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25 3 07 VIAJES El Ti a Moana, un barco de lujo único y exclusivo, recorre algunas islas de la Sociedad, como Bora Bora, la Perla del Pacífico, en un crucero de lujo y nada convencional Polinesia POR CARMEN FUENTES Bora Bora existe Navegar por los Mares del Sur, por Tahití, Bora Bora, Raiatea, Taha á o Huahine, en esa Polinesia Francesa donde navegó nuestra fantasía infantil, sigue siendo un sueño. Sus espectaculares lagunas, arrecifes y atolones, y su salvaje vegetación, la convierten en el paraíso de la Tierra r a Polinesia es para muchos el viaje de sus sueños. Playas de película con cabañas de lujo sobre sus turquesas aguas, vírgenes y solitarias- -sólo los cangrejos salen a curiosear- montañas exultantes de vegetación- -con las más variopintas flores y frutas- -y un pueblo hospitalario y exótico (siguen recibiendo al viajero en el aeropuerto con un collar de flores) nos dan idea de por qué estas islas sedujeron tanto a Gauguin, Jac- I ques Brel y Marlon Brando o por qué cautivaron al capitán Cook, a Robert Stevenson, Victor Segalen, Pierre Loti, Jack London, Melville o al mítico cineasta alemán F. W. Murnau, poeta del silencio, que, allá por 1931, rodó en la montaña de Bora Bora, en las cascadas del impactante pico Otemanu, Tabú esa película de culto por la que le dieron un Oscar. Polinesia es el edén de los Mares del Sur y se mantiene todavía intacto sin haber sido dañado por un turismo masificado. Polinesia es como un milagro que surgió hace millones de años cuando el furor de los volcanes submarinos arrojó a la superficie una erupción que, al enfriarse, se convirtió en un vergel, repleto de montañas puntiagudas que, curiosamente y por aquello de volver a sus orígenes, se van, centímetro a centímetro, y poco a poco, sumergiendo (ése es su misterio) en el mar del que salieron, aunque el anillo de corales que