Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 3 07 CLAVES DE ACTUALIDAD PREPUBLICACIÓN Carta a mi padre, catedrático En su libro Progresa adecuadamente Pericay se rebela contra la degradación de la enseñanza y se alza contra el monocultivo lingüístico y el prestigio de lo trivial en una Cataluña regida por nacionalistas y buenistas. A modo de prólogo, el autor publica una carta imaginaria a su padre- -catedrático de instituto- -en la que arremete contra la trivialización de la docencia Título: Progresa Adecuadamente Autor: Xavier Pericay Editorial: Tentadero Colección: Vuelta de Hoja Páginas: 216 Precio: 21 euros Fecha de publicación: 19 de marzo de 2007 uerido papá, Ya ves, en castellano. Supongo que es la primera vez. Con todo, no debería sorprenderte: la carta que estás leyendo sirve de prólogo a un conjunto de artículos que fueron en su día publicados en esta lengua en la prensa periódica. Si en lugar de una carta destinada a ti tuvieras delante de los ojos un prólogo convencional, no creo que el idioma te sorprendiera lo más mínimo. El problema es el género, claro, y esta sensación de que te estoy hablando en una lengua extraña. Por si te sirve de consuelo, a mí me pasa lo mismo. Pero, en fin, también me digo que una lengua, al cabo, no es sino un instrumento, un sistema de signos compartido que utilizamos para comunicarnos. Qué te voy a contar. Y el castellano, aun cuando no haya sido nunca el idioma en que tú y yo nos relacionamos, también lo compartimos, claro. El caso es que este libro reúne, como te comentaba, una serie de artículos. Tratan de la enseñanza y de la lengua. Pero, sobre todo, tratan de cómo la enseñanza y la lengua han servido para conformar la Cataluña actual. Estarás de acuerdo conmigo en que el tema promete. Detrás de semejante enunciado, uno podría ver- -con algo de imaginación, lo admito- -una reedición del noucentisme de los Pijoan, Ors, Fabra y Carner, con sus escuelas, sus bibliotecas, sus colecciones de clásicos, sus gramáticas, sus diccionarios, sus traducciones y hasta sus ensoñaciones. Puro humanismo, en definitiva. Nada, olvídate; las cosas no han ido por ahí. No, todo ha sido mucho más triste. En 1985 los socialistas aprobaron una nueva ley orgánica, la LOGSE, que ponía patas arriba el modelo de enseñanza tradicional. Sólo unos datos para que veas el alcance de la remoción: el Bachillerato, que como sabes ya había perdido mucho peso con la reforma de Villar Palasí, quedaba reducido a dos tristes anuali- Q dades; aparecía la Secundaria, lo que permitía alargar el periodo de enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años y escolarizar a la fuerza a muchos jóvenes que, a esa edad y en condiciones normales, ya estarían preparándose para su inserción en el mundo laboral; se implantaba la igualdad por decreto, eso es, la nivelación por abajo, con alumnos que pasaban de curso aunque tuvieran todas las asignaturas suspendidas; y el profesorado sufría una igualación similar, puesto que los maestros se codeaban con los agregados de instituto, y los catedráticos- -por lo menos en Cataluña- -debían conformarse con tener la condición de tales. La consecuencia última de todo ello fue que los colegios y los institutos se convirtieron en una prolongación de la guardería, hasta el punto de que, a estas alturas, incluso la universidad empieza a semejar ya un parvulario. Sí, lo que lees. La enseñanza actual, así la inferior como la superior, no posee otro objetivo que el de entretener a los usuarios de las aulas. Y cuando este entretenimiento se vuelve imposible porque alguno de estos alumnos, o un grupo de ellos, o una clase entera, se comportan en el centro como si estuvieran en la calle, el profesor se ve obligado a abandonar su papel de monitor infantil para asumir el de celador de un correccional. Todo muy educativo, como habrás podido comprobar. A eso nos ha llevado la izquierda, con su negativa a reconocer que la principal función de la en- Xavier Pericay Ensayista, filólogo y periodista Los colegios e institutos se convirtieron en una prolongación de la guardería, hasta el punto de que la universidad empieza a parecer un parvulario. Sí, lo que lees A eso nos ha llevado la izquierda con su rechazo de la memoria, de la autoridad, del mérito y del esfuerzo; con su apología del peterpanismo... señanza ha de ser la transmisión del conocimiento; con su rechazo de la memoria, la autoridad, el mérito y el esfuerzo; con su apología del peterpanismo, y con su defensa de la igualdad como valor y aspiración supremos, igualdad a la que todos estamos sujetos y ante la que nada valen ni la libertad ni la excelencia. Pero no ha sido sólo la izquierda. El nacionalismo también ha colaborado lo suyo. Y esto del nacionalismo entiéndelo, por favor, no como algo privativo de los vascos y los catalanes- -y, si tanto me apuras, de los gallegos- sino como algo mucho más hondo y difuso. En definitiva, entiéndelo como un saco enorme donde caben también los regionalismos más burdos y los localismos más groseros. Y es que la LOGSE, entre otras muchas barbaridades, permitía asimismo que la definición de la mitad de los contenidos fuera competencia de las comunidades autónomas. Vaya, que el Estado- -el central, que es el que cuenta- -sólo se reservaba la otra mitad. No cuesta mucho imaginar el efecto que esta descentralización de las competencias ha producido en la cultura de los jóvenes españoles. Seguramente el adjetivo que conviene a esta cultura es subsidiaria Sí, la cultura de nuestros bachilleres, o de nuestros secundarios, o de nuestros primarios, puesto que muchos ni siquiera superan los ciclos iniciales, proviene de la aplicación del principio de subsidiariedad. Y este principio, cuya eficacia en lo tocante a la administración de los asuntos públicos es harto discutible, trasladado al terreno de la enseñanza da como resultado unos conocimientos que a duras penas traspasan el límite del barrio o del pueblo en que se halla ubicado el centro educativo. Se trata, sin duda alguna, del triunfo de lo particular frente a lo general, de lo que separa y singulariza frente a lo que une y universaliza. En lugar de enseñar a nuestros jóvenes lo que, de otra forma, difícilmente alcanzarán a conocer por sí mismos, se les predica las maravillas de lo obvio, de lo que tie-