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11 3 07 11- M TRES AÑOS DESPUÉS VÍCTIMAS Y HÉROES Florentina y su razón gatuna para vivir, Pelito en la cama de Angélica, frente a la ventana por donde la estudiante veía las montañas. Por ella, la madre luchará hasta el fin La vida de otros La lucha de la madre huérfana Tras el golpe, víctimas y héroes viven vidas que nunca imaginaron y a las que la paz no llega. Ya mortificados, la saña de tanta miseria vuelve una y otra vez contra ellos POR VIRGINIA RÓDENAS FOTOS: IGNACIO GIL La única paz que existe se conquista una y otra vez con luchas incesantes y hay que reconquistarla día a día (Hermann Hesse) esde la ventana de la habitación de Angélica, flanqueada por tres guitarras, se ven, muy lejos, las montañas. ¡Cuánto le gustaba mirarlas! Y abajo, muy abajo, un laberinto de calles estrechas por donde el 10 de marzo de 2004- -fecha en la que se quedó anclado para siempre el calendario que cuelga de la pared- -buscó hasta el último rincón a la gata recién parida. Se fue con esa pena, una pena inútil: cuando Florentina García, la madre huérfana, volvió a casa la noche del 11, después de haber dejado para incinerar los restos de la hija de 19 años asesinada, escuchó en el contestador un mensaje para la niña muerta. Angélica, no estés triste, D que hemos salvado a los gatitos También ese día nació Pelito un felino de pelaje espléndido y azabache al que dejó puesto el nombre y que fue la razón gatuna de Flor para vivir. Y ese día la gata Truchi que la acompañó toda su vida, lloró por Angélica cuatro lágrimas. Hasta el 11 de marzo, Florentina fue feliz. Lo tenía todo Sobre todo esos abrazos inesperados y apretados de Angélica cuando la agarraba tan fuerte y le susurraba Musmus Y eso que en la vida de Flor el dolor no era ningún extraño. Su padre, miembro de la Armada, vivió años en la Comandancia de Marina de San Sebastián, a la que Angélica, junto a sus padres y hermano, iba a visitarle durante el verano. Le quitaron tres bombas de los bajos del coche, otro artefacto voló la primera y segunda planta de la casa de viviendas militares en donde habitaba y tres días después de que naciera mi hijo, el 23 de noviembre del 85, unos pistoleros dispararon contra su furgoneta provocando la muerte de tres personas, la amputación de ambas piernas a un médico, y el internamiento en un psiquiátrico de un sargento. A mi padre le salvó el viaje a Madrid para conocer a su nieto. Un tiempo después, a un teniente amigo íntimo de la familia le pegaron un tiro en la cabeza cuando, de noche, bajó a tirar la basura. Yo sé lo que es no poder ir a por el periódico sin que te miren mal, ir a comprar y que no te hablen. Sé en mis propias carnes cómo escuece la muerte incomprensible de un amigo. Y hoy, porque he decidido ser libre, porque sé que el que mató a mi hija no es la ETA chula y asesina que el 11- M corrió a decir que no había sido cuando siempre se ha vanagloriado de sus bestiales proezas porque no quiero que nadie utilice la memoria de mi hija, las familias de gente a la que tanto lloramos y por los que salimos a las calles, se atreven a marginarnos y a decir cosas horrorosas. Por eso comprendo por lo que está pasando su periódico, las consecuencias dolorosas que implica ser libre. Pero sé que al final habrá una recompensa. La mía: el infinito amor por mi hija Por eso hoy Florentina García Zapata, que se salió del mundo co-