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18 3 07 VIAJES Los sayones maltratan a Cristo en el paso de La Caída, una de las obras cumbre de Salzillo, plena de belleza y de dramatismo Salzillo Imaginero del alma Murcia conmemora el Tercer Centenario del nacimiento de Francisco Salzillo, uno de los más grandes escultores del Barroco, con una muestra de lo mejor de su obra ALICANTE TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ ALBACETE Yecla Lorca ALMERÍA ESPAÑA Cartagena Costa Cálida N en tensión, la deslumbrante miniatura del Cristo crucificado. Cuando el visitante sale del recinto se la lleva prendida en su memoria, puede que para siempre. Como se lleva también las dos versiones de San Pedro, la cara A y la cara B: dormido en el paso de la Oración en el Huerto y atacando con la espada a Malco en el paso del Prendimiento; el gesto duro y cruel de los sayones azotando a Cristo en el paso de la Flagela- MAR MEDITERRÁNEO E l angelito está empezando a hacer pucheros. Regordete, mofletudo, mira con ojillos consternados la mano herida de Jesús. El mohín resulta tan real, incluso tan familiar, que conmueve. ¿Quién no ha visto a un niño al borde del llanto? ¿Quién no ha sentido la necesidad de consolarlo? Pero estamos ante un trozo de madera... ¿o no? El angelito es un figurante en el dramático y, a la vez, bellísimo grupo de la Virgen de las Angustias de la Iglesia de San Bartolomé (Murcia) una Piedad barroca cuya composición se aleja de la tierna versión renacentista: el abrazo ha sido sustituido por la exposición del cuerpo inerte de Cristo, que resbala pesadamente entre las rodillas de la Virgen. Una mujer en actitud declamatoria, un hombre muerto, unos ni- ños compungidos. No te cansas de mirarlo, porque cada vez descubres un aspecto nuevo señala Ana García, guía turística. Cualquier observador podría invertir muchos minutos escrutando esta obra, dejándose atrapar por sus detalles, por su fuerza, por su perfección... y concluir que esos trozos de madera esculpida y pintada sienten pena, están desolados. Tienen alma. En la misma estancia de la muestra, San Jerónimo se golpea el pecho con una piedra mientras sujeta con la otra mano un crucifijo. Es un hombre viejo y penitente, se nota en sus carnes flácidas, y está desesperado, se nota en las arrugas de su frente, en su mirada suplicante, en su boca entreabierta. La pieza está llena de simbología, el león, la calavera, el libro; de lugares donde posar los ojos, ese brazo con los tendones Caravaca de la Cruz Murcia MURCIA