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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE La violencia terrorista ha transformado una opción discutible en un chantaje inaceptable ABC NAVARRA ES NAVARRA ¿Por qué Navarra ha sido inconfundible dentro de España? Descartemos argumentos providencialistas. En libertad, los navarros han optado siempre por no confundirse con otros cabamos de celebrar 25 años del Amejoramiento del Fuero. Después de un tenso debate, Navarra mantuvo su identidad en la nueva España autonómica. Su encaje en la Constitución de 1978 ha terminado por satisfacer a la inmensa mayoría, y un balance desapasionado demuestra los beneficios en cuanto a libertades y desarrollo. La alternativa hubiera sido la integración en el nuevo País Vasco que nació como comunidad política precisamente en aquellos años. Desde entonces, el irredentismo nacionalista lo ha replanteado y los navarros han dicho mayoritariamente y siempre que no. No necesitan muchas explicaciones para seguir eligiendo, porque conocen su historia y pueden sopesar ventajas y amenazas. Pero la repercusión española de la pregunta, y de su respuesta, es hoy mayor que nunca, y muchos quieren saber sobre Navarra y su historia. Esto obliga a sintetizar demasiados siglos. Si algo la caracteriza es que su identidad, adaptada a los tiempos, se ha mantenido sin solución de continuidad desde la A Alfredo Floristán Profesor de Historia Moderna en la Universidad de Alcalá de Henares Alta Edad Media hasta ahora. En este sentido, es una comunidad esencialmente histórica, y no principalmente lingüística, o simplemente nacionalista como otras. Navarra siempre ha sido relativamente pequeña y rodeada de entidades históricas grandes y expansivas. ¿Por qué no ha acabado por disolverse en Aragón, o en Francia, o en Castilla? Cualquiera de estas opciones tuvo su momento, pero todas se frustraron. El primer reino, llamado de Pamplona surgió en el siglo X. Era uno de los reductos de resistencia cristiana del norte, que maduró por si mismo. El reino de Sancho el Mayor (s. XI) desde luego, nunca fue la Euskalherría que no ha existido sino como ensoñación retrospectiva de los nacionalistas. Lo que estructuraba a aquellos clanes y familias no era la raza o la lengua, que no consideraban importantes, sino la fe y el derecho. Fue un reino cristiano que, como los demás, reivindicaba la herencia visigoda y la Hispania romana. Por eso su fusión con los reinos hispánicos vecinos fue una posibilidad natural. Las relaciones de alianza y hostili- dad fueron estrechas con Aragón y Castilla, que siempre aspiraron a incorporarlo por las armas, el matrimonio o el reparto. Al final, Castilla y León se unieron, lo mismo que Cataluña y Aragón, pero no Navarra. En el siglo XIII se bloqueó su crecimiento natural hacia el sur, e incluso Guipúzcoa y Álava se hicieron Castilla. A cambio, adquirió un perfil más pirenaico, incorporando dominios en Ultrapuertos, y reforzó su vinculación francesa. De hecho, ciñeron su corona los condes de Champaña, los reyes de Francia (1274- 1328) y los Evreux, Foix y Albret hasta 1512. ¿Pudo cuajar un estado independiente, a caballo del Pirineo occidental, sobre la unión de Navarra y Béarn- Foix- Albret? Probablemente sí, pero en otras circunstancias. La formación de la Monarquía de España y el crecimiento de la de Francia, rivales entre sí, forzó su reparto. Sólo unas pocas familias de la elite banderiza participaron a favor o en contra de la invasión por Fernando el Católico (1512) La subsiguiente guerra no enfrentó a patriotas y traidores porque no se discutía una alternativa nacional sino señorial. Al contrario, el desbloqueo del monopolio interior de agramonteses y beamonteses amplió los horizontes. Muchos salieron a las universidades castellanas y combatieron en los ejércitos de los Habsburgo, labrando su fortuna. Aunque conquistados, mantuvieron y reconstruyeron su identidad como reino particular en una Monarquía plural de un modo que resultó satisfactorio para ambas partes. La colaboración militar en la frontera y la fidelidad en las coyunturas decisivas- -rebelión de Cataluña (1640) Guerra de Sucesión (1705) -les granjearon una posición singular. En el XVIII, abolidos los de la Corona de Aragón, se planteó la actualización de sus fueros. Negociación y presión mutua hubieran fructificado, como siempre, de no producirse la crisis general de la Monarquía. El nuevo régimen alteró los términos del debate y dividió a los navarros, como a los españoles, en carlistas y liberales. Se impusieron estos y en 1841 transformaron el antiguo reino en una provincia de régimen administrativo y fiscal peculiar. Navarra ya había colaborado con Álava, Guipúzcoa y Vizcaya en la defensa de intereses materiales comunes, pero esto se complicó con el surgimiento del nacionalismo vasco. Desde entonces, el sentimiento y la defensa de opciones conservadoras intensificaron la colaboración hasta el punto de que estuvo a punto de cuajar un estatuto de autonomía conjunto para todas ellas en la Segunda República en 1931. Pero también suscitó vivos recelos y los inconvenientes resultaron disuasorios, entonces lo mismo que en 1978. ¿Por qué Navarra ha sido inconfundible dentro de España? Descartemos argumentaciones providencialistas y esencialistas. Dentro del ámbito de la libertad- -que en la historia se ha ejercido socialmente de formas diversas- -los navarros que han podido elegir, y dentro de lo posible, siempre han optado por no confundirse con otros. Simplemente, esto ha ocurrido así. Al menos hasta hoy. Pero el futuro implica seguir eligiendo, para lo que importa mucho un debate verdadero y la mayor libertad posible. Durante siglos los aragoneses se sintieron tan frustrados por la separación de Navarra como los nacionalistas vascos hoy, y terminaron por serenarse. Pero no es sólo cuestión de sentimientos, tan manipulables, sino de bien común y de libertad. La violencia de los terroristas ha pervertido una reivindicación legítima y ha transformando, para muchos, una opción discutible en un chantaje inaceptable.