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11 3 07 11- M TRES AÑOS DESPUÉS OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política Un paso por detrás o dijo un inspector de la UCIE durante el juicio: Siempre fuimos un paso por detrás de ellos Un paso por detrás de los terroristas. Un paso. La distancia que separa la eficacia de la tragedia. El juicio de la Casa de Campo está plagado de incógnitas, pero también de certezas: aquella Policía no estaba a la altura. Es cierto que no debe fiarse uno de los confidentes, no se puede dar siempre por buena la información de quien cobra por informar, un chivato que las más de las veces exagera sus datos para conseguir mejor pago. Pero a medida que transcurren los días queda en la boca el gusto amargo de que se contaba con datos suficientes para evitar la catástrofe. Siempre queda la justificación de que la Policía estaba más pendiente de ETA que del terrorismo islamista, eran tiempos de plomo, de atentados que nos conmocionaban con su goteo incesante, eran tiempos de bombas lapa y tiros en la nuca, de funerales y llanto. Se comprende que no se pusiera más atención a los movimientos sospechosos de islamistas de turbio presente aunque no tuvieran ficha policial. Aún así, a pesar de que se intenta buscar una explicación a tanto error, nadie nos quita de la cabeza que no se trabajó suficientemente en el seguimiento a personajes que se movían en ambientes oscuros. Nos perdemos ante los numerosos implicados, las teorías, las contrateorías, los muchos nombres que desfilan por las páginas del sumario, los explosivos, titadyne sí titadyne no, TNT, DNT, las mochilas, las tarjetas telefónicas, los locutorios, los nombres y los apodos. No sabemos bien si el Chino se sienta tras el vidrio blindado o es uno de los que se suicidó L en Leganés, si el Tunecino pertenece a una célula de Tánger o es hermano de quien tomaba café en un bar de Tetuán sin que le detuviera la policía marroquí a pesar de lo buscaba la española. Todo es confusión, la mayoría de los mortales somos incapaces de seguir el día a día del juicio por más esfuerzos que hagamos. No en vano el sumario consta de casi cien mil páginas, que recogen declaraciones, distintas líneas de investi- El presidente del Tribunal que juzga los atentados del 11- M, Javier Gómez Bermúdez, durante el juicio EFE gación, aportaciones de personajes de apellidos impronunciables, y otras de confidentes que cambian su testimonio, cuando no de apellido, según les convenga. Uno de ellos lo reconoció cuando compareció ante el tribunal, que le hacía ver que existían contradicciones en sus declaraciones. Con cinismo absoluto, sin que se le moviera un músculo de la cara, le dijo al juez que sus declaraciones dependían de su estado de ánimo. Es decir, unas veces fantaseaba, otras cargaba de tintes dramáticos sus historias. Sin embargo, entre tantas dudas e inseguridades, hay- -insisto- -algunas certezas: no parece posible que el organizador o los organizadores del atentado se encuentre en esa cámara de vidrios blindados. Ninguno de los que han comparecido hasta ahora ante los jueces cuentan con suficiente formación, información y preparación para diseñar aquella monstruosidad, reclutar a quienes debían realizarla, comprar las mochilas, hacerse con los explosivos, manejar los móviles como temporizadores o diferenciar los distintos explosivos y sus métodos de utilización. Tampoco sale la famosa conspiración, a la que se ha dado tantas alas, aunque queda aún mucho camino por recorrer antes de que finalice el juicio. Y está la certeza de que el tribunal se toma su trabajo con un rigor que nos llena de confianza, con un presidente sin complejos para encauzar la vista como cree que debe encauzarla, que no admite maniobras de distracción ni marrullerías de quienes intentan provocar aún mayor confusión. Porque la tenemos, así que más vale que dejemos a la Justicia que trabaje en paz. Nos va mucho en ello.