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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Ek Bahadur Rana junto a su familia. Toda una vida de combate y sacrificios, para acabar recibiendo una pensión de 34 euros mensuales habitantes subsisten bajo el umbral de la miseria. Igual le ocurre a Ek Bahadur Rana, que a sus 75 años malvive con su familia en una inmunda chabola del distrito de Tanahun, en Katmandú. Como hacíamos muchos campesinos nepalíes en esa época, me alisté en el Ejército Británico cuando tenía 17 años porque en mi casa éramos muchos hermanos y mi padre no podía darnos de comer a todos relata a ABC este veterano de guerra, que luchó contra la guerrilla comunista de Malasia desde 1950 hasta 1956. Pasábamos seis meses seguidos al año patrullando por la selva, con el fango hasta las rodillas y los mosquitos picándonos por todas partes recuerda emocionado Ek Bahadur, quien vio morir a varios de sus compañeros de pelotón. Nos tendían emboscadas constantemente; las balas silbaban a nuestro alrededor mientras las bombas estallaban a pocos metros. Teníamos suerte si veíamos al enemigo dos segundos antes que él a nosotros. Si no, todo se había acabado y eras hombre muerto sentencia. Milagrosamente, Ek Bahadur Rana salió con vida del infierno malayo y, tras pasar un par de años en Hong Kong, se licenció en 1959. Pero lo que le esperaba como civil no era mucho mejor. A pesar de mis condecoraciones, me dieron 1.900 rupias hindúes (27 euros) una miseria se queja el ex soldado, quien empezó a trabajar como cocinero en la Embajada británica. A los 65 años, comenzó a percibir una pensión mensual de 600 rupias nepalíes (6,7 euros) que ya ha subido hasta las 3.000 rupias (34 euros) pero necesita el triple para sacar adelante a los siete miembros de su familia que comparten el mismo techo: su esposa, sus dos hijos, su hija, su cuñado y dos nietas. La casa, construida con los fondos que recibe del centro de asistencia de los gurkas es un cuchitril enclavado en uno de los barrios más pobres de Katmandú, donde la electricidad sólo llega dos horas al día y por cuyos callejones corren las aguas fecales porque no hay un sistema de saneamiento público. Triste destino para un héroe que arriesgó su vida por el Imperio, ya que los gurkas son famosos por su valentía en el campo de batalla. Así lo acreditan las 6.500 condecoraciones recibidas, entre las que figuran 13 cruces Victoria y una del Rey Jorge, pero, sobre todo, los 45.000 caídos en acto de servicio y los 150.000 heridos registrados entre sus filas durante los dos últimos siglos. Nuestro objetivo es acabar con la discriminación, conseguir la igualdad y tener los mismos beneficios médicos, sociales y educativos que los otros militares, ya que el Reino Unido se ha aprovechado de nosotros denuncia Mahendra Lal Rai, que sirvió entre 1974 y 1994 y ahora es el secretario de GAESO. Al licenciarse, decidió seguir luchando, aunque él escogió el ámbito legal. Muchos otros ex gurkas no tienen más remedio que enrolarse como mercenarios en Irak o trabajar sin papeles como guardaespaldas para oscuras compañías de seguridad privada en Japón, Singapur o Malasia. Uno de ellos era Shyam Lal Pun, que sirvió en el Ejército británico desde 1975 hasta 1990 y, tras licenciarse con una exigua pensión, se vio obligado a probar fortuna primero en Brunei y luego en Irak. En este convulso país, donde trabajaba como guardia de seguridad, fue asesinado en abril de 2004 al caer en una emboscada de la insurgencia. Si mi esposo hubiera recibido una jubilación adecuada, jamás habría tenido que marcharse y hoy lo tendría a mi lado se lamentó su viuda, Phul Maya Pun, a la comisión internacional que redactó el informe Gurkas, los veteranos olvidados en diciembre de 2005. En esta misma situación de abandono también quedó P. B. Sumwan, que tiene 63 años y emigró a la India como vigilante de una fábrica porque el Ejército británico premió su década de servicio (1961- 71) y sus condecoraciones en Indonesia y Brunei con 20.000 rupias (226 euros) Según explica desengañado, está dispuesto a librar su última batalla porque arriesgué mi vida, di los años más preciosos de mi juventud y ahora no tengo nada, ni siquiera una miserable pensión AP hasta ahora eran de 145 euros al mes, con las del resto del Ejército, que ascienden a 803 euros. La medida, sin embargo, sólo afectará a los 3.300 que aún forman parte de sus tropas y a los que se hayan licenciado a partir del 1 de julio de 1997, cuando el cuartel general de los gurkas fue trasladado al Reino Unido tras la devolución de Hong Kong a China. Esta distinción deja en la más absoluta precariedad a los 25.000 veteranos que componen la Organización de Ex Miembros del Ejército de Gurkas que ha emprendido una cruzada legal contra Londres para que reconozca los derechos legales de sus afiliados. Algunos son ancianos que en su día combatieron en la Segunda Guerra Mundial. Es el caso de Tul Bahadur Pun, que hoy tiene 86 años y fue premiado con la Cruz Victoria en 1944, o de Kamal Mohan Gir, herido por los japoneses en Birmania. En la actualidad, ambos deben mendigar cada mes ante el Centro de Bienestar de los Gurkas una especie de beneficencia del Ejército británico, para recoger la pensión de 25 libras (37 euros) que Londres considera apropiada para el nivel de vida de Nepal, uno de los países más pobres del mundo y donde el 80 por ciento de sus 23 millones de Entre fango y mosquitos Como hacíamos muchos campesinos, me alisté en el Ejército británico cuando tenía 17 años porque en mi casa éramos muchos y mi padre no tenía para darnos de comer Teníamos suerte si veíamos al enemigo dos segundos antes que él a nosotros. Si no, todo se había acabado y eras hombre muerto