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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE El derribo de la estatua del fundador del KGB, Felix Dzhersinski, fue un desahogo tras la caída del comunismo. Pero enseguida las aguas volvieron a su cauce AP Rusia Como si nada hubiese ocurrido Los países de la antigua URSS no hicieron su Nuremberg contra el comunismo. Y la llegada de Putin ha supuesto la glorificación del KGB y el culto al estalinismo POR RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL EN MOSCÚ daron al sanguinario dictador a encarcelar y matar. Años después, tras el fracaso del golpe de Estado contra Mijaíl Gorbachov, en agosto de 1991, el entonces presidente Borís Yeltsin prohibió el Partido Comunista y confiscó sus bienes. Se cambiaron los nombres de algunas calles y empezaron a desaparecer los monumentos erigidos a Lenin y sus colaboradores. Una imagen que dio la vuelta al mundo durante aquellos turbulentos días fue la del desmantelamiento de la estatua de Félix Dzerzhinski, el creador de la brutal policía bolchevique (la ChK A prisión fueron a parar sólo los componentes del GKChP, la junta golpista. Uno de ellos, Borís Pugo, el ministro del Interior, se suicidó. Por motivos de salud, Vasili Starodúbtsev, fue puesto en libertad al cabo de un mes. Los po- a Rusia de Putin se encuentra en las antípodas de la Polonia de los hermanos Kaczynski. Mientras éstos se proponen desencadenar una caza de brujas contra quienes colaboraron con el régimen comunista y sus órganos de represión, el presidente ruso glorifica el KGB (la temible policía secreta soviética) y fomenta el culto al estalinismo. Aunque Rusia logró desembarazarse, hace 16 años, del monopolio político del Partido Comunista, no ha tenido su juicio de Nurem- L berg para castigar los terribles crímenes cometidos durante la tenebrosa época del socialismo real Ni Rusia ni la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas adoptaron jamás leyes de lustración Si lo hubiesen hecho, la depuración dentro del aparato de Estado hubiera dejado desarboladas las instituciones. El XX Congreso del PCUS, llamado el de la desestalinización, dejó las cosas prácticamente como estaban. Se limitó a retirar las esculturas de Stalin, pero no organizó procesos contra quienes ayu- Parque Jurásico En la mayoría de los países del Asia Central ex soviética el poder sigue en manos de antiguos dirigentes comunistas: Kazajstán (Nursultán Nazarbáyev) Uzbekistán (Islam Karímov) y Tayikistán (Emomali Rajmónov) En Turkmenistán, en donde su presidente, Saparmurat Niyázov, falleció en diciembre, se mantiene intacto el entramado heredado de la URSS. cos aún bajo arresto terminaron saliendo a la calle en febrero de 1994, gracias a una amnistía. El año anterior, en febrero de 1993, el Partido Comunista había vuelto a ser legalizado. Hasta abril de 2005, Starodúbtsev fue gobernador de la región de Tula y Anatoli Lukianov, otro de los comunistas procesados en 1991, ocupó un escaño en la Duma (Cámara Baja) cuyo edificio está coronado, todavía hoy, por la hoz y el martillo. Las turbulencias sufridas en la era Yeltsin hizo que la población mirase hacia el pasado con cierta nostalgia. Y Vladímir Putin, antiguo agente del KGB, institución ligada a la nomenklatura de Stalin, no pudo resistirse a la tentación de utilizar esa nostalgia con fines populistas. Restauró el himno soviético y la bandera roja en el Ejército, permitió la recolocación de estatuas de Stalin y sigue haciendo oídos sordos a las demandas de que permita el entierro del cuerpo de Lenin, expuesto en el Mausoleo de la Plaza Roja. Pero lo más significativo de su mandato es que Putin dio al FSB, los actuales servicios secretos, un poder omnímodo. Según reconocía el difunto Alexánder Yákovlev, ideólogo de las reformas aplicadas por Gorbachov, el FSB restableció los viejos métodos estalinistas y la arbitrariedad en su funcionamiento incluido el empleo de potentes venenos contra sus enemigos.