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25 3 07 VIAJES Polinesia Bora Bora existe (Viene de la página anterior) Guía práctica La Polinesia Francesa la forman 5 archipiélagos (islas de la Sociedad, las Marquesas, las Tuamotu, las Australes y las Gambier) Está a unos 18.000 kilómetros de España y es tan grande como toda Europa. Modo de Ir. Air Tahiti y Air France ofrecen vuelos desde París (vía Los Ángeles o Nueva York) hasta Papeete a partir de 1.400 euros ida vuelta. El Crucero. La semana de crucero en el Ti a Moana en pensión completa cuesta 5.000 euros por persona y 9.000 si el camarote es individual. Alquilar el barco con tripulación durante una semana, eleva la cifra a 300.000 euros. Agencias de viajes como El Corte Inglés o Catai hacen un paquete con vuelo, unos días de hotel y la semana en este crucero por 8.000 euros. de las islas de la Sociedad y su exuberante vegetación la convierte en una isla jardín perfumada de vainilla, con un manto tejido de palmeras, cocoteros, framboyanos, hibiscos, crótores... Sus pocas casas de madera, con parabólica incluida, como prefabricadas, llamadas casas sociales han venido a sustituir a aquellas chozas de hojas de palmera que inmortalizaron las películas y que hoy dan cabida a una arquitectura hotelera de superlujo, sobre palafitos, al borde del mar turquesa. En las montañas, junto a las orquídeas de vainilla (la mejor y más aromática del mundo) asoman plantaciones de piñas. Parece que no viva casi nadie (de hecho no pasan de las 4.000 personas) y las pocas casas que hay, franqueadas por una larga caseta para que el repartidor deje la barra del pan (no hay panaderías) albergan algunas pensiones donde se alojan los turistas en busca de paz y tranquilidad. Navegamos hacia Huahine, la más bonita y sensual de todas las islas (si se le pregunta a un polinesio) con una vegetación exuberante y unos caminos trufados de correteros tupas esos enormes cangrejos que salen de sus madrigueras, pero que al menor ruido retornan a ella. En la playa de Hana- Iti, hace años Julio Iglesias compró un inmenso terreno, que después ven- Huahine, la isla más sensual dió, tras su ruptura sentimental con la polinesia Vaitiare. Es la isla perfecta para un botánico. Y allí están también los vestigios arqueológicos más extendidos de la Polinesia, los templos de Orohaehae y Marea, lugares de sacrificios para los dioses. Sus negras y talladas piedras volcánicas, muy bien conservadas, están casi en la playa, lo que le da a la isla un toque mágico. Fare es el pueblecito más grande y no tiene ni 200 metros de largo, eso sí, repleto de joyerías de lujo con las famosas perlas negras de Tahiti, traídas de las granjas que hay por toda Polinesia. Sus lagunas, arrecifes y salvaje vegetación enamoraron a Marlon Brando, que compró un motu (islita) para vivir C. FUENTES Nuestro barco sigue ruta hacia Raiatea, la isla sagrada, y primera que poblaron los polinesios. Sigue siendo la cuna de la cultura polinesia y su segundo polo económico. Cuenta, además, con la maravilla de tener un río navegable, el Faaroa, que tuvimos la suerte de remontar en kayak hasta el jardín botánico. Pero la auténtica sorpresa llegó por la mañana cuando desayunamos en la playa, con los pies en el agua, sobre esa arena blanca de coral y a la sombra de los cocoteros. Un desayuno de película, como las comidas y las cenas en el Ti a Moana, donde dos chefs y un repostero franceses se encargan todos los días de deleitar al pasaje con sus delicatessen regadas con los mejores vinos blancos y tintos del mundo, perfectamente escogidos para cada plato. La cocina en el barco es un bocatto di cardinale y otro aliciente más que añadir al crucero. La siguiente y última parada fue Bora Bora, la Perla del Pacífico, la isla más famosa del mundo, la más espectacular y la más turística. Es una joya. Su maravillosa laguna (con magníficos hoteles a modo de cabañas construidas sobre palafitos) y su exultante vegetación, la han convertido en punto de referencia de este paraíso en la tierra. Aquí tienen casa los millonarios del planeta y aquí se construyó por las tropas americanas y durante la Segunda Guerra Mundial el primer aeropuerto de Polinesia, instalación que más tarde fue regalada a la Francia liberada de De Gaulle. Fue en Bora Bora y con enorme pena, cuando pusimos fin a nuestro crucero. Un avión nos trasladó a Tahití, la más grande de las 118 islas que componen la Polinesia Francesa. Su impulso turístico, como el de las otras islas, surgió en 1961 con la construcción del aeropuerto de Faa a. Hasta entonces los pocos y aventureros turistas llegaban en barco. Papeete, la capital, no es una ciudad como para tirar cohetes Está bastante desparramada, pero el casco antiguo tiene su encanto y por la mañana es muy bulliciosa. Ya de noche, y en el malecón, al lado de donde atracan los grandes trasatlánticos repletos de turistas, una serie de chiringuitos móviles para cenar, las roulottes resultan de lo más pintoresco y divertido, en una ciudad que, a partir de las ocho de la tarde, parece muerta. Todo lo contrario de por la mañana en los alrededores de su Mercado Central, un edificio de hierro de comienzos del siglo XX, repleto de flores, frutas, pescados, telas, cestos y pareos. El interior de Tahiti es una selva bañada de cascadas. Visita obligada al Museo de las Perlas o a las joyerías donde abundan (pero caras) las perlas negras más famosas del mundo.