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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE dades hubieran sido mucho más complejas. Todos los presidentes franceses tienen a su disposición sumas más o menos importantes de dinero para imprevisibles contingencias. Pero en el Elíseo de Chirac, es su esposa Bernadette quien controla esa caja negra. Son famosas las liberalidades y obras de caridad de la esposa del presidente. Buen año, mal año, Mme. Chirac recibe unas 33.000 cartas pidiendo socorro económico urgente. Más de 1.200 reciben respuestas positivas para las que se destinan cientos o miles de euros para cada una. Esa dimensión humana o caritativa, personal, del Elíseo en tiempos de Chirac está encarnada como nadie por Claude Chirac, la hija menor. Los Chirac tuvieron dos hijas, Laurence y Claude. Laurence es la gran tragedia familiar, víctima de anorexia mental, internada en lugar desconocido, quizá en Marruecos. Claude es el rostro humano del patriarca. Vive sola (su esposo falleció en un accidente al poco de contraer matrimonio) en un piso de la rue de Seine. Y saca ella misma a pasear a su perro apenas oculta tras unas grandes gafas negras. Martin, el hijo de Claude, va a una escuela privada y come o cena con sus abuelos en el Elíseo. Su madre cambió el rostro público de Jacques Chirac. Durante cuarenta y tantos años Chirac padre tuvo la imagen de un coronel de caballería (que lo es, en la reserva) tieso, rígido, rapaz, voraz, cruel, atroz. Claude le cambió las corbatas, le enseñó a hablar en público, le forzó a invitar a gente de la farándula, le fotografió con estrellas del cine y del espectáculo, y le invitó a descubrir la ecología y las civilizaciones antiguas. Chirac que lo había sido todo, conservador nacionalista, conservador reaganiano, laborista a la francesa, radical- socialista de la tradición agraria nacional y antieuropeo convencido, se transformó en un patriarca humanista, capaz de afirmar: El liberalismo y el comunismo son perversiones del pensamiento O: No creo que el descubrimiento de América fuese un gran acontecimiento. No tengo ninguna admiración por las hordas que llegaron a América para destruirla Dicho esto, fue el primer presidente de Francia que puso un ramo de flores en Madrid en la plaza donde se recuerda a los heroicos madrileños fusilados por los mamelucos de Napoleón. Nadie se toma muy en serio tales afirmaciones. Forman parte del folklore, los muebles y las cacerolas de un presidente que se dispone a abandonar el Elíseo, no sin melancólica nostalgia. Tras unas grandes gafas negras Con su peculiar estilo, Chirac transformó el Elíseo en un gran palacio siciliano dominado con mano de hierro y guante de seda en la misma situación, jamás. Hubo una explicación franca entre los esposos. Y Claude Chirac, la hija mejor del presidente, tomó definitivamente las riendas de la agenda presidencial. Durante las presidencias de Giscard y Mitterrand, en el Elíseo cambiaron muchos hábitos, muy Antiguo Régimen. Con matices. Giscard adoraba los gestos populares dejarse fotografiar tocando el acordeón, invitarse a casa de un taxista. Pecados veniales. Mitterrand no era hombre de tales familiaridades. Es célebre una reunión entre militantes políticos. Un viejo socialista le pregunta, cordial: ¿Qué le parece si nos tuteamos? Altivo, Mitterrand responde: Si usted quiere Chirac quizá haya sido el único presidente genuinamente popular de la V República. Tutea y se deja tutear por un saltimbanqui como Patrick Sébastien, animador de televisión: son paisanos. Y Sébastien puede aparecer por el Elíseo a una hora intempestiva con un par de señoritas acróbatas: a Chirac le encanta el circo, el salchichón de su tierra y el vino joven beaujolais. Y es capaz de hablar con naturalidad a la señora de la limpieza, a un capitán de artillería o a los señores Yeltsin, compartiendo con ellos el vino o el vodka necesario para intimar. Denis Tillinac, novelista, otro paisano del presidente, también le tutea: Jacques ha sido el menos suficiente, el menos arrogante y el menos despectivo de nuestros presidentes La orquestación de tales familiaridades también ha tenido un costo. Durante las presidencias de Giscard y Mitterrand, los gastos corrientes del Elíseo apenas ascendieron a unos 5 millones de euros anuales. Los Chirac ha disparado el gasto hasta los 32 millones de euros. Los gastos personales de la familia han sido objeto de mil y una historias. Es famosa la anécdota de los 600.000 euros gastados en un viaje de recreo, pagados en efectivo con dinero negro. Los presidentes franceses tienen el privilegio de tener a su alcance sumas significativas para hacer frente a imprevistos. Jean- François Probst, antiguo senador conservador, cuando Chirac era alcalde de París, cuenta una anécdota significativa... A finales de los ochenta, la crisis de Nueva Caledonia, antigua colo- AFP Gasto disparado nia, territorio francés de ultramar, vive una honda tragedia. Y un senador caledonio, Dick Ukiwé, visita París en busca de ayuda. Probst organiza un encuentro discreto en los salones íntimos de la alcaldía de París. Chirac los recibe en chándal y zapatillas, despeinado. Dick Ukiwé cuenta su triste vida, amenazada políticamente. Chirac, gran señor, le responde: No te preocupes El alcalde y futuro presidente se dirige al baño situado en la misma habitación donde se encuentran. Abre la tapa del agua del wc, saca una bolsa de plástico. La abre. Y saca de la bolsa 500.000 francos que le entrega sin recibo. Ya en el Elíseo tales familiari- En la más pura tradición de Mitterand, Chirac fue un mujeriego empedernido. Nuestro matrimonio estuvo amenazado. Las mujeres corrían detrás de él comentó su esposa Los gastos personales de la familia han sido objeto de mil y una historias. Es famosa la anécdota de los 600.000 euros pagados en efectivo durante un viaje de recreo