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25 3 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Costaleros Algo más que fe POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ Son los pies de la Madre y el Hijo muerto. Atlantes del dolor calzado sobre la cerviz que, en Madrid, sin tradición cofrade, se enfundan el costal por penitencia, promesa o desafío, por pura afición. Muchos por fe. Y todos por amor H Para entenderse Costal: Pieza de tela que envuelve sobre sí misma una morcilla o almohadilla para el cuello y que se coloca a modo de turbante para proteger la cerviz. Costalero: El que lleva a costal el paso. Pueden ser costeros (a ambos extremos de la trabajadera) fijadores (fijan el movimiento del costero y le ayudan) corrientes (van en medio de la trabajadera) y pateros (en las cuatro esquinas o patas) Igualá: La que lleva a cabo el capataz formando hileras de costaleros para medir con los dedos la altura de su cerviz, donde cargan los kilos, y colocarlos en filas similares. Trabajadera: Palo de madera que sirve de apoyo a los costaleros para izar el paso al toque del llamador. Levantá: El momento en que se levanta el paso. Arriá: Cuando baja el paso. Chicotá: Trecho que recorre un paso desde que se levanta hasta que se arría. Más información: www. costalero. com, www. latrabajadera. com abíamos oído: El que prueba, repite; estar ahí debajo, engancha; es como una droga; emoción sin aditivos; no se puede explicar con palabras, es algo que va más allá de la fe... Y escuchando hablar de este modo resultaba difícil entender cómo el objeto de semejante maravilla era ni más ni menos que profesar en una cofradía de costaleros y sacar un paso, trabajo por el que hasta 1973 se pagaba en pesetas a los estibadores del puerto de Sevilla, que eran los únicos ciertamente entrenados para echarse entre cuello y espalda el reparto equitativo de más de 1.400 kilos entre tres decenas de cervices. Luego, es verdad, que fueron los hermanos- Los Estudiantes de la capital hispalense, cuyo titular es el Cristo de la Buena Muerte, abrieron brecha- -los que cambiaron las dalmáticas por la faja, el zapato de tafilete por la alpargata y aprendieron a hacerse el costal, pero no es menos cierto que esta revolución se producía en Andalucía donde la memoria histórica y religiosa no deja dudas. Sin embargo, cómo imaginar que en este Madrid pagano, devorado por la hipermodernidad y el desarraigo, era posible tal catarsis. Por eso quisimos saber por qué un centenar de hombres, llegados de Parla, Getafe, Pamplona y Bilbao, del Madrid céntrico y del Madrid arrabalero, a la salida del trabajo, ya tarde, a eso de las nueve y media de la noche, ¡y qué noche de frío pelón! en vez de dirigirse a sus casas o irse de farra, o a sentarse delante de la tele o a reunirse con la familia o los amigos, el pasado martes, como otros martes o jueves desde enero, enfilaban pertrechados de un costal la calle de San Justo hacia la basílica de San Miguel para dar unas cuantas chicotás, puestos bajo las trabajaderas de un paso procesional, y soportar sobre la cerviz 40 kilos del ala, cuerpo con cuerpo entre una humanidad de treinta almas, mientras el capataz les dirige Señores, ¡menos mecida! ¡tobillos juntos! ¡rodillas juntas! y les enardece duro con ello, valientes mientras andan por derecho. Así, en la medianoche, con el murmullo de fondo de la respiración de los costaleros agitándose en el vientre de la basílica, el ensayo bajo el palio de la Virgen sobrecoge; y en la plaza de la Villa, el tanteo con la parihuela cargada de piedras y planchas de hierro simulando el peso de la imagen del Santísimo Cristo de la Fe y el Perdón es una alucinación para los escasos viandantes que a esas horas atraviesan una fantasmagórica calle Mayor. Dicen algunos de los costaleros que hay veces, en este seco invierno, que notan que se les caen las manos. Y les creo. ¿Qué razón les mueve? ¿Qué fuerza les obliga? ¿Qué esperan a cambio? ¿Qué se cruzó en sus vidas que les hizo sumarse a la cofradía? ¿Serán ultras o al menos raros? ¿A qué se dedican? ¿Qué esperan? ¿Qué pretenden? Viendo los ojos de esa María Santísima Inmaculada tan huérfana y dolorosa que sigue el trabajo de los costaleros desde una capillillita lateral se explican muchas cosas. Pero Jorge, de 17 años, que con la que está cayendo anda de pantalón corto surfero de Pacific Motion -las olas son su otra pasión- prefiere decir que saca al Cristo por satisfacción, la que le produce la cara de emoción de la gente que se aposta en el recorrido, y que lo hace por darse ese gustazo y por el ambiente entre los cofrades que, como su hermano Pablo, de 18 años, y tres en las traba- El origen de la epidemia De Vega: Muchos pasos se quedarían en las iglesias sin salir si se exigiera a los costaleros ser católicos practicantes. Yo he conocido en las trabajaderas a más de un comunista jaderas, no cambiaría por nada. Y mi hermana está loca por venir, aunque sea de aguadora Así se gesta la epidemia: a Pablo le trajo un amigo futbolista, a Jorge su hermano, y ambos a la niña. Porque bajo la parihuela cunde un entusiasmo contagioso que ha hecho que en 17 años, desde que saliera por vez primera sobre la espalda de los cofrades el paso del Cristo de San Miguel- -fue el primero que lo hizo en Madrid a la manera de Los Estudiantes de Sevilla, de los que la castiza cofradía copia el nombre- se hayan duplicado las cuadrillas. Necesitábamos treinta hombres y lo sacamos por los pelos recuerda Juan Manuel Venegas, que además de abogado de Telefónica, es el capataz del paso del crucificado. Fue su alma sevillana la que le movió al milagro. El paso de Salvador Carmona se trajo de Sevilla con ruedas, por si las moscas, pero unos sevillanos no podíamos consentir una deshonra así. Y ya ve que ahora andamos por los 120. La mayoría es gente joven, que practica algún deporte, y que debe de cumplir unos mínimos de resistencia física porque aquí para hacerse daño no estamos, que vale que puedas hacer penitencia, cargar con 40 kilos, y traducir ese trabajo en oración, pero la espalda es para toda la vida Tanto él