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18 3 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Chirac Adiós a aquel ancien régime Mitterrand, Giscard y Chirac- -cada uno a su manera- -encarnaron un estilo de presidencia a lo ancien régime ampuloso, libertino, no siempre escrupuloso. Toda una era se despide con el presidente galo POR JUAN PEDRO QUIÑONERO PARÍS n tiempos de Mitterrand (1981- 1995) el Elíseo fue una suerte de Vaticano laico, con incontables pasillos de vodevil negro y libertino. En tiempos de Chirac (1995- 2002) el Elíseo se transformó en un gran palacio siciliano dominado con mano de hierro y guante de seda por dos mujeres que conocieron, sufrieron y terminaron dominando ajenas tribulaciones carnales, finalmente sometidas al imperio de sus criterios femeninos. Conquistado el palacio presidencial, Mitterrand lo convirtió en basílica sacramental de todas las causas socialistas universales, ungidas con las bendiciones o excomuniones de un papa laico, aunque creyente en la trascendencia, que puso el Elíseo al servicio de su iglesia y de la última de sus amantes (Anne Pingeot, madre de Marie Mazarine, la hija oculta durante más de veinte años) instalada en una dependencia gubernamental próxima al palacio. Uno de los símbolos capitales del paso de Mitterrand por el Elí- E seo fue el suicidio de François de Grossouvre, un amigo y consejero íntimo instalado en el palacio presidencial. Su responsabilidad era la de velar por la seguridad, tranquilidad y manutención de Anne y Marie Mazarine, que vivían a las puertas del Elíseo, frecuentándolo casi a diario, aunque jamás podían encontrarse con la esposa y los hijos oficiales del presidente. Grossouvre terminó pegándose un tiro, con un fusil de caza, a veinte metros del despacho del jefe del Estado. Con la llegada de los Chirac al Elíseo, la residencia oficial de los presidentes de Francia cambió de régimen, hábitos, reglas no escritas de comportamiento. Bernadette Cordón de Courcel, aristócrata de cierto rango, esposa del presidente lo ha contado en público: su esposo fue durante muchos años un mujeriego empedernido. Llegué a pensar en el divorcio comentó Mme. Chirac. Y agregó: Nuestro matrimonio estuvo amenazado. Las mujeres corrían detrás de Jacques Antes y después de ser presiden- Una nueva misión para el futuro J. P. QUIÑONERO Si los jueces no lo impiden, desenterrando los escándalos de la alcaldía de París (1977- 1995) Jacques Chirac coquetea con la idea de crear algo parecido a una fundación una misión una tarea de representación y conciencia pública universal, a la manera de Al Gore en el terreno ecológico planetario. No es un secreto que Chirac no es un hombre dispuesto a jubilarse a los 75 años. Su discurso de despedida trazó con precisión los contornos de un posible trabajo futuro: -Defender las grandes causas ecológicas mundiales. -Apoyar la lucha contra la pobreza en África y Asia. -Promover el diálogo cultural entre Europa y sus antiguas colonias. -Promover acciones humanitarias internacionales. La familia Chirac, padre, madre e hija, ya tienen una idea muy precisa de lo que pueden hacer. Pero no tomarán una decisión definitiva antes de que se despejen todas las incertidumbres que pesan sobre el paisaje político nacional. Antes de abandonar el Elíseo, Chirac ha nombrado a varios fieles de su antigua guardia pretoriana en la cúspide del poder judicial. Detalle que pudiera ser muy útil si los jueces de Nanterre se obstinasen en desenterrar los escándalos de la alcaldía de París. Una vez despejado ese horizonte judicial, Chirac se apoyará en la iniciativa privada (viejos amigos empresarios de altos vuelos) o en la burocracia de Estado para poner en marcha sus nuevos proyectos políticos personales, a caballo entre la diplomacia, la ecología y el activismo humanitario. Claude Chirac, la hija del presidente, por su parte, oscila entre la tentación de quedarse con su padre o emprender una nueva vida personal en EE. UU. te, a Mitterrand le encantaba reunir en una misma mesa a amigos y amigas. Michelle Cotta, que fue presidenta del servicio público audiovisual, estuvo en varias de aquellas legendarias cenas, y recuerda: En ocasiones, había una o dos señoras, o señoritas, que a los postres todavía se preguntaban cuál de ellas sería la elegida Sobre la agitadísima vida nocturna de Chirac antes de llegar al Elíseo, el mejor testigo fue uno de sus chóferes, que contó por lo menudo largas cacerías nocturnas. Ya en el Elíseo, la mejor anécdota la reveló un antiguo ministro de Interior... El 31 de agosto de 1997, a las tantas de la madrugada, Jean- Pierre Chévenement, ministro de Interior, socialista, intenta desesperadamente hablar con el presidente: Diana de Gales acaba de morir en un escandaloso accidente, en el puente del Alma, a 300 metros de la embajada de España. Chévenement no consigue hablar con Chirac. Preocupado, pide hablar con su esposa, que está sola, en la alcoba presidencial, y le responde, airada: ¿Que si sé donde se encuentra mi marido a estas horas. ¿Me está usted tomando el pelo? Mme. Chirac no volvería a encontrarse