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11 3 07 11- M TRES AÑOS DESPUÉS ESCENARIOS En los trenes Hace tres años, el ángel exterminador del terrorismo señaló las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia. La vida sigue su camino, pero hay días que los trenes, como los corazones, caminan renqueantes POR MANUEL DE LA FUENTE FOTOS. IGNACIO GIL Con la tristeza (y la esperanza) a cuestas eis y media de la mañana en todos los relojes de la madrugada, en todos los relojes del barrio. El café solo y muy cargado, apurado de un trago, mientras la radio escupe sus crónicas de espanto desde cualquier esquina del planeta. En esta mañana, en una mañana de marzo como aquélla, una ducha rápida, Mari despierta a los niños, en esta mañana, una mañana como aquélla, hoy hace tres años, y que voy a llegar tarde, tan tarde como siempre. ¿Mari, has vestido a los niños? ¿Te acuer- S das que esta tarde tenemos reunión de la APA? Esta mañana, una mañana como aquélla, estos tres años que pesan en el alma como tres siglos de desconsuelo. Aquí está mi calle, aquí está mi barrio, aquí está el colegio de los peques, Ciudad de Valencia que le llaman, y el bar de los domingos, aquí está mi barrio, una mañana como aquélla, y llego a la estación, a la estación de mi barrio, Santa Eugenia, y quién puede llamarle estación a lo que es tan sólo un apeadero, y mira qué mal me mira siempre este rumano, sí, dos minutos de espera en el lumi- noso, dos minutos que siempre son cuatro o cinco, tren con destino Chamartín, con parada en las estaciones de Vallecas, El Pozo, Entrevías, Atocha, como aquella misma mañana, aquella mañana de marzo, Vallecas, El Pozo, Entrevías, Atocha, mis veinte minutos de terror de cada día, mi ración de terror de cada día. A través de las ventanillas miro el skyline de mi vida cotidiana, la línea del cielo de mi vida que no es el skyline de torres de diseño y de ciudades financieras, no, mi skykline de grafittis, de hormigón, contenedores y cristales rotos, aquí en mi barrio, aquí en Santa Eugenia, en una mañana como aquélla, los chavales y sus mochilas cargadas de raúles y ronaldinhos, camino del colegio, los adolescentes y sus sueños de bisbales pegados en las carpetas, mi barrio, este barrio, tres años después rebuscando en sus recuerdos un poco, un poquito de esperanza, tres años después, en Santa Eugenia, haciéndole un hueco en la memoria a aquellos veintipico ángeles que se fueron. Y ahora, camino de El Pozo, con la esperanza a cuestas en un tren de cercanías, hay que seguir, como todos los días desde aquel Hay que seguir, aunque en el tren pensemos que nos pueden robar la vida en un segundo, que nos pueden robar los sueños, lo que fuimos, lo que habríamos sido en un segundo El Pozo, camino de Atocha, con la normalidad relativa que sucede a una sacudida como la de hace tres años