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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE nen a mano, de lo puramente accesorio, por insignificante y consabido. Pero esta plaga de localismo, a la que, gracias sobre todo a la LOGSE, no es ajena ya ninguna parte de España, adquiere unas dimensiones descomunales allí donde el nacionalismo gobierna. El nacionalismo ha tenido siempre una preocupación mayor: preservar la lengua propia así llamada en los respectivos estatutos de autonomía por obra y gracia de este mismo nacionalismo- -y por la inacción, claro está, del resto de las fuerzas políticas, y en especial de los dos grandes partidos nacionales, que cedieron en este punto sin atisbar lo que se les venía encima- Porque la consideración de que las lenguas no son un asunto estrictamente individual, de cada uno de los hablantes, sino propias de un lugar y poseedoras, en consecuencia, de un áurea colectiva, histórica y simbólica; la consideración, en suma, de que hay lenguas de un territorio y lenguas que no lo son, no sólo determina la primacía de un idioma con respecto al otro- -que, para más inri, es el idioma oficial del Estado y el hablado por la mayoría de la población, incluso en el territorio en cuestión- sino que representa, inevitablemente, una fractura social, unos ciudadanos de primera y otros de se- gunda, unos más propios y otros más impropios. El caso es que hoy en Cataluña toda la enseñanza pública obligatoria se imparte, por fuerza, en catalán. Sólo en algunos cursos de Bachillerato, y en algunos- -pocos- -centros privados, se dan las clases en castellano, además de en catalán, inglés, francés, alemán o el idioma que se tercie. Así está la cosa. Y, dejando a un lado esa similitud entre las lenguas a la que me refería hace un momento y que tan fáciles ha puesto las cosas, ¿sabes cómo hemos llegado hasta aquí, cómo ha sido posible todo esto? Quizá no lo sepas, pero seguro que lo intuyes. Sí, la autonomía, la famosa potestad de cada comunidad para gestionar sus asuntos; de aquí viene todo, en efecto. Por eso la LOGSE fue tan bien recibida en Cataluña, y por eso una coalición como Convergència i Unió, tan renuente, en principio y por principio, a las utopías izquierdistas y a los falsos igualitarismos, y tan favorable, en cambio, a la meritocracia, se avino al pacto. Como te decía al comienzo de la carta, este libro reúne una serie de artículos que tratan de la enseñanza y de la lengua. Es cierto: habría podido ahorrarme estas líneas e, incluso, la edición de lo que viene detrás. Pero me parece importante- -modestamente importante, por supuesto- -que quede constancia de lo ocurrido en esta tierra que nos vio nacer. Jean- François Revel dejó escrito que el arte pedagógico debe concebir la enseñanza en función de las necesidades del alumno, es decir, sus necesidades de progreso; no en la adaptación a su ignorancia presente Estoy convencido de que harías tuyas sus palabras; jamás entendiste la enseñanza de otro modo, y así lo transmitiste siempre a tus alumnos- que, en tu caso, fueron más bien alumnas- De ahí que no pueda por menos que alegrarme de que no hayas vivido este hundimiento, este desastre, de que te hayas ahorrado estas dos largas décadas de decadencia que yo he referido mayormente a Cataluña, pero que, quitando la cuestión de la lengua, podemos aplicar por igual a España entera y a buena parte de Europa. Pero esta plaga de localismo, a la que no es ajena ya ninguna parte de España, adquiere unas dimensiones descomunales allí donde el nacionalismo gobierna Hoy en día sólo existe una forma de aprovechar esos años jóvenes, y es pagando. Entonces sí, entonces uno puede encontrar una escuela que merezca la pena Para qué engañarse. La educación se ha convertido en un trámite, en una pérdida de tiempo. Como el servicio militar de antaño. Hoy en día sólo existe una forma de aprovechar esos años jóvenes, y es pagando. Y para pagar hay que tener dinero. Entonces sí, entonces uno todavía puede encontrar una escuela que merezca la pena. Menuda injusticia, ¿verdad? Fíjate, si en tus tiempos la educación hubiera sido eso, tú, por ejemplo, no habrías sido lo que fuiste. Si fuiste lo que has sido es en gran parte gracias a la educación, al valor que tenía entonces el sistema de enseñanza. La otra parte la pusiste tú, por supuesto, con tu afán de superación, con tu exigencia constante, con tu voluntad de sacar el máximo provecho de tus capacidades. Luego, no podía ser de otro modo, ya desde la cátedra proyectaste esa misma voluntad sobre las capacidades de tus alumnos. Sí, permíteme que lo ponga por escrito: encarnabas la dignidad de lo público, algo que nadie sabe, a estas alturas, adónde ha ido a parar. Por lo demás, y aun cuando el mundo no invita precisamente a la esperanza, nosotros seguimos adelante. Teniendo tu ejemplo muy presente. Ni yo, ni el resto de la familia, ni quienes tuvieron la suerte de conocerte te olvidamos. Un beso