pública española un tipo fascinante. Los conservadores lo valoraban porque pensaban que acababa con los miedos generados por la Revo- T lución francesa. Los primeros liberales glosaban su figura porque veían que era el albacea testamentario de las conquistas de esa misma Revolución. Para todos ellos era la demostración de que los nuevos tiempos permitían que un tipo salido de la nada llegara a donde llegó Napoleón, sólo fundamentándose en su genio militar. A partir de 1805 empezaron los primeros temores hacia la estrella emergente, temores que fueron creciendo en intensidad hasta 1808. ¿La invasión de España fue preconcebida mucho antes de la Conjura de El Escorial o fue un puro ejercicio de explotación sobre la marcha de una querella familiar? A luz de la capacidad de improvisación de Bonaparte, es posible que todo se decidiera un tanto precipitadamente. ¿Fueron creíbles sus pronunciamientos regeneracionistas respecto a España? En su tiempo sólo lo creyeron los afrancesados, pero es muy posible que, en esto, fuera sincero. Regeneracionista, eso sí, desde el paternalismo, el complejo patente de superioridad frente a unos españoles de los que tenía la penosa imagen que los viajeros franceses barrocos e ilustrados habían dado. A la postre le perdió ese imaginario. Le fascinó mucho, por otra parte, la frontera americana, la creencia en El Dorado del Nuevo Mundo y la rentabilidad que él le podría sacar al mercado atlántico. El sueño colonial. acabó en Santa Elena, consciente de que la guerra de España fue su gran error, el abismo cubierto de flores. La historia de José I, del herma- Ricardo García Cárcel Historiador Y como en el 711 con el conde don Julián, ante un cambio decisivo en la historia siempre viene bien inculpar a alguien- -Godoy- -de traidor A Napoleón le fascinó la frontera americana, la creencia en El Dorado del Nuevo Mundo y la rentabilidad que él le podría sacar. El sueño colonial nísimo, es la de la lucha imposible de la realidad contra el tópico, Nunca pudo superar el estigma de rey impuesto ni hacer creer sus buenas intenciones y sus capacidades de buen rey al margen de su hermano. Enfrentado a éste por sus constantes demandas de dinero y por su oposición a los planes de fagocitación de parte de España por Francia, acabó solo. Pudo rehacer su vida en Estados Unidos realizando, de alguna manera, el sueño americano del hermano, y fue el Bonaparte más feliz de toda su familia, fuera del escenario de representación que le tocó vivir. El tercer mito personal es Fernando, como príncipe, un mártir; como rey, el Deseado. Su condición de mártir le vino como hijo de su desnaturalizada madre. Aunque nunca se llegó a convertir a ésta en una Mesalina, la opinión de 1808 se acercaba a este arquetipo. Del mito del príncipe mártir se pasó sin transición al del rey Deseado. La Restauración supondría la gran decepción. El descubrimiento del auténtico Fernando. Sus víctimas en 1814 y 1823 sufrieron dolorosamente las consecuencias de la caída del mito que, sin embargo, no fue del todo enterrado. Si la gestación de la guerra generó mitos adscritos a personas, el desarrollo de la misma traslada el imaginario mitificador a colectivos de muy distinta naturaleza. El punto de partida de la guerra se sitúa en un día, el 2 de mayo, que se carga de connotaciones simbólicas. Aquel lunes primaveral de Madrid se elevó a los altares, ya desde muy pronto, como el día por excelencia de la gran explosión popular contra los franceses. La consagración de un punto de partida y no un punto de llegada como el 11 de septiembre de 1714 para los catalanes. La construcción del mito fue compulsivamente rápida y pronto se irá rellenando de advocaciones institucionales, monumentales y cívicas. La realidad, como suele ocurrir, fue mucho más mediocre. Un motín en el que confluyeron diversas vías conspirativas y en el que