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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE mo tantas otras víctimas el sangriento jueves 11 de marzo de 2004, pide la voz y la palabra; ella que nunca fue de ningún partido ni de asociación alguna hasta que en octubre vio cómo los llamados Peones negros -salidos de la nada y que nada tienen que ver con las víctimas- usaban la cara de su niña. Entonces la ira le arrancó del silencio de la pena. Y con esa fuerza hoy quiere decir: Que las víctimas no estamos para hacer política ni que se nos manipule políticamente. Que se nos debe resarcimiento en lo posible, justicia y respeto. Que cesen los juicios paralelos y se respete el poder judicial en este difícil trance del juicio, y que cese el espectáculo bochornoso de los peones negros que cada 11- M despliegan su venenosa oratoria y el intolerable uso de nuestros seres amados amparándose en el anonimato e incurriendo en un grave delito Porque nosotros- -declara- -también queremos saber la verdad, pero la que emana del poder judicial y no de ninguna teoría conspirativa que no aporta pruebas. Y entre esas verdades esperamos saber cómo influyó la participación de España en la guerra de Irak, hasta qué punto fue decisivo que el ex ministro Ángel Acebes no tuviera en cuenta las informaciones que los servicios de inteligencia del Estado recababan sobre la preparación de un atentado integrista, y por qué se intentó ocultar a pocas horas de las elecciones la autoría islamista a la que apuntaban los indicios. Y ya puestos, me gustaría que Acebes se disculpara por llamarnos miserables a los que pensamos que no había sido ETA- -dijo: Es un miserable el que no piense que no ha sido ETA Y además quiero denunciar la marginación a la que se ha sometido a la Asociación de Afectados del 11- M, con más de 1.200 afiliados entre familiares de fallecidos y heridos, y a la que por segunda vez consecutiva se le han negado las ayudas a los damnificados que canaliza la Comunidad de Madrid, que preside Esperanza Aguirre, dinero que sale del bolsillo de todos los ciudadanos. Hoy la situación de asfixia es tal, que la asociación se plantea dejar Madrid, donde fueron asesinados nuestros familiares. Pero yo me siento más fuerte que nunca, como Don Quijote contra los molinos, y lo voy a hacer por mi hija. Y por último, exijo respeto y pido cordura Y mientras la madre suelta el verbo mira la foto de Angélica que preside el salón de la casa. El recuerdo de tu sonrisa- -escribió el hermano en el el altar espontáneo junto a las vías- -será nuestra primavera Saben que sólo con el combustible destilado por este gran amor podrán conquistar la paz. María José, viuda del subteniente González Gago, quiere para ella y sus hijos una vida sin el estigma de la víctima La fuerza de las emociones Lo más profundo que hay en el hombre es la piel (Paul Valéry) Saberlo todo ra septiembre. A la una de la tarde, la lluvia había cesado y los primeros rayos de sol del otoño incipiente se colaban con fuerza por entre las nubes que aún quedaban. Ella no sabe si fue esa la razón del calor que sintió al tocar el cristal o sólo una impresión, pero cuando María José Salazar, viuda del subteniente del Ejército del Aire Félix González Gago, pasó sus dedos por una de las 15.000 piezas de vidrio que forman el Monumento a las Víctimas del 11- M le pareció tocar piel. Piel como la de la mano de su marido, que cogía a esa misma hora y ese mismo día, 16 años atrás, en que se estaban casando. Militar condecorado con más de 30 años de servicio, padre ejemplar y esposo amante. A María José, periodista y escritora de cuentos, le gusta imaginarlo transitando los Andes chilenos, aquel país en donde vivieron felices por el destino de Félix como auxiliar del agregado de Defensa de la embajada, y en donde nacieron sus dos hijos, Marcos, que hoy tiene trece años, y Mariano, de once. Y soñar a Félix con ellos, en el Lago Esmeralda, adonde habrían vuelto una y mil veces en carne y hueso, y siempre con el pensamiento, si a las 7: 39 del 11 de marzo de 2004 el convoy de Renfe en que viajaba el compañero y padre no hubiera estallado a la altura de la calle de Téllez y el terror no hubiera pulverizado su vida de 51 años. Desde que lo supo, algo vital se rompió en la viuda. Me dejó intelectualmente mutilada y creativamente estéril. Hasta ese momento, la creatividad había sido el combustible que me mantenía alegre, con ganas de compartir emociones con mis hijos, con mi marido y con mis amigos, porque esta cualidad en E mí iba unida a los afectos. Y cuando vi un fotomontaje del monumento algo en mi interior se removió y sentí que quería saber más y conocer a los autores. Les busqué. Vi un DVD y me encantó, reaccioné y aquella noche ya sentí que tenía que expresar lo que me estaba pasando y en varias ocasiones me levanté para anotar cosas, igual que hacía antes. Ellos, los arquitectos del estudio Fam- -Esaú Acosta, Raquel Buj, Pedro Colón de Carvajal, Mauro Gil- Fournier y Miguel Jaenicke- me habían despertado las emociones y me habían revivido la creatividad que quedó aplastada como por una apisonadora. Ellos me devolvieron la fuerza María José escribió en el duermevela: La obra es un espejo que refleja las emociones Luego, ya en el estudio, pudo acariciar una pieza, pasar mis dedos por lo que me pareció una huella dactilar gigante y estremecedora. Ya se intuia la emocionante obra de arte que entonces estaba fragmentada. Era mágico. Habían concebido una especie de iceberg limpio y claro, azul intenso como las aguas antárticas más profundas, capaz de sacarte de este mundo racional en el que vivimos con tanta miseria y crispación. Sentí que era un monumento a las víctimas pero también a la solidaridad emocional que significa ponerse en el lugar del que está sufriendo. Lo que tenía ante mí era la luz Exactamente el contrapunto a la negrura de los hierros retorcidos y al tono parduzco de las mantas que cubrieron a sus muertos, al brutal luto infantil ante el féretro de un padre. Porque aquel perverso 11- M el hijo pequeño del subteniente cumplía 9 años. Y Janine Croussé, una francesa que había visto por la tele el cuerpecito del niño junto al ataúd del militar durante el velatorio en que se tornó el feliz aniversario, quiso regalarle sus emociones. A mi querido niño a mi pobre amor le escribía en francés, cómo le había recordado su imagen a la de ella misma hacía sesenta años, cuando también recién cumplidos los nueve, vio el cuerpo ametralla- Huellas de cristal Salazar: No quiero sentir más la pena y el miedo de escuchar a las personas buenas de una y otra asociación de víctimas lo malas que eran las buenas personas de la otra do de su padre, un 30 de junio del 44, cuando fue atacado mientras conducía su locomotora. Llora todo lo que necesites y sé feliz. Estudia mucho- -le aconsejaba a Mariano- -y juega con tus amigos. Tu papaíto siempre estará contigo Estas letras del recuerdo emocionado se enviaron a través de la Cruz Roja Internacional y no llegaron a manos de María José y sus hijos hasta estas Navidades. Se la leí traducida al español y luego en francés, porque me gustaba mucho como sonaba, y Mariano se conmovió. Era la primera vez. Había pasado el tiempo y el niño no superaba el duelo. Esa noche, mientras yo estaba ante el ordenador, el niño vino corriendo y me dijo quiero a papá Mariano conocerá pronto a madame Croussé. Su madre se lo ha prometido. Una mujer fuerte y profundamente libre que dice que el ser víctima no es una elección pero tampoco puedo dejar de serlo. Soy una ciudadana que no quiere dejar de vivir como antes, si exceptuamos la parte personal que es mi duelo, mi dolor, que queda para mi círculo familiar y de amigos, y mi propia intimidad. Pero en mi relación social y en mi trabajo quiero seguir siendo una mujer que quiere superarse, llevar a cabo proyectos y no alguien al que hay que considerar de forma especial porque le ha pasado algo terrible e inspira pena. Sólo quiero ser una persona capaz de sacar a mis hijos adelante emocional y económicamente de la mejor manera posible y alguien al que, como a todos, le pasan cosas buenas y malas. Y no quiero llevar ningún estigma. No pertenezco a ninguna asociación y sólo estaría con ellos si se unieran. Porque tampoco quiero sentir más la pena y el miedo de escuchar a las personas buenas de una y otra asociación decir lo malas que eran las buenas personas de la otra Por eso María José ya sólo quiere sentir en su piel la luz del monumento, la claridad infinita como la que irradian su ojos de cielo o el brillo esmeralda de los ojos de sus niños. Viven para sentir la esperanza y luchan para que la emoción no vuelva a abandonarles nunca.