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D 7 25 3 07 Apenas si ejerció un año la arquitectura tras ser devorado por otras pasiones: la música y la creación artística. Fue teclista de Los Elegantes, una de las bandas legendarias del Madrid de la movida. y ahora le da a la tecla en la J. Teixi Band, hija legítima de aquel grupo y de Mermelada, mientras desarrolla su trabajo como artista visual hechizado por la tecnología. Y de paso, aún le ha quedado tiempo para componer la música del ballet Las zapatilllas rojas estrenado recientemente en el Teatro de Madrid GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Emilio L. Galiacho ARTISTA VISUAL, MÚSICO Y ARQUITECTO Hoy en día, parece que si no existe contenido social no hay arte MANUEL DE LA FUENTE- -Lo suyo parece un concierto a cuatro manos, casi a seis. -Siempre realizo varias cosas a la vez, nunca he podido dedicarme a una única actividad, porque creo que la mente que se dedica siempre a lo mismo acaba siendo poco productiva. Incluso, dentro de la música, compagino la actividad con la Teixi con la composición, como en este ballet. Y también mantengo proyectos en solitario de música electrónica y de investigación de las nuevas tecnologías aplicadas a la música. ¿Cómo fue a parar a aquella banda legendaria llamada Los Elegantes? -Antes de llegar ya estaba bastante implicado en la movida como público, y también tenía un grupo de tecno- punk, A la Felicidad por la Electrónica. Como suele ser habitual, llegué a la banda después de una noche por ahí con Emilio López, uno de sus miembros. Necesitaban un teclista y ahí estaba yo, en 1985. ¿Era tan movida la movida? -Siempre he creído que la movida tenía un componente estético muy claro, que encarnaban Kaka de Luxe, Alaska, Los Zombies, todo ese universo de gente que rodeaba a Almodóvar. Y grupos como Los Elegantes, Nacha Pop, Los Secretos... entraban en el juego musical de la movida, pero no en su juego estético. Babosos, Hornadas Irritantes, se les ha querido juntar en el mismo recipiente, pero no es así, creo que hubo más movidas de lo que se cree, y convivieron todas juntas, pero en paralelo. -Usted estudió arquitectura. ¿Qué le parecen los arquitectos- estrella -Para mí, la arquitectura tiene más que ver con la ingeniería y la sociología, y no sé hasta qué punto las frivolidades y los despilfarros de dinero disparatados tienen sentido. Creo en la humildad del arquitecto como un médico, como un solucionador de problemas que trabaja para que los espacios que habitamos sean agradables y amigables. Elogio de la locura Sí, se puede decir que vivo en una esquizofrenia creativa. De hecho, en los períodos en que me tengo que centrar más en una actividad noto un descenso muy importante de la creatividad. Necesito picar en muchos lados para estar al cien por cien. Todos los mundos puede ser enriquecedores y más con las herramientas que hoy tenemos, ya que la tecnología ha democratizado enormemente el mundo de la creación ÁNGEL DE ANTONIO -Algunas de sus obras, como la serie de Sanchinarro, recuerdan a grupos como Kraftwerk y Devo. -De hecho, por ahí fueron mis comienzos. Incluso ahora mismo tengo un proyecto en solitario, Barman, de música electrónica. Soy absolutamente ecléctico, y huyo de los fundamentalismos. Ahora, tras el estreno del ballet, aún hay gente que me dice, pero cómo te has metido con violines, chelos, una orquesta, si vienes del blues, del soul. Y les digo, pero por qué no. No me gusta ningún integrismo y odio las etiquetas. ¿El arte por el arte, o el arte con mensaje? -En ese sentido, me siento absolutamente surrealista. Parece que ahora el arte tiene que tener un altísimo contenido social, y que si no es así se piensa que cojea. Pero yo creo que los problemas sociales se resuelven con herramientas sociales. También hay una epidemia de diseño que le quita al arte la espontaneidad, lo que tiene de vómito, de visceral. El arte es totalmente libre y no tiene que ver con nada. Si tiene mensaje, pues bien, lo tiene, pero no entiendo a quienes se plantean el mensaje antes de crear la pieza, la pieza tiene que salir de tu inconsciente. Como decían los surrealistas: trabajo cuando sueño. ¿De qué manera le dio por calzarse Las zapatillas rojas -Me lo ofreció María Graciani, la directora y libretista. Me dijo, quiero hacer un ballet completo, al estilo de los clásicos como Coppelia El lago de los cisnes Por supuesto dije que sí y me lo planteé como una banda sonora. Además, había otro aliciente. Tenía que versionear temas clásicos del ballet llevándomelos al mundo del jazz, como si fuera un cabaret, un club de jazz. ¿Entre sus colegas del rock sigue habiendo prejuicios a trabajos como éste? -Más que prejuicios, creo que a la mayoría no les hubiera interesado mucho. El mundo del rock está lleno de poses, aunque se suelen pasar con la edad. Quienes la mantienen es que tienen algún problema psicológico. Tengo una teoría demostrable y demostrada: quien estaba en la música por pose ya no sigue, y los que estábamos por la música seguimos en ella, y nos da igual tocar en pequeños clubes para diez personas que en un gran festival. mdelafuente abc. es