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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Muros, vallas y verjas continúan separando a varios barrios católicos y protestantes, pese al impulso social y económico que empieza a conocer la ciudad do de católicos y protestantes. Ese plan también se aplica al espacio dejado por la Maze Prison, en el condado de Antrim, donde fueron internados la mayor parte de los presos del IRA y donde se llevó a cabo la huelga de hambre de Bobby Sands en 1981. Otra experiencia piloto tiene lugar en el condado de Fermanagh, donde se ha construido la primera urbanización integradora, en la que protestantes o católicos no pueden superar el 70 del conjunto de sus residentes y en la que están prohibidas las banderas y los murales facciosos. Eso es difícilmente posible en barriadas preexistentes, que siguen actuando como guetos, pero la creciente movilidad de la población, sobre todo de las parejas jóvenes en busca de vivienda nueva, facilita la integración. Esa es la explicación de que en el sur de Belfast, el último ensanche de la ciudad, el voto registrado en las elecciones de la pasada semana estuviera más disperso que en otros lugares. En Belfast South fue donde el Alliance Party obtuvo uno de sus mejores resultados. Con siete escaños, a distancia de los cuatro partidos confesionales la Alianza está creciendo como formación interconfesional. Elegida por este partido y en ese distrito ha sido Anna Lo, nacida en Hong Kong y que ha vivido en Belfast los últimos 32 años. Es la primera persona de una minoría étnica en ganar un acta de diputado, lo que marca una apertura de la tradicionalmente cerrada sociedad norirlandesa. Ese auge de las minorías refleja una complejidad social que la confrontación entre católicos y protestantes había tapado y que la creciente inmigración está acentuando. Además de los 10.000 chinos y los 3.000 indios y paquistaníes ya instalados en el Ulster procedentes del antiguo imperio británico, la llegada de 30.000 polacos tras la ampliación de la UE ha generado brotes de odio racial. Para unos, esto se debe a que la intolerancia que antes se explayaba contra los católicos o protestantes del otro lado ahora se vierte contra el diferente de otras tradiciones culturales; para otros, no es más que un fenómeno- -común a otras sociedades occidentales- -de rechazo a quien se cree que obtiene más beneficios públicos o que está robando el trabajo de la población local. Los polacos están pagando el precio de amenazar con su fe el status quo entre católicos y protestantes, según denuncia la Asociación Polaca. El hecho de que un millar de jóvenes polacos se hayan presentado a las últimas oposiciones del Servicio de Policía de Irlanda del Norte, que busca la paridad entre agentes de los dos credos, ha provocado desconfianza en sectores protestantes. Pero por difícil que se presente, el Ulster está dando pasos hacia la convivencia, incluso en sus aspectos más controvertidos. Alan McBride dirige Wave, un grupo que aglutina a víctimas de atentados de ambos bandos. Cuando se sientan juntos familiares de víctimas del IRA y de los grupos lealistas, la comprensión mutua hace que se superen muchas barreras dice McBride, cuya mujer murió en un ataque del IRA. El centro de Wave está cerca del barrio de Ardoyne. Por la Ardoyne Road han pasado cada año las marchas orangistas, las procesiones unionistas que en julio recuerdan la victoria de 1690 en suelo norirlandés de Guillermo de AP Brotes de intolerancia En esta ciudad de odios profundamente arraigados crece la animadversión hacia los inmigrantes, en especial contra los católicos polacos, muy mal vistos por los protestantes Orange sobre el católico Jaime II en la disputa del trono inglés. El Gobierno británico trata de desactivar el carácter desafiante de esos desfiles. Todavía estamos al comienzo, pero mientras antes todos los comercios cerraban por miedo a altercados, ahora van abriendo por la oportunidad de aprovechar el carácter festivo y turístico que pueden adquirir las marchas si quedan como mero elemento tradicional y no reivindicativo comenta esperanzada Fiona Ure, de Turismo de Belfast. También en turística se ha convertido la ruta que recorre los murales que glorifican la lucha armada de republicanos y lealistas. Ardoyne está lleno de murales sobre momentos míticos de la historia irlandesa, pero algunos taxistas protestantes todavía se lo piensan antes de circular por sus calles católicas, por las que la Policía ha comenzado a pasear con reticencia. No obstante, la prevención del párroco Troy se muestra excesiva, quizás demasiado constreñido por la propia experiencia en los conflictos: el taxista que acude a la parroquia de la Santa Cruz no pone reparos para hacer una carrera hasta la sede del DUP, el partido del reverendo Ian Paisley, y es que las cosas han comenzado a cambiar.