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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Lugar siniestro este mundo on el título de Lugar siniestro este mundo, caballeros la editorial Calambur, del jerezano Emilio Torné, ha editado recientemente en un volumen todos los relatos del Premio Nacional de las Letras Félix Grande. Según el crítico Santos Domínguez Ramos, el título, una cita de Gogol más que explícita, se actualiza cada mañana, cada tarde, se recarga penosamente de sentido en cada país del mundo, este lugar siniestro del que nos rescatan heroicamente amigos como él cuando nos miran a los ojos La cargazón de pena a la que alude el señor Domínguez Ramos se hace patente aún más en un día como hoy, 11 de marzo, tercer y terrible aniversario del más monstruoso atentado que ha sufrido España y Europa en toda su historia. Volviendo al libro, lo cierto es que la dureza y la ternura se entreveran en él como en el mundo mismo, evidenciando los claroscuros de la naturaleza humana que tanto interesan al postkafkiano utilizando las palabras del poeta Carlos Edmundo de Ory sobre su amigo, Félix Grande. En sus propias palabras, y en su literatura, asegura en el libro el escritor extremeño: Pasan los siglos como mansos bueyes, los acontecimientos como caballos con la crin dura por la velocidad. Pasan las canas en una multiplicación sistemática y clandestina. Pasa mi padre hacia donde le aguarda el suyo. Pasan todos cuantos conozco, todos aquellos que amo. Pasa la especie, donde habito. Pasa todo en silencio. Somos los lentos forajidos que inventamos los mitos, las religiones y la historia, el lenguaje y las drogas y el amor, únicamente porque sabemos que vamos a C morir. Ahora sé que un abrazo lleva al fondo un pequeño violín de espanto, una matriz de desconcierto. Y en la alta noche, a unos pasos de los antiguos y a unos pasos de nuestros futuros arquéologos, nos sentamos sobre las mantas, ateridos de perplejidad y de emoción La perplejidad de la que habla el autor, conocedor de las miserias y las grandezas del hombre, no es, en ningún caso, una verdad a medias, ni siquiera amable o edulcorada, sino estremecedora, preñada de dolor y oscuridad, de miserias y vida, pero sin dejar que la desesperanza ocupe el espacio de lo humano, en el que también habita la grandeza, la capacidad de elevarse sobre lo más siniestro y, quizá por eso, también asegura: Algo gigante y cósmico nos acaricia un poco nuestra cabeza ebria antes de que tengamos tiempo de llegar, como locos, al interruptor de la luz... Rilke nos dijo: He hecho algo contra el miedo: he permanecido sentado durante toda la noche, y he escrito Ory se preguntaba: ¿Qué hago toda la noche sentado junto a mí? Toda la noche he estado sentado junto a mí, notando, absorto, cómo este libro, amoroso y desesperado, se escribía para tocaros en los ojos Los relatos del maestro de Tomelloso, que no sólo no han perdido vigencia, como sucede tristemente a otros autores contemporáneos en su prosa, sino que parecen rejuvenecidos después de cerca de treinta años de haber sido escritos, prueba irrefutable de calidad y pervivencia de la obra de un escritor, nos llegan a los ojos, sí, pero es el corazón el que nos toca y nos hiere. Esa es quizá la función última y más importante de la literatura: la de tocarnos el corazón, la de movernos por dentro- -traslación castellana del movere latino que aparecía en las preceptivas clásicas- -como asidero a la locura del ser humano, a su feracidad incomprensible y homicida, porque sólo a través del reverso luminoso de la humanidad podremos contrarrestar todo el mal con bien. Gracias, Felix Grande, por recordarnos que somos capaces de ser mejores y emocionarnos; de cambiar las cosas, con tu talento, en un día difícil de llevar, abonado al desaliento, en el que parece, más que nunca, que es un Lugar siniestro este mundo, caballeros No olvidar a los que dejaron de estar con nosotros, desde la literatura, la pintura o la música, siempre desde el respeto más absoluto, es nuestra obligación. Hoy, más que nunca, no os olvidamos. JESÚS GARCÍA Economía Tiempos turbulentos os atentados terroristas sacuden las bolsas que se cimbrean y caen con estrépito, pero en poco tiempo recomponen la figura. El terrorismo no puede con el corazón que bombea las economías en el mundo, por mucho que provoque paradas respiratorias. Las bolsas han superado los ataques en Nueva York, Londres, Madrid, Singapur, aunque el miedo es libre y en esos días el pánico salta de las calles a las carteras de inversión. El dinero es cobarde y reacciona irracionalmente a la incertidumbre, pero su capacidad de recuperación es altanera, obscena, insultante. Estos días hemos recordado la mayor caída del Ibex desde marzo de 2004 y un vistazo a las jornadas de la masacre de Madrid nos catapulta a un índice en torno a los 8.100 puntos. Casi hemos doblado. El terrorismo causa una honda herida bursátil pero el día a día cierra cualquier hemorragia. Desde el 11- S en Nueva York cuando el templo de las finanzas neoyorquinas, Wall Street, estuvo cerrado cinco días, el terrorismo está presente en el portafolio de los inversores como un elemento aleatorio, que puede aparecer en cualquier momento, pero su capacidad de golpear al dinero es limitada. La globalización de los mercados los hace más vulnerables a los sustos en cadena, pero se levantan como cañas tras el paso de un tornado. El Ibex valía el 11 de marzo 291.000 millones de euros, ahora está en 519.000 millones. Aún así los mercados viven tiempos turbulentos. Esta semana se ha superado un ciclo crítico en el que la bolsa se ha comido todas las ganancias del año. Algunos expertos creen que estamos ante el rebote del gato muerto, pero otros insisten en que las empresas gozan de buena salud L y las economías crecen a ritmos sostenidos como ha recordado el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, los nuevos instrumentos de inversión en derivados, los actores golfos del mercado, los hedge funds, que mueven un patrimonio de 1,45 billones de dólares en el mundo, socavan la confianza cada nueva oportunidad. La semana pasada hubo varias. El jubilado Alan Greenspan asustó al avisar que veía síntomas de recesión a la vuelta de la esquina de 2007 mientras que los analistas pensaban en 2008 como el año de la desaceleración. Además las bolsas chinas sufrieron un batacazo ante la expectativa de cambios normativos para la inversión extranjera que huyó en tromba y a eso se sumó un ejército de especuladores que practica el deporte del carry trade: la toma de deuda japonesa a tipos de interés semi nulos y la compra en activos europeos o americanos a intereses de hasta el 5 La diferencia es ganancia, aunque cuando todos juegan a la ruleta y cambia, por ejemplo, el yen que pierde su debilidad por momentos se produce un abandono a uña de ñu que hace caer los mercados como fichas de dominó. George Soros, el especulador que echó a la libra del Sistema Monetario Europeo a principios de los 90 como paso previo a las devaluaciones masivas tras el no danés a Maastricht, lo ha explicado en una entrevista en Financial Times esta semana. La irracionalidad se apodera entonces de los mercados y los inversores actúan como lemmings que tras copular hasta la extenuación para salvar la especie se suicidan en masa en el océano. Pura irracionalidad versada por Warren Buffet. En esta ocasión el susto ha sido limitado, aunque hace pocos meses hubo otro aviso en mercados de materias primas que, por ejemplo, trajo el pinchazo del fondo Amaranth, con 6.000 millones de dólares de pérdida. En España los descensos han puesto los pelos de punta a las constructoras con enormes apalancamientos para comprar participaciones energéticas en algunos casos avalados con acciones, que han sufrido batacazos. Los atentados se han superado con soltura aunque queda un regusto del miedo en la garganta de los especuladores ahora atareados intentando sacarle jugo a los desequilibrios de las economías y a las imperfecciones de las bolsas dibujando tiempos difíciles con los gobernadores de los bancos centrales apretando el trasero en sus sillones sabedores de que una crisis bursátil sería el preludio de una recesión mundial. Crucemos los dedos y ojalá el simpático Greenspan esté equivocado.