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11 3 07 11- M TRES AÑOS DESPUÉS LA CONTROVERSIA BIBLIOGRAFÍA Libros para vencer a la Yihad El estudio del islamismo radical ha generado una abundante bibliografía que intenta rastrear origen y futuro del islamismo radical y encontrar la defensa más eficaz frente a la guerra declarada por los fundamentalistas. Después de todo, la principal fortaleza de Occidente frente a las amenazas a las que hizo frente ha sido su pasión por los libros y su inagotable sed de saber POR ALBERTO SOTILLO dward Said diría que los prejuicios occidentales contra el Islam alcanzaron una de sus principales cotas cuando el lector europeo se dejó cautivar por los fantásticos viajes de Marco y sus relatos del Viejo de la Montaña y la secta de los asesinos. Contaba el viajero veneciano que el Viejo encerraba a jóvenes aldeanos tras las altas almenas de Alamut, donde vivían una existencia feliz en un jardín edénico, permanentemente colocados en una nube de hachish, y rodeados de las más bellas muchachas. Cuando quería utilizar a aquellos felices rehenes, les arrancaba del jardín y les decía: ¿Queréis volver al paraíso? Pues tenéis que matar a tal o cual persona... Y los assassini corrían a cumplir su deseo. Fantasías, sí, pero con una base real. Porque tal vez no sea casual que uno de los primeros trabajos que hicieron famoso a Bernard Lewis fuese Los asesinos. Una secta islámica radical (Ed. Alba) en el que aborda con rigor académico la historia de la secta de los hashishim o assassini y de Hassan i Sabah, el carismático señor de Alamut que cultivó a placer el asesinato político. La misma historia es tratada con amenidad por Edward Burman en Los Asesinos. La secta de los guerreros santos del Islam (Ed. Martínez Roca) que aborda el mundo de las minoritarias herejías en el que se forjó el prototerrorismo islamista en una atmósfera hermética y esotérica. En rigor, Bin Laden no es el Viejo de la Montaña; ni Al Qaida la secta de los hashishim por fuerte que sea la tentación de compararlos. Pero sí es interesante estudiar cómo en el Islam el atentado político nació en un gueto religioso en el que se formaba a los asesinos como a iniciados en un saber hermético, miembros de una secta secreta y devotos (fedayin) de un líder a quien obedecían ciegamente. Aunque los trabajos que de verdad crearon polémica y dieron fama a Bernard Lewis son, entre otros, Crisis of Islam. Holy war E and unholy terror (Ed. Random House) y ¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la responsabilidad de Oriente Próximo (Ed. Siglo XXI) Estudioso de la decadencia del imperio otomano y de las causas del atraso económico y social de buena parte del mundo musulmán, pionero en la investigación del islamismo radical, Lewis suscita pasiones y, a menudo, una furiosa animadversión entre los musulmanes por la intensidad con que subraya que su pérdida del tren de la modernidad no ha sido responsabilidad de Occidente, sino del aislamiento y de la arrogancia intelectual en que ha vivido el Islam en los últimos siglos. A Lewis no le convencen en absoluto las tesis tercermundistas que tanto han alimentado el masoquismo occidental. E insiste en que el extremismo ha tenido una de sus principales fuentes en el resentimiento sembrado por quienes achacan todos los males del Islam a la entrada de Occidente en su mundo. Lewis ha sido proclamado por los neocon de Bush como su arabista de bandera. Puede que incluso él haya coqueteado con algún que otro neocon. Pero lo cierto es que sus investigaciones se inscriben más bien en la más clásica corriente liberal. Asegurar que la culpa histórica no es de Occidente tampoco equivale a dar carta blanca a cualquier acción futura de una potencia occidental. El eterno contradictor de Lewis ha sido Edward Said, con quien mantuvo una de esas polémicas prolongadas a lo largo de toda una biografía. Y el clásico de Said es Orientalismo (Ed. Debate) que, aunque no aborda directamente la yihad islamista, debe ser citado aquí como complemento imprescindible de la visión de Lewis. Curiosamente, el reproche de Said es el mismo de Lewis: la autoafirmación, el sentimien- Pasión neocon Bernard Lewis fue el primero en acuñar la fórmula Choque de civilizaciones que después haría fortuna en la obra de Samuel Huntington que tanto sigue dando que hablar to de superioridad cultural, el desprecio y el temor de lo ajeno, la incapacidad para aprender de otra civilización. Sólo que uno lanza su diatriba contra el Islam y otro contra Occidente. Said podría ser etiquetado de tercermundista pero no sería justo despacharlo de un plumazo. No era un indocumentado, sino un profesor de literatura comparada que combinaba la carga pasional con una sólida formación académica. El seguidor más polémico de Said es John Esposito, cuya obra Islamic threat, myth or reality? (Oxford University Press) enfatiza que Occidente se deja guiar por ancestrales prejuicios cuando contempla el Islam como una civilización monolítica. Esposito es también de los que levantan pasiones, muy a menudo en contra, aunque en su caso éstas vienen sobre todo de los sectores más conservadores. Contra Esposito se levanta la voz de David Cook quien en Understanding Jihad (University of California Press) aborda la controversia de si la yihad es un concepto espiritual o un llamamiento a la guerra de civilizaciones. Cook, que es de los que creen que Esposito no es más que un ingenuo (en el mejor de los casos) se inclina más bien por considerar que la yihad idealiza la guerra y le da una dimensión espiritual que la hace tanto más peligrosa al servir de metafísica justificación de la violencia. El profesor Lewis fue también el primero en acuñar la fórmula Choque de civilizaciones que después haría fortuna en la obra homónima de Samuel Huntington (Ed. Paidós) Un ensayo que, más allá de su contenido, ha creado una nueva categoría en la evaluación de las relaciones internacionales. Se puede o no estar de acuerdo con su teoría de que tras la guerra fría las líneas de enfrentamiento ya no son económicas o ideológicas, sino civilizatorias. O con su apotegma de que las fronteras que dividen a las civilizaciones pueden convertirse en los frentes de batalla del futuro. Lo cierto es que la controversia probablemente nos acompañará a lo largo de todo el siglo XXI. Parece claro que los islamistas radicales