Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE ro las más turísticas son las que componen el archipiélago de La Sociedad. Si llegar hasta allí sigue siendo una aventura (27 horas de avión con dos escalas, en un viaje largo y pesado) bien merece la pena el sacrificio cuando el camino que se emprende lleva al paraíso, porque ésa es la impresión que se tiene al aterrizar y ver por la ventanilla el mar, liso como un plato, que abraza Bora Bora, la isla emblemática de los Mares del Sur. La mejor forma de conocer las Islas de la Sociedad es en un crucero. D- 7 lo hizo en el Ti a Moana, de la compañía Bora Bora Cruises (www. boraboracruisses. com) un barco de lujo, único y exclusivo, en el que ha viajado Steve Baller, el socio de Bill Gates; un yate nómada, de diseño, con cubiertas de teca por las que se camina descalzo y sin ninguna etiqueta, de 60 metros de eslora, con un máximo de 50 pasajeros y otros tantos de tripulación. Dentro, todo está envuelto en detalles de exquisito gusto y con un trato absolutamente personalizado. Es ese lujo que apenas se nota, con el que se tiene la sensación de vivir un sueño y de tocar el cielo que, en ese hemisferio, está coronado por la Cruz del Sur. Y más que dedicar sus escalas a recorrer los interiores de las islas (que también se hace) el barco cada día nos depara una sorpresa: mañanas o tardes de snorkel en diferentes arrecifes de coral, donde se ven rayas y peces de colores entrando o saliendo de los escondites de esos majestuosos jardines de coral; desayuno con champán en una playa solitaria; proyección de la película Tabú en una pantalla atada a dos palmeras de una playa desierta de un motu bajo las estrellas de la Vía Láctea; sesión, en la popa del barco, de tatuajes (perecederos) con las grecas tradicionales que llevan los polinesios por cuerpo y rostro, a cargo del maestro Tavita; barbacoa nocturna en una playa de corales y cocoteros o Cine en la playa entre palmeras Desayuno sorpresa sobras las turquesas aguas de Taha a, la isla de la vainilla ABC ABC las rodea se mantiene a flote, formando una dulce y tranquila laguna salpicada de motus (islotes) de una belleza indescriptible. La Polinesia francesa, uno de los territorios marinos más vastos del planeta, con sus islas verdes y sus lagos turquesas, está situada en el corazón majestuoso del océano Pacífico, que para nosotros es el otro extremo del mundo, con una cultura- fusión, entre lo ancestral y lo francés, bajo cuyo protectorado lleva ya varios siglos. Lo forman montones de islas, pe- C. FUENTES Los polinesios llevan con orgullo sus tatuajes en diversas grecas esparcidas por cara y cuerpo ISLAS DE LA SOCIEDAD Vaipate Bora Bora Taha a Polinesia Francesa OCÉANO PACÍFICO Uturoa Fare Raiatea Huahine 20 Km remontar el Faaroa en kayak, un río que conduce a un exótico y majestuoso jardín tropical, para adentrarnos en su selva con los guías, incluido el que lleva la farmacia por si alguien se lesiona. Todo es una sorpresa que empieza en el pantalán de Bora Bora nada más aterrizar, con una copa de champán en la mano y una brocheta de frutas en la otra, en una hamaca y a la sombra de las palmeras, mientras la tripulación acerca al barco en la zodiac los equipajes. Allí la vida a bordo es relajada, pues el Ti a Moana no tiene nada que se asemeje a esos cruceros convencionales en los que cientos o miles de viajeros llevan una vida bulliciosa. No hay casinos, ni fiesta de bienvenida, ni cena con el capitán, ni baile de disfraces, ni concursos... Una coqueta biblioteca acoge a los curiosos interesados en los libros anti- guos de la flora o la fauna de la zona, en los tapas (dibujos realizados en papel vegetal) en los relatos de Loti y su exótica boda con una polinesia o en la vida y obra de Gauguin por esos lares. La filosofía del barco es dejarse llevar por un itinerario nada convencional. Nada de querer verlo todo y acabar agotado, ni tener un programa agotador que impida la placentera sensación de verlas venir sino disfrutar de lo que estrictamente le apetezca a uno en cada momento, incluido un café a las seis de la mañana para ver amanecer o una cena a la luz de las velas, en la popa, para festejar un momento especial. La idea es que cada pasajero se sienta como si estuviese en el yate de lujo de un amigo rico, tipo Rockefeller, que se olvide del mundo y que sean otros (una tripulación que parece sacada de un casting de modelos) los que, discreta y profesionalmente, se ocupen de todo sin que se note. Este es el verdadero lujo: el ambiente del barco y la posibilidad de hacer cada uno haga lo que le plazca: calzarse las aletas e ir a bucear, contemplar cómo se van arrugando las yemas de los dedos en el yacuzzi o pedir la zodiac e ir a la playa para sentir la sensación de tener los pies en la tierra, porque en el barco se está en el séptimo cielo. Taha a, la isla de la vainilla El viaje comenzó levantando el ancla en Bora Bora y navegando por su mítica laguna, hasta la playa del motu Tevairoa, donde vinos Tabu a la luz de las estrellas. Toda una experiencia. Al día siguiente navegamos a Taha a, la isla de la vainilla, donde en un hotel de la cadena Relais Châteaux (El Taha a) pasaron parte de su luna de miel los Príncipes de Asturias. Viendo el lugar se entiende que eligieran ese paradisíaco escondite. Taha a es la más salvaje (Pasa a la página siguiente)