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1 4 07 EN PORTADA Adolfo Suárez, artífice de la vuelta de la democracia a España, supo también defenderla con gallardía EFE España La leyenda negra de la derecha POR GERMÁN YANKE o de derecha e izquierda en política comienza, como se sabe, por la ubicación de los miembros de la Asamblea Nacional en la Revolución francesa. Vaya por delante que, visto con perspectiva, muchos de los que se sentaban a la izquierda de la presidencia, jacobinos y cordeleros, fueron inmediatamente después protagonistas del Terror y del desastre económico e institucional. La burguesía ilustrada sentada a la derecha demostró, en la inmensa mayoría de los casos desvinculada del Antiguo Régimen, más moderación e inteligencia y mucho menos fervor por la violencia. La paradoja es, sin embargo, que, con el paso del tiempo, la izquierda ha gozado de mejor prensa, por decirlo de algún modo, que la derecha. Es acertada la expresión de mejor prensa porque, a la postre, su buena imagen viene por el mayor éxito de esas posiciones ideológicas entre intelectuales, académicos y publicistas. Aún hoy, en España, hay una cierta actitud refractaria a definirse políticamente como de derechas, tanto entre los ciudadanos (no hay una correlación lógica entre el voto en las urnas y el modo en L que los votantes se definen en las encuestas) como entre los ciudadanos que representan a partidos que son, evidentemente, de derechas. Ellos son, lo escuchamos a diario, de centro o, en todo caso, de centro- derecha. Paradoja por paradoja, José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, quería que los suyos estuvieran sentados en el centro de los escaños del Congreso precisamente por oponerse a la división ideológica entre izquierda y derecha. Si, como se repite con razón, en nombre de la libertad se han cometido muchos crímenes, se puede también afirmar que, en nombre de unos supuestos valores de la derecha, se han cometido también y se han vulnerado las reglas más elementales de la democracia y el Estado de Derecho. Pero esa no es una característica de la derecha, sino de la degradación humana y del empeño por salirse con la suya en vez de ser razonables. En la historia de la izquierda política hay tantos crímenes y tantas dictaduras como en el otro lado del espacio político, Presentar a la derecha como antidemocrática es una idiotez y fundamentar esta aseveración convirtiéndola en una herencia del franquismo, otra sandez aún mayor algunas- -muy significativas- -aún vigentes. Muchas de las recientes vulneraciones de la democracia en Iberoamérica se definen como movimientos de izquierda, más o menos revolucionarios. Si nos fijamos en las grandes dictaduras del siglo XX en Europa, por cierto, observamos que unas se veían a sí mismas como la representación primigenia de la izquierda y otras, qué curioso, se negaban a definirse como de derechas. También las ha habido, por la peculiar manera de imponer autoritariamente algunos valores que podemos denominar conservadores, de derechas. El franquismo, por ejemplo. Tan larga dictadura, aún con diferentes fases, ha alimentado en España la leyenda negra de la derecha y, sorprendentemente, todavía pesa sobre el debate político. Sorprendentemente, a mi juicio, porque la curiosidad ideológica- -o más bien sociológica- -del momento es que la mayoría de la derecha quiere dejar atrás el franquismo y una parte de la izquierda actual quiere ser antifranquista hoy aunque no lo fuese mientras el dictador vivía. O, en todo caso, parece querer serlo ahora más que entonces. A esos intereses sirve, no hay duda, la construcción de una caricatura (la derecha siempre dogmáti-