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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE ses del pueblo a la democracia formal. Pero el pasado del comunismo europeo, al igual que el del antifascismo, es, como explicara François Furet, una historia cargada de equívocos y falsedades. El caso español no fue, desde luego, muy diferente desde que en 1921 naciera el PCE. Todavía estaban muy recientes las heridas abiertas por la terrible Gran Guerra que había asolado Europa. El conflicto había dado lugar, entre otros hechos, a la caída de los Zares, dejando paso, tras el fracaso de una pretendida revolución liberal- democrática, a un régimen de dictadura bolchevique comandado por Lenin. La influencia de la nueva Rusia comunista se notaría, muy pronto, en la vida interna de los partidos socialistas europeos, obligados a elegir en 1921 entre mantener sus señas de identidad o adherirse a la Tercera Internacional impulsada por los soviéticos. Los socialistas españoles tomaron, no sin una importante discusión previa que ha explicado muy bien Luis Arranz Notario, la decisión de no aceptar las 21 condiciones impuestas por Moscú. Pero el episodio dio lugar a la escisión de un sector minoritario que formó el PCE. Con el leninismo como punto de referencia, el comunismo español se sometió a la tutela ideológica de Moscú. Para entonces, sin embargo, estaba claro que los planes de Lenin de una revolución a gran escala no iban a cumplirse fácilmente. El PCE, por tanto, habría de conformarse con un lentísimo desarrollo. Quizá porque el Partido Socialista y en particular Largo Caballero no necesitaban a nadie por su izquierda que los animara a radicalizarse, o simplemente porque el anarquismo español se erigió en representante de la lucha obrera contra la democracia burguesa de los republicanos, lo cierto es que los comunistas no tuvieron sitio ni siquiera en la vida política de la Segunda República hasta que el pacto del Frente Popular les permitió llegar al parlamento en 1936. No hizo falta, por tanto, alcanzar buenos resultados electorales, al modo en que por entonces lo estaban haciendo los comunistas alemanes. Bastó con que estallara la guerra y con ella la revolución, para que los comunistas de José Díaz, en medio del desbarajuste socialista y la absoluta impotencia, cuando no desidia de la izquierda republicana, aumentaran rápidamente su influencia. La debilidad de sus aliados y la trascendental ayuda militar so (Pasa a la página siguiente) Carrillo, ida y vuelta La biografía política de Carrillo (1915) es una historia de ida y vuelta. La ida empezó en vísperas de la Guerra Civil con el abandono de las filas socialistas y su paso al Partido Comunista. A esa identidad política permaneció adscrito casi todo el resto del siglo XX. La vuelta se produjo en plena Monarquía democrática, cuando años después de que los socialistas llegaran al gobierno y su propio partido abjurara del eurocomunismo, Carrillo decidió retornar a la formación política de su juventud. El año que estalló la Guerra Civil Carrillo cumplía 21 años. Para entonces, ya había sido secretario general de la Juventudes socialistas, había participado en la revolución de Octubre de 1934 y había pasado por la cárcel. Ese año, en noviembre y ya en plena guerra, ingresó en el Partido Comunista, desde donde defendió la estrategia soviética: contener el radicalismo revolucionario, centralizar el esfuerzo de guerra y preparar el camino para la llamada democracia popular. Todo eso sin olvidar su particular contribución, como consejero de Orden Público en la Junta de Defensa, a la política de terror revolucionario que pulverizó la legalidad constitucional en el Madrid republicano. Terminada la guerra, empezó la etapa del exilio y la oposición clandestina. Aunque a mediados de los 50, ya desde la dirección del PCE, Carrillo y los comunistas españoles estuvieran entre los primeros en hablar de una reconciliación nacional su gran contribución a la construcción de una España democrática no llegaría hasta después de la muerte de Franco. En 1977 y 1978 mantuvo contactos fructíferos con el gobierno de Suárez, aceptó el camino abierto por la Ley para la Reforma Política y dio los pasos necesarios para hacer posible la legalización de los comunistas. A lo que se añadiría, meses más tarde, una contribución notable a la construcción del consenso constituyente de la nueva democracia. El pacto del Frente Popular Compañeros de lucha Álvaro Cunhal Enemigo del eurocomunismo y de la perestroika fue un político carismático, pero muy difícil para formar alianzas pragmáticas o contemporizar con la realidad. Tuvo sus días de gloria en los dos años posteriores a la revolución portuguesa. Después, poco a poco se fue convirtiendo en un recuerdo de la historia Georges Marchais Aunque coqueteó con el eurocomunismo, el líder comunista francés siempre se sintió mucho más cómodo bajo la tutela de la URSS. Es más, siempre creyó que el declive del comunismo en Europa se debió a su distanciamiento del Kremlin. Lo suyo era la ortodoxia y la obediencia debida al mando Enrico Berlinguer Padre del eurocomunismo, el dirigente comunista italiano rompió con la URSS en 1980, condenó la invasión de Afganistán y pudo así garantizar una línea más independiente y liberal a su partido. Se pasó media vida buscando una alianza con los democristianos y otra media pidiendo una coalición de la izquierda