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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura La novela equidistante rente a los escritores que transitan veredas más complacientes y amables, con no menos respaldo de grupos mediáticos y el sobrevenido éxito comercial que esto supone, yo siempre he afinado el paladar intelectual y la mirada sobre los que se arriesgan por sendas menos caminadas, haciendo ejercicio de honestidad y coherencia creativa. Uno de mis favoritos, antes aún de que el afecto comenzase a trabar lazos de amistad, es el escritor Antonio Enrique que, sin duda, es una de las voces más peculiares, por poco común, de la tumultuosa vida literaria española contemporánea. El primer fogonazo de su trabajo que llamó mi atención fue un ensayo, ya agotado, El Canon heterodoxo que ahondaba en una de las ópticas más interesantes y novedosas de la historia de la nuestra literatura desde el enfoque de los sustratos judaicos y moriscos que en ella subyacen. Su obra se adscribe a la denominada literatura de la Diferencia a la que dio nombre y de la que fue uno de sus más decididos impulsores, y que tantas polémicas suscitó con el Pope de la poesía de la experiencia el señor Luis García Montero and friends, por contraposición estética a estas tendencias dominantes desde principios de los ochenta. Integra, además, con los escritores José Lupiáñez y Fernando de Villena, la denominada Academia de Oriente. En su última novela, editada por Roca editorial, Antonio Enrique hace un retrato poco conocido hasta ahora de la Guerra Civil española: el de las personas que trataron de mantenerse a salvo del odio, luchando por la vida, independientemente del bando en el que se había caído. Un cuerpo muerto nos pertenece a todos. Un cuerpo muerto no es ya F rojo ni azul señala desde la conciencia la novela de la que hablamos: Santuario del odio El autor consigue así un complicadísimo equilibrio, el de la verdad, contando cómo, en la locura y la depravación moral de aquel fratricidio, se aprovechó el mar revuelto de sangre de la guerra para ajustar cuentas, en todos los bandos, si es que era una cuestión de bandería, que poco tenían que ver con las ideologías y mucho con las venganzas personales. El crítico José Vicente Pascual asegura que Se trata de una novela que demuestra bien a las claras literarias, que en todas las guerras, sean civiles o de las otras, siempre hay tres bandos: los que matan de un lado, los que rematan del otro y los que quedan en medio, a quienes ni les va ni les viene la tarea del odio, la furia, el exterminio, el fuego y la brea, pero se encuentran, al mismo tiempo, con la superior obligación de todo ser humano, sobre todo en tiempos de locura homicida: sobrevivir. Y asegura que es un monumento erigido con sabias y hermosas palabras a la causa más noble que puede albergar nuestra conciencia de seres civilizados: preservar la dignidad, la esperanza, la honestidad y la cordura cuando todo el universo mundo parece haber extraviado el juicio y se precipita vorazmente a la aniquilación. Y, en efecto, la novela de Antonio Enrique, sobre la que muchos han vertido silencio interesadamente desde distintas posiciones, ya que incomoda a muchos, es una novela equidistante en la que el protagonista es un ser humano que trata de mantener la cordura y la humanidad, ayudando a todos sin preguntar filiaciones, en un mundo desolador y asesino del que sólo se puede escapar muerto o loco- -es la metáfora que encarna uno de sus más hermosos personajes femeninos- -o, como el protagonista, arrimando el hombro con amor al prójimo y al necesitado. El propio autor asegura al respecto: Pensé que si el protagonista sobrevivía a circunstancias tan hostiles podría convertirse en símbolo de todos aquellos que sobrevivieron al conflicto sin perder su honestidad humana. Una conciencia de Ideal que sobrevive a la propia guerra y quería que el personaje fuese ese trasfondo de conciencia ética que se fue prolongando hasta nuestros días. Soy partidario de la esperanza, de no apagar la luz, aunque sea el último que salga de la habitación. Una vocación complicada, valiente y encomiable, narrada con pulso de maestro, que debería hacernos reflexionar sobre enfrentamientos contemporáneos. Una novela nada ligera ni de moda, como otras pensadas y pasadas al celuloide. JESÚS GARCÍA Economía Esencia de Botín i a Emilio Botín lo licuefactáramos, financieramente hablando, saldrían gotitas de Emilio Botín. Un banquero en estado puro que ha entrado a jugar fuerte, como siempre, en la pugna por Iberdrola. Otra guerra abierta como un melón. Tiene 73 años, es hijo, nieto y padre de banqueros. No le gusta esa pregunta que se ha convertido en tan habitual sobre su previsible jubilación por que ni la de él, ni la de su consejero delegado- -mejor pagado que él, pero menos rico- -están previstas a corto plazo. Botín, moreno de rico en ristre, es jugador de golf. No en vano se construyó una ciudad financiera en Boadilla del Monte (Diwaniya, según sus competidores) con 18 hoyos. En Santander, su tierra natal, tiene un casoplón llamado El Promontorio. Cazador de leones en África, coleccionista de bancos en España: el Santander es un acto de canibalismo puro. No le gustaban las reuniones de los Siete Grandes y casi se los comió a todos. Santander, Central, Hispano y Banesto están bajo su manto. Pues bien, esta semana, el Santander ha declarado posiciones en Iberdrola y en Scotish Power. Pueden ser para él o para otros, aunque ha pedido permiso a Sánchez Galán para entrar en Iberdrola. Esa cortesía es la que hizo pensar que venía a sustituir al BBVA de Francisco González, un tímido banquero al que hemos visto hacer el saque de honor del MadridBarca, ante ocho millones de espectadores. Un salto a la fama al estilo Warhol. Pero Botín es mucho Botín y no trabaja nada más que para su cuenta de resultados dice un alto cargo de una sociedad de valores. Además su amistad es nota- S ble con Carlos March, que junto con los Albertos y Florentino Pérez, tienen un 12 por ciento de Iberdrola y un 40 por ciento de FENOSA. Precisamente fue Botín quien vendió a la ACS de los March el primer porcentaje potente de FENOSA a precios y plusvalías estratosféricas en una negociación maratoniana de don Emilio, que subastó sus fenosas al más puro estilo de un mercado de abastos. Se las ofreció a un grupo de empresarios gallegos, entre ellos el constructor San José y el riquísimo Amancio Ortega y cuando se despistaron el cántabro los había usado para elevar el precio y le colocó FENOSA a ACS, en llamada al palco del Real Madrid, con Florentino mirando al gol y pensando en kilowatios. Botín en estado puro, como ahora con esa posición en Iberdrola, hace unos años en Auna y antes en Vodafone. Es el hombre de los pelotazos, con traje de raya diplomática, sonrisa pícara y buen encajador de preguntas duras que responde incluso en su inglés arrastrado, que no fue impedimento para comprar el Abbey. Ahora ha adquirido 150 millones de euros de santanderes donde tiene ya un 1 por ciento y manda. Lo mismo le pasa a Ricardo Fornesa, presidente de La Caixa, que mira al cielo, remolonea, saca un Ducados, lo enciende con premura, da una larga bocanada, lanza una media sonrisa y se pregunta ¿por qué quieren ustedes jubilarme? La entrada de Botín en Iberdrola y Scotish se asemeja a la de UBS, también presente en ambos. Quién sabe si hay más de un especulador español tomando posiciones para mostrar la patita cuando sea necesario, en las juntas. Mientras, Sánchez Galán se rodea de ricos que se supone le acabarán dando su ayuda. Nicolás Osuna, Portillo- -que siempre quiere algo más que un mínimo porcentaje- -Alicia Koplowitz, con su caballero Oscar Fanjul- -Unicaja y como socios auténticos la BBK. Por cierto señalaba un consultor recientemente si al Gobierno vasco le gustaba más un salmantino como Galán o un vasco, de alguna caja. Curioso planteamiento. El último rumor del mercado vuelve a la venta de FENOSA a La Caixa- -opa de por medio- -para hacer una operación con Repsol y Gas Natural y el asalto definitivo de los March a Iberdrola- -con Opa parcial y todo- -con el apoyo financiero y quién sabe si algo más del Banco Santander, presidido por Emilio Botín. Si exprimiéramos la Bolsa saldría jugo de Don Emilio. Otra vez le vemos en la guerra eléctrica en estado puro. Esencia de Botín.